Elena Villegas
La forma de vestir o de expresarse, los retos virales, los gustos y preferencias… Las tendencias o las modas entre adolescentes a veces son incomprensibles para padres, que ven como el que era un niño o una niña dulce y que les hacía caso en todo hasta hace nada tiene ya una personalidad propia que en nada se parece a lo que ellos esperaban. Esto, en la mayoría de los casos, tiene que ver con lo que es la adolescencia, que no deja de significar una ruptura y, a veces, llevar la contraria a los padres es casi una norma.
Sin embargo, hay muchas tendencias que van más allá de lo esperado en esta etapa tan convulsa de la vida. Un claro ejemplo de ellos son los adolescentes que se autodenominan therian. Se identifican a sí mismos como animales, no como humanos, y actúan y se comportan como tal. Parece que esta denominación deriva de los terios, un tipo de mamíferos en el que se engloban los marsupiales.
La cuestión es ¿por qué esta tendencia? ¿Qué hace que un adolescente se sienta identificado como un animal y no como un humano? “No estamos hablando de un trastorno propiamente dicho”, nos aclara Amaya Prado, psicóloga experta en Psicología Educativa y Psicología Clínica en infancia y adolescencia y miembro del Colegio de la Psicología de Madrid. “Yo creo que es una forma de buscar una identidad común, una identidad simbólica, con las características a lo mejor de los animales con los que se sienten identificados a un nivel emocional o espiritual”.
Amaya Prado indica que la psicología del desarrollo y evolutiva explica que la adolescencia es la etapa de construcción de la propia identidad, en la que los chicos y las chicas se quieren identificar como diferentes respecto de sus padres y de los adultos de alrededor. “En este sentido, identificarse como therian puede cumplir también una serie de funciones psicológicas”. Por un lado, la especialista nos habla de esa búsqueda de la identidad, para lo que los adolescentes muchas veces experimentan.
Por otro lado, también tiene que ver con el sentido de pertenencia. Y pone como ejemplo a los otakus, el colectivo de jóvenes que siguen la cultura japonesa y que se disfrazan como personajes de manga. “Lo que hacen, a parte de sentirse identificados, es buscar espacios donde se sienten comprendidos y, lo mejor de todo, donde se sienten validados, donde no son los únicos ‘raros’ ellos, sino que hay más gente que piensa y que siente como ellos. Y esto es muy importante en esta edad”, subraya.
Sentirse identificados con un animal
Prado comenta que, al igual que hace años existían las bandas o los grupos de punk, que iban con crestas y una determinada forma de vestir, hay que tener en cuenta que es posible que los therian describan el animal que representa los rasgos con los que se pueden identificar ellos o que, a través de estos rasgos animales, pueden expresar determinados conceptos, como pueden ser la libertad, la protección, la sensibilidad…, que a lo mejor identifican con esos animales”.
Ante quienes crean que lo que hacen los therian es una llamada de atención, la psicóloga experta en adolescencia indica que no necesariamente tiene que serlo. “A veces sí lo es” y le ocurre a niños que no han sido vistos, escuchados ni validados por su familia ni por su entorno, pero que en muchos casos se trata de esa exploración de la identidad que puede estar influida por las redes sociales y por ciertas comunidades virtuales. “No es un trastorno psicológico o patológico”, asegura. “La clave está en entender qué necesidad psicológica está cubriendo esta identificación”.
Los padres de los therian: ¿qué hacer si tu hijo adolescente se siente identificado con un animal?
“Lo primero que haría con unos padres que me están planteando esto sería tranquilizarlos, que tuvieran calma, porque en la mayoría de los casos los adolescentes están en una fase de exploración, de diferenciación con respecto al adulto”, tranquiliza Amaya Prado. “Aunque nos parezca muy chocante, la forma en la que nosotros podemos reaccionar frente a eso puede hacer que esa conducta se refuerce. Si reaccionas con alarma, con burla, con invalidación, con prohibiciones tajantes de ¡así no sales a la calle! y te voy a castigar sin salir o sin móvil… todo esto va a generar más conflicto y va a reforzar todavía más esta conducta, porque se van a sentir más en su posición”.
Es importante, incide, validar al hijo, aunque no se esté de acuerdo con lo que hace. “Hay que escucharles sin juicio y preguntarle qué significa para él, qué necesidad está cubriendo esta identificación y por qué o para qué se está identificando con ese animal. A lo mejor nos da pistas de cómo se está sintiendo y por ello necesita sentirse respetado”.
Eso sí, la psicóloga deja muy claro que validar no implica no poner límites: “no significa que haya que permitir cualquier conducta que sea disruptiva o incluso que afecte a la convivencia, no solamente familiar, sino también de la comunidad; hay que mantener estos límites claros y decir ‘bueno, vale, me parece muy bien que tú quieras ir así, te puedo permitir que en determinados contextos puedas llevar una careta, pero no vas a ir andando a cuatro patas o no vas a hacer pis como hacen los perros’. O sea, está claro que hay que mantener esos límites claros”.
Por otro lado, también hay que prestar atención a otra serie de aspectos de su vida, más allá de que asegure sentirse como un animal: “si hay dificultades a nivel académico, si hay aislamiento social o en casa, si que su estado de ánimo está variando, si se está juntando con otros chicos o chicas que se están identificando con esto… hay que verlo todo”.
¿Cómo ayudar a un adolescente que se siente identificado con un animal a dejar de hacerlo?
Prado indica que, para llevar a un adolescente therian al psicólogo, hay que valorar ese conjunto de factores que señalaba anteriormente, hay que observar si esta identificación afecta a otras áreas de su vida. En caso de considerar que es necesario llevarlo a terapia, la manera en la que ella trabajaría con estos adolescentes sería centrarse “en fortalecer la autoestima y esta regulación emocional y en construir una identidad de una manera integrada”, comenta. “Lo primero que trataré de investigar es qué necesidad es la que tiene o si hay alguna dificultad concreta en algún área de su vida. El foco no debe ser poner una etiqueta o decir que hay un trastorno, sino hacer una exploración general y entender que la adolescencia siempre tiene esa necesidad de experimentación, de identificación y de pertenencia con determinados grupos, de diferenciarse de los adultos”.







