Patricia Granada
La imagen de Gina Lollobrigida siempre estuvo ligada a la excelencia, al brillo de las joyas de alta alcurnia y a ese aire de “Bersagliera” indomable que conquistó Hollywood y el mundo. Sin embargo, tras su fallecimiento en enero de 2023 a los 95 años, el telón se ha echado para mostrar una realidad mucho más sombría y compleja. El reciente estreno de la serie documental El escándalo Lollobrigida ha puesto nombre y apellidos a una batalla legal que parece sacada de un guion de cine negro, donde los millones de euros bailan entre cuentas en el extranjero y testimonios cruzados que hielan la sangre. “¿Quieren humillarme? Que les den”, asegura una Gina visiblemente enfadada en los primeros compases del documental. Son palabras que resuenan con fuerza, marcando el tono de lo que fue la última década de su vida: una lucha feroz por su autonomía frente a quienes, según ella, querían controlarla, y quienes, según su familia, querían “desplumarla”.
En el centro de este huracán se encuentra Andrea Piazzolla, el joven asistente que llegó a la vida de Gina en 2009 y terminó convirtiéndose en su sombra. Lo que empezó como una colaboración profesional derivó en una convivencia total, en 2015, Piazzolla se instaló en la villa con su pareja y su hija, a quien bautizaron como Gina en honor a la estrella. Las cifras que maneja Piazzolla en el documental son, cuanto menos, mareantes. Lejos de la austeridad, el asistente describe un estilo de vida frenético en el que la diva parecía querer quemar su fortuna. “En vacaciones de verano nos gastábamos entre 80.000 y 120.000 euros al mes, incluso vino Silvio Berlusconi y actuó Ricky Martin para nosotros”, confiesa Andrea.
No solo eso: se revela que, en apenas dos años, Lollobrigida llegó a adquirir 28 coches de lujo. Para Javier Rigau, el empresario catalán que mantuvo una tormentosa relación con la actriz, la estrategia de Piazzolla fue clara desde el primer minuto: “Lo primero que hizo fue apartar a Gina de toda su familia con un único objetivo, desplumarla económicamente”. Rigau, que fue absuelto en 2017 de las acusaciones de estafa por su matrimonio por poderes con la actriz, no duda en señalar directamente al asistente: “El delincuente eres tú”.
Un patrimonio de cine reducido a cenizas
Gina Lollobrigida no solo fue una de las actrices más bellas del siglo XX; fue una mujer de negocios, una fotógrafa de prestigio y una escultora con una visión artística envidiable. Durante seis décadas, acumuló un patrimonio que en su día se cifró entre los 36 y los 50 millones de euros. Poseía una villa de ensueño de 900 metros cuadrados en la histórica Via Appia Antica de Roma, apartamentos en la Plaza de España y una residencia en Montecarlo que era su refugio cuando los Grimaldi la invitaban al Baile de la Rosa.
Sin embargo, al abrirse el testamento, la sorpresa fue mayúscula: de los 10 millones de euros que se esperaba encontrar en su haber más reciente, apenas quedaba rastro. Alessandro Gentiloni, abogado de los familiares, es tajante: “Todo el mundo se pregunta dónde fue a parar su patrimonio. Una buena parte desapareció en una misteriosa sociedad en el extranjero”. Las investigaciones apuntan incluso hacia paraísos fiscales como Panamá, mientras en Italia la diva dejaba tras de sí facturas impagadas a proveedores y deudas con sus propios abogados.
Su único hijo, Milko Skofic Jr, relata con amargura la decadencia financiera de su madre: “Vendimos los muebles para pagar a los acreedores”. Según Milko, el desfalco comenzó con la venta de activos clave. “Después de las joyas valoradas en 4 millones de euros, vendió el apartamento de Montecarlo”, explica, añadiendo que también se deshizo de propiedades cercanas a la Plaza de España por un valor muy inferior al de mercado: “Teníamos varios apartamentos… y después de vender las joyas por unos 4 millones, los vendió por unos 2 millones”.
Una familia rota y un nieto desahuciado
El conflicto no solo fue económico, sino profundamente humano. Dimitri, el único nieto de la intérprete, se convirtió en un “daño colateral” de esta guerra cuando su propia abuela lo expulsó de la propiedad familiar en 2017. Para Milko, su madre ya no era la dueña de sus actos: “Andrea le decía lo que tenía que hacer”. El hijo de la diva sostiene que, en sus últimos años, Gina carecía de sentido crítico, lo que la hacía extremadamente vulnerable. Piazzolla, por su parte, se defiende con ironía ante las acusaciones de haberla “secuestrado” emocionalmente: “¿Por qué no vinisteis a liberarla?”. Sin embargo, la justicia italiana parece tener una visión distinta. En una primera instancia, Andrea ha sido condenado a tres años de prisión por aprovecharse de la fragilidad de la actriz, además de ser ordenado a pagar una indemnización de 500.000 euros a la familia.
El misterio de las joyas y el “matrimonio”
Uno de los puntos más espinosos sigue siendo el enlace con Javier Rigau. Mientras la abogada Teresa Bueyes defiende la legalidad del matrimonio —“Era perfectamente legal”—, Piazzolla mantiene su postura escéptica: “Lo único que tengo claro es que habría sido un matrimonio falso”. La propia Gina, en vida, cargó duramente contra el español, llegando a decir que esa unión “solo existe en la mente enfermiza de ese hombre”.
En medio de este cruce de reproches, lo único cierto es que el dinero se ha volatilizado. Las joyas de la diva, aquellas que ella misma presumía de haberse comprado sola porque “jamás permitió que un hombre se las regalara”, fueron subastadas en Sotheby’s, pero el destino de ese capital sigue siendo una incógnita.
Gina Lollobrigida, la mujer que fue el rostro del Neorrealismo y la reina del Technicolor, descansa hoy lejos del ruido mediático, pero su legado se encuentra atrapado en una red de auditorías y procesos judiciales. “Le he perdonado muchas veces, ya basta. ¿Qué quieres, que aún haya un vínculo? Es imposible”, se escucha decir a la diva en una de las grabaciones inéditas del documental. Unas palabras que reflejan la tristeza de un final de vida marcado por la soledad en la cima y la desconfianza hacia su propia sangre.







