La feria tiene memoria. Y la de este año en Mérida ya guarda un nombre con letras firmes: Emilio de Justo. El diestro extremeño se alzó con el Sol de Oro 2026, máximo galardón de la Feria del Sol, tras una actuación rotunda que marcó la tercera corrida de abono y dejó huella en la afición andina.
La decisión fue oficializada por la Comisión Taurina del municipio Libertador, presidida por el aficionado Oscar Alí Quintero, que reconoció no solo una tarde redonda, sino el peso artístico de una faena que elevó el tono del ciclo.
De Justo no dejó espacio a la duda. Su obra al toro “Embajador II”, de la ganadería de Campolargo, tuvo estructura, temple y profundidad. Faena medida, de trazo limpio y dominio sereno, rubricada con una estocada entera que cayó como sentencia. El palco premió esa conjunción de estética y eficacia con los trofeos a Mejor Faena y Mejor Estocada, además del reconocimiento como Triunfador de la Feria.
La feria también tuvo otros nombres propios. El toro “Despechado”, de Rancho Grande, fue declarado Mejor Toro, mientras que el hierro obtuvo el premio a Mejor Ganadería, consolidando su presencia en el serial.
Entre los venezolanos, la tarde vibrante fue para Jesús Enrique Colombo, quien cortó cuatro orejas —dos de ellas simbólicas— tras el indulto del toro “Merideño”, también de Campolargo. Entrega, conexión y emoción desbordada que reafirmaron su condición de figura nacional.
Hubo también reconocimiento para los hombres de plata y de brega: Curro Jiménez como Mejor Subalterno; Guillermo Guimerá por la Mejor Vara; José Linares “El Yoni” como Mejor Banderillero; y Abraham Nerio por el Mejor Quite.
Pero el sol, ese que corona cada febrero taurino en los Andes venezolanos, tuvo dueño claro este año. Emilio de Justo, con su concepto sobrio y su firmeza sin estridencias, volvió a demostrar que el toreo grande no necesita alardes: le basta la verdad.
Y en Mérida, la verdad tuvo nombre propio.







