La Feria de Hogueras vivió este sábado una de esas páginas que quedan grabadas en la memoria taurina: el torero sevillano Manuel Escribano logró el indulto del tercer toro de la tarde, de nombre Bohemio, número 50, de 532 kilos, perteneciente a la legendaria ganadería de Victorino Martín. Un toro bravo y encastado, al que el diestro supo entender, llevar y exprimir hasta lograr que se le perdonara la vida en un hecho poco común en los anales de esta plaza.
La faena comenzó con un gesto de máxima entrega: recibiendo a porta gayola, Escribano se plantó en los medios para ejecutar una larga cambiada que ya presagiaba el espectáculo que estaba por venir. Desde el tercio, repitió la suerte, y posteriormente toreó a la verónica con temple y gusto, haciendo rugir los tendidos. Con un galleo por chicuelinas, llevó al toro al caballo, y tras el tercio de varas, se encargó él mismo de poner las banderillas, como es su costumbre, junto a sus peones de confianza.
Todo parecía alinearse a su favor. Desde los primeros compases de la faena de muleta, el sevillano apostó fuerte: comenzó con pases cambiados por la espalda, para luego seguir por el pitón derecho, donde Bohemio mostró la calidad que llevaba dentro. El animal embistió con nobleza, metiendo la cara, humillando y repitiendo con codicia. Por ambos pitones, Escribano se abandonó al toreo, y la faena fue creciendo en emoción y profundidad.
La plaza, entregada, vibraba con cada muletazo. El trasteo se alargó, pero lejos de diluirse, creció en intensidad. El toro, incansable, continuó metiendo el hocico en la arena, humillando con una entrega que conmovió al público. El clamor fue unánime: pañuelos blancos en los tendidos pidieron el indulto. El palco lo concedió, reconociendo la bravura del animal y la gran labor del torero.
La vuelta al ruedo fue histórica. Victorino Martín, ganadero de la A Coronada, acompañó a Escribano en un recorrido lleno de ovaciones, cerrando así una tarde para el recuerdo en la plaza de toros de Alicante. ‘Bohemio’, por su casta y nobleza, se ganó la vida. Escribano, por su verdad y entrega, se ganó la gloria.







