LA SILLA VACÍA DE MARU: ¿DESAIRE, PRUDENCIA O MIEDO A LOS APLAUSOS?
Por | EGO Chihuahua
Hay ausencias que pasan desapercibidas.
Y hay ausencias que hacen ruido.
La de Maru Campos en Palacio Nacional, durante el Segundo Informe de la presidenta Claudia Sheinbaum, pertenece a la segunda categoría.
La gobernadora de Chihuahua salió a explicar que decidió no asistir porque su presencia, según sus propias palabras, “iba a resultar incómoda”.
Pero aquí comienza la verdadera historia.
Porque la pregunta que queda flotando en el aire es sencilla:
¿Maru esperaba que la recibieran como invitada especial después de convertirse en una de las voces más críticas del Gobierno Federal?
Difícilmente.
La gobernadora ha cuestionado públicamente decisiones, políticas y posiciones de la administración federal. Ha hablado de polarización, de ataques desde el poder y hasta de lo que considera una ofensiva política en su contra.
Entonces, ¿qué esperaba?
¿Una alfombra roja?
¿Un recibimiento especial?
¿Aplausos?
¿O acaso que Palacio Nacional olvidara, por unas horas, todas las diferencias políticas?
MARU DICE QUE NO FUE POR CONSIDERACIÓN
Campos asegura que no se sintió invitada por consideración y que, por prudencia, prefirió quedarse en Chihuahua.
Una explicación políticamente elegante.
Pero también políticamente conveniente.
Porque asistir significaba sentarse en el mismo escenario con una presidenta a la que ha cuestionado en diferentes ocasiones.
No asistir, en cambio, permite enviar un mensaje desde Chihuahua:
“No necesito estar ahí para representar a los chihuahuenses.”
Y ahí está el punto.
Maru Campos no es una ciudadana más.
Es la gobernadora de Chihuahua.
Y cuando se trata de actos institucionales de carácter nacional, la discusión deja de ser personal.
La silla que ocupa representa a un estado.
EL CHOQUE DE DOS PROYECTOS
El problema es que la política mexicana atraviesa uno de sus momentos más polarizados.
De un lado, el proyecto de la llamada Cuarta Transformación.
Del otro, una oposición que intenta mantener espacios de poder y cuestionar al Gobierno Federal.
Y en Chihuahua, Maru Campos ha elegido claramente su trinchera.
Por eso su ausencia no puede reducirse a un simple asunto de agenda.
Es un mensaje.
Un mensaje a Palacio Nacional.
Un mensaje a su partido.
Y también un mensaje a Chihuahua.
¿Y LAS ACUSACIONES?
La gobernadora habla de acusaciones y de una ofensiva emprendida en su contra.
Pero aquí también hay que poner las cartas sobre la mesa.
En la política mexicana, las acusaciones vuelan, las respuestas escasean y las pruebas terminan siendo las que deberían hablar.
Campos sostiene una versión.
Sus adversarios sostienen otra.
Y mientras tanto, el ciudadano observa una clase política que cada vez parece más interesada en demostrar quién tiene la razón que en demostrar quién está resolviendo los problemas.
Porque Chihuahua no vive de discursos.
Chihuahua vive diariamente entre inseguridad, problemas de infraestructura, servicios públicos, pobreza, falta de oportunidades y una interminable batalla política entre grupos.
Y AQUÍ ENTRA EL TEMA MÁS INCÓMODO
Mientras Maru habla de un gobierno que, desde su perspectiva, fomenta la polarización, sus adversarios la señalan como parte de una oposición que tampoco está dispuesta a bajar el tono.
Y mientras desde distintos sectores se lanzan acusaciones sobre presuntos vínculos entre política, crimen organizado y negocios ilícitos —incluidos los polémicos señalamientos sobre el llamado “huachicol”—, ninguna acusación debería convertirse automáticamente en sentencia.
En democracia, acusar no es probar.
Pero tampoco basta con negar.
Los ciudadanos tienen derecho a exigir respuestas.
LA SILLA VACÍA TAMBIÉN ES POLÍTICA
Quizá Maru tenga razón cuando dice que su presencia habría sido incómoda.
Pero entonces viene otra pregunta:
¿Desde cuándo la incomodidad es argumento suficiente para no acudir a un encuentro institucional?
Porque precisamente para eso sirve la política.
Para sentarse con quien piensa diferente.
Para discutir.
Para reclamar.
Para negociar.
Para defender a los ciudadanos.
No para esconderse detrás de una silla vacía.
La ausencia de Maru puede ser prudencia.
Puede ser dignidad política.
Puede ser estrategia.
O puede ser simplemente una manera elegante de evitar un escenario donde sabía que no tendría el protagonismo que quizá esperaba.
Eso lo decidirán los ciudadanos.
MARU NO FUE… PERO SU AUSENCIA HABLÓ
Lo paradójico es que la gobernadora no estuvo en Palacio Nacional y, sin embargo, terminó ocupando un espacio importante en la conversación política.
Su ausencia se convirtió en noticia.
Y cuando una silla vacía provoca más preguntas que un discurso, significa que la silla también está hablando.
Maru dice que no representa a Maru, sino a los chihuahuenses.
Perfecto.
Entonces la pregunta final también debe ser para los chihuahuenses:
¿Querían a su gobernadora en Palacio Nacional defendiendo a Chihuahua, aunque el ambiente fuera incómodo, o prefieren que marque distancia con el Gobierno Federal como señal de oposición?
Ahí está el verdadero debate.
Porque en política, **irse es fácil.
Lo difícil es quedarse sentado frente al adversario, mirarlo a los ojos y defender a los tuyos.**
Y esa silla vacía de Palacio Nacional todavía tiene mucho que decir.
EGO CHIHUAHUA
La política sin maquillaje.







