por Marco Antonio Hierro
La maraña de las confirmaciones para San Isidro 2026 empieza a asomar por los mentideros taurinos con ese ruido sordo tan propio del invierno: llamadas, presiones, cábalas, nombres que entran, nombres que salen, voluntades caprichosas y ese catálogo de ‘quiero pero no puedo’, ‘puedo pero no quiero’ y, el más pintoresco de todos, ‘ni puedo ni quiero’. Madrid, que es el fielato de la verdad, vuelve a poner a cada cual frente a su espejo, y este año el reflejo tiene más aristas que nunca.
La gran incógnita —la auténtica— se llama Marco Pérez. Al chaval lo están paseando por plazas de relumbrón como si ya estuviera todo hecho cuando aún no ha pasado por donde hay que pasar: Madrid, con el de las barbas delante. Y 2026 es su año decisivo, el que debe convertir la promesa en certeza, la expectación -que, por cierto, ha llevado Juan Bautista de forma brillante hasta ahora- en consistencia. Y cuando se entra en ese punto conviene hacer las cosas sin atajos, sin inventos. El mundo del toro da por hecho que estará en el Mundial del Toreo. Él, que tiene valor, coraje y vergüenza torera a espuertas, estará deseando. Falta saber si esa maraña que lo rodea —que a veces parece jugar a salvaguardar intereses propios más que la carrera del muchacho— opina lo mismo.
En paralelo, Aarón Palacio llega a esta antesala isidril con galones bien ganados: ha sido el novillero más destacado del año pasado y su triunfal alternativa en Nimes lo coloca en un sitio de privilegio, un sitio legítimo, para que Madrid lo mire con atención. Es de los que quieren y, vistos los mimbres, también de los que pueden. Sería difícil justificar lo contrario.
El caso de Mario Navas es, directamente, una herida abierta del sistema. Hace nada era la ilusión más pura de los aficionados: triunfó en el certamen Cénate Las Ventas, fue el novillero más destacado del 2024 fuera de las ferias y parecía destinado a un ascenso natural. Y, sin embargo, ha vivido un año entero en el ostracismo, sin apoderado, sin horizonte, sin una sola mano que lo colocara donde se había ganado estar. Incomprensible. O muy comprensible, si uno conoce cómo funciona este mundillo donde tantas veces los méritos valen menos que los apellidos. Y es una desgracia para el toreo: Madrid necesitaría su frescura, no su silencio.
Manuel Diosleguarde habita un escalón parecido en lo absurdo. Lleva años apareciendo en todas las quinielas —todas— para confirmar en Madrid, y nunca llega el momento. Es uno de esos nombres que siempre están a punto, siempre mereciéndolo, siempre postergados. Y uno empieza a preguntarse si lo suyo es mala suerte o mala gestión. Además, de un torero que casi pierde la vida en una plaza, la de Cuéllar.
A la nómina de futuribles se suman también Tristán Barroso, Daniel Crespo y Cristiano Torres, que se han ganado aparecer en cualquier conversación seria sobre las confirmaciones. Distintos perfiles, distinta proyección, pero todos con razones para estar. Igual que podría vestirse de luces Lalo de María en esta feria si le viniera bien a cualquier matador veterano, dada su relación casi familiar con Simón Casas. que lo puso a doctorarse en Nimes en 2024.
Y luego está Javier Zulueta, que es ya otro capítulo del manual de paradojas de este sistema. Tras haber pasado por todas las ferias y todos los carteles de la mano de quien fuera su poderoso mentor, Ramón Valencia, su futuro es hoy una interrogación. Nadie ha comunicado oficialmente que hayan roto, pero la caída en desgracia del empresario sevillano —que hasta hace nada era una alfombra roja hacia cualquier feria— no debería convertirse ahora en un lastre para el chaval. Bastante bien salió de su alternativa de campanillas en la última corrida de toros de Sevilla como para que el toreo lo deje tirado justo cuando empieza su verdadera vida profesional.
Y así, en este cruce de querencias, intereses, silencios y egos, Madrid vuelve a examinar la voluntad del toreo. Los que quieren, los que pueden… y los que no pueden (y tampoco quieren). Pero quizá este 2026 deba ser, de una vez, el año en que lo lógico coincida con lo justo.







