Deuda que se paga… y obras que no se ven
Por Eduardo Arredondo
Hay cifras que no solo incomodan, sino que retratan prioridades. La administración del alcalde Marco Antonio Bonilla Mendoza ha contratado deuda pública por más de mil millones de pesos, pero lo que realmente pesa no es solo el monto, sino lo que se paga por ella: casi 95 millones de pesos en intereses bancarios.
Dinero que no construye puentes, no pavimenta calles, no mejora parques. Dinero que se va directo a los bancos.
El argumento oficial ha sido claro desde el inicio: endeudarse para hacer obra pública. El problema es que, en paralelo, el Municipio ha registrado ingresos excedentes por más de 4 mil 300 millones de pesos en los últimos años. Es decir, había recursos. Había margen. Había opciones.
Entonces, la pregunta es inevitable: ¿por qué endeudarse?
La respuesta, como suele pasar en la política local, no es técnica… es política.
Porque endeudarse permite gastar hoy y pagar mañana. Permite anunciar obras, cortar listones y generar percepción de movimiento. Pero también implica comprometer recursos futuros y elevar el costo real de cada proyecto. Ahí están los números: créditos por 1,095 millones de pesos que terminarán costando mucho más por los intereses acumulados.
Y si al menos el resultado fuera contundente, la conversación sería distinta.
Pero no lo es.
De los créditos contratados, apenas destacan algunas obras visibles como el puente de Fuentes Mares o el Polideportivo “Luis H. Álvarez”. En contraste, hay proyectos que simplemente no despegaron, como el nuevo relleno sanitario, que pasó de ser promesa de campaña a convertirse en un expediente lleno de dudas, amparos y recursos sin destino claro.
En el camino, el gobierno municipal compró terrenos, pagó rentas, adjudicó contratos y luego reorientó el uso del crédito. Todo dentro de la legalidad, dirán. Pero con una narrativa que no termina de cuadrar.
A eso se suma otro ingrediente: los sobrecostos.
Tres obras viales —dos puentes y una gaza— terminaron encareciéndose en más de 190 millones de pesos por falta de planeación. Proyectos que se autorizaron sin estudios ejecutivos completos y que hoy cuestan mucho más de lo que originalmente se prometió.
Y aquí es donde la discusión deja de ser contable y se vuelve pública.
Porque no se trata solo de deuda. Se trata de eficiencia. De planeación. De resultados.
El gobierno de Chihuahua ha manejado el presupuesto más alto de su historia reciente. Ha tenido ingresos excedentes. Y aun así, ha optado por endeudarse y pagar intereses millonarios.
¿Era necesario?
La respuesta no está en los informes de Tesorería. Está en las calles.
En las banquetas que faltan.
En las ciclovías inexistentes.
En los parques olvidados.
Y en una ciudad que crece… pero no necesariamente mejor.
Porque al final, la deuda no la paga un gobierno. La paga la ciudad.







