Gutiérrez indulta a “Don Juan” y emociona a Guadalajara
Guadalajara, Jalisco. — Desde antes de comenzar el festival que cerró la Temporada Grande 2025, el ambiente en las terrazas exteriores de la Plaza Nuevo Progreso anunciaba una tarde especial. Ese murmullo característico de las grandes ocasiones fue el preludio de una jornada larga, intensa y cargada de emociones, en la que se lidiaron seis novillos de lidia ordinaria y tres obsequios, en una tarde-noche que, pese a su duración, nunca perdió interés.
Los grandes triunfadores del festejo fueron Enrique Ponce, quien lució como si el retiro nunca hubiese existido; el torero tapatío Alfredo Gutiérrez y el muy querido rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza.
Invitado a última hora tras la lesión de Eulalio López “Zotoluco”, Alfredo Gutiérrez firmó la que, por entrega y respuesta del público, seguramente será la faena más recordada de su carrera. Eligió un extraordinario ejemplar de San Constantino, propiedad del ganadero Juan Pablo Corona, de nombre “Don Juan”.
Gutiérrez recibió al novillo de hinojos en el centro del ruedo, donde el compromiso pesa más que a porta gayola. Tras un aparatoso batacazo que heló a la plaza, el torero se repuso para cuajar cuatro templadas verónicas de manos bajas, jaleadas con fuerza por los tendidos. El de San Constantino peleó con bravura en el caballo y permitió un quite por caleserinas que terminó nuevamente con el torero empitonado, obligando a la intervención del cuerpo médico, encabezado por el doctor Paco Preciado, que autorizó su continuidad.
Con la muleta, “Don Juan” mostró clase, prontitud y codicia. Gutiérrez lo toreó con temple y largura, provocando los gritos de “¡torero!” y una petición unánime de indulto. El juez de plaza, Alfredo Sahagún, concedió el perdón de la vida al novillo, que regresará como semental al rancho El Colomo, en Soyatlán del Oro. La vuelta al ruedo fue compartida por el torero con sus hijos y el ganadero Juan Pablo Corona.
Enrique Ponce cuajó una faena de enorme magisterio a un gran ejemplar de Tequisquiapan, al que entendió y sometió con sabiduría, sitio y oficio. Con poncinas, imaginación y señorío, construyó un trasteo de altos vuelos que fue premiado con dos orejas.
Pablo Hermoso de Mendoza, tras un inicio algo desconcentrado, se asentó para realizar un toreo a caballo ceñido y vibrante, con banderillas al quiebro, al estribo y cortas que levantaron al público de sus asientos. Un pinchazo previo a una estocada entera le valió una oreja.
La tarde fue cuesta arriba para Arturo Gilio, quien enfrentó dos inválidos de Los Encinos, incluido uno de regalo, y se fue inédito. Tampoco tuvieron fortuna Ignacio Garibay, ni la novillera española Olga Casado, quien, pese a su voluntad, sólo pudo destacar con el novillo de regalo de Peñalba, al que cortó una oreja tras aviso. 
Como incidencia destacada, tras la lidia del tercer novillo se despidió el subalterno Roberto Kingston, luego de 35 años de destacada trayectoria profesional.







