JIRONES DE NUESTRA HISTORIA
“EL TESORO DE WALDEMAR”, ¿ENGAÑO O NO MOVERLE A LA HISTORIA?; ¿QUIÉN DEFINE LA NARRATIVA DE LA HISTORIA?
Por: José Luis Jaramillo Vela
¿Quién era Waldemar?
Waldemar Julsrud fue un arqueólogo y comerciante alemán nacido en 1874 en Bremen, Alemania, que, junto con Hamburgo, Hannover y Lübeck conforman la Liga Hanseática, territorios autónomos con un enorme poder comercial; su autonomía consiste en que no están subordinados a un Estado, Departamento o Provincia, solo dependen del Estado Aleman; la característica principal de los nativos de estas regiones es su fuerte tendencia al comercio, los negocios, la banca, las inversiones y al emprendimiento.
En México, Porfirio Díaz modernizaba al país, estaba en pleno auge la construcción de vías férreas y la expansión de los ferrocarriles hacia todos los puntos del país, así que Waldemar decide venir a instalarse en México para emprender un negocio de industria metalúrgica y herrería que proveyera a las compañías ferrocarrileras mexicanas y extranjeras de rieles, clavos de acero para los rieles y eventualmente dar el salto a la construcción de vagones y ruedas para ferrocarril.
Waldemar Julsrud llega a México en 1908, para 1909 ya estaba metido de lleno en la industria ferrocarrilera; en 1910 estalla la Revolución Mexicana, a pesar de ello, la industria ferrocarrilera no paró de expandirse y Julsrud no dejó de producir para los ferrocarriles. Terminada la etapa revolucionaria, Julsrud decide establecerse en Acámbaro, Guanajuato junto con su familia, lugar donde viviría el resto de su vida.
Un paseo, una figurilla y se desata la polémica
Un día de julio de 1944, Waldemar salió a dar un paseo a caballo al Cerro del Toro, a las afueras de Acámbaro; como arqueólogo, Waldemar sabía que en toda la región, con tan solo escarbar un poco se podían encontrar restos de cerámica y materiales de la antigua cultura Chupícuaro, de origen Tarasco y Purépecha; durante su paseo, observa lo que parece ser una roca que llamó su atención, al apearse del caballo y acercarse se da cuenta
de que no es una roca, es una pieza de cerámica semienterrada, procedió a sacarla con cuidado, se sorprende al ver que la pieza se trata de lo que parece un reptil prehistórico con un ser humano montado en su lomo; Julsrud, que en ese momento tenía 70 años pensó en lo extraño de la figura y en cómo un humano prehispánico podría hacer una figurilla de un animal prehistórico sin saber siquiera de su existencia; con el paso de los días Waldemar siguió encontrando figurillas de diferentes tamaños, de animales prehistóricos muchos de ellos aún desconocidos para le ciencia. También se dio cuenta de que no había que escarbar tan profundo para encontrarlos, no más de dos metros de profundidad.
Waldemar Julsrud tenía un empleado de confianza a quien llamaba “su ayudante”, era el señor Odilón Tinajero, entre ellos dos y nadie más se pusieron a excavar, encontrando muchas más figurillas que Waldemar comenzó a ordenar, clasificar y guardar en una bodega; pronto Waldemar encargó a Odilón las excavaciones, además de su sueldo, Waldemar le pagaba a Odilón Tinajero un peso por cada figurilla desenterrada, mientras Julsrud se dedicaba a la clasificación de las piezas. En los siguientes años, Julsrud recibió de Odilón hasta 37 mil piezas de barro, unas en mejor estado que otras.
Noticia mundial
Conforme se acrecentaba la colección de Julsrud, continuaban apareciendo figuras de dragones, dinosaurios, humanoides y seres humanos que de manera evidente no correspondían ni guardaban similitud con la cerámica Chupícuaro de la zona; esto hizo pensar a Waldemar Julsrud que posiblemente antes de que llegaran los Purépechas a la región, tal vez hayan existido otros pobladores que incluso hayan convivido con los dinosaurios, todo eran especulaciones en la mente de Julsrud, aparentemente descabelladas, pero que frente a la evidencia que tenía parecían más que razonables.
En 1947, Waldemar Julsrud publica sus descubrimientos y teorías en un folletín titulado “Enigmas del Pasado” que mandó imprimir de su bolsillo, con la finalidad de informar y divulgar lo que tenía; muy pronto se corrió la voz sobre la colección de Waldemar Julsrud, dicha voz llegó hasta los oídos de Norman Chandler, nada menos que el director del periódico Los Ángeles Times, quien envió a un reportero y a un fotógrafo hasta el pueblo de Acámbaro, Guanajuato para realizar un reportaje sobre esto, que era insólito y parecía que podría cambiar el rumbo de la historia que hasta ese momento nos habían dicho y nos habían contado.
Tanto el folletín de Julsrud como el amplio reportaje del periódico Los Ángeles Times manejaban la teoría y dejaban entrever que en base a los descubrimientos de Julsrud, cabía la posibilidad de que los dinosaurios no se hubieran extinto hace 65 millones de años, sino apenas unos cuantos miles de años atrás y que hayan convivido los humanos y los enormes reptiles. Desde 1944, el Presidente, General Manuel Ávila Camacho mostró cierto interés y ordenó al Instituto Nacional de Antropología e Historia estar al tanto de los descubrimientos de Julsrud, cosa que así fue, pero después el INAH cambió su actitud.
El grito en el cielo, hay que tapar ese hoyo
El diario Los Ángeles Times publicó un amplio y explosivo reportaje sobre los hallazgos y descubrimientos de Waldemar Julsrud en Acámbaro, dicho reportaje se tituló “El tesoro de Waldemar: hallazgos en México dan indicios de un mundo perdido” ; este reportaje retumbó en todo la comunidad de investigación histórica, arqueológica, antropológica y paleontológica; la onda expansiva resonó causando eco y alarma en la National Geographic Society, el Smithsonian Institute y reconocidas universidades como Yale y Harvard, fieles y celosas guardianes y garantes de la historia de la humanidad tal y como la conocemos.
Una vez que pusieron el grito en el cielo y habiéndose desgarrado las vestiduras ante la posibilidad de que alguien osase modificar la historia, envían al Arqueólogo Charles C. Di Peso, Director del Amerind Foundation of Arizona and Texas, con la misión de echar por tierra los descubrimientos y las teorías de Waldemar Julsrud, que no eran cosas inventadas nada más por que sí, sino que eran producto de lo que había descubierto y que estaba investigando.
El Arqueólogo Charles C. Di Peso llega a Acámbaro, Guanajuato, se presenta y conoce a Waldemar Julsrud y le pide permiso para inspeccionar su colección; después de los saludos y presentaciones, Di Peso le dice a Julsrud que permanecerá en la región el tiempo que se necesario para realizar su investigación; la verdad era que Di Peso venía con la intención de echar por tierra lo descubierto por Julsrud y hacerlo parecer como un charlatán y mentiroso, ávido de gloria personal; prono vería Julsrud que Di Peso venía con la espada desenvainada, sería implacable y no tendría piedad con él, Di Peso venía respaldado por poderosas instituciones estadounidenses que con la mano en la cintura tratarían de aplastar y pulverizar las investigaciones y teorías de Julsrud, todo con la finalidad de que no se tocara a la narrativa de la historia tal y como se conocía hasta ese momento.
El antecedente de Di Peso, la historia es mía
Charles C. Di Peso, era Doctor en Arqueología, tenía un reconocido prestigio y venía precedido por ser el pionero y máximo conocedor de la cerámica y la cultura Paquimé, asentada en Casas Grandes, Chihuahua, pero también era muy conocido su celo profesional al no permitir que nadie más investigara en Paquimé, quienes lo hacían enfrentaban la ira de Di Peso, quien sentía que sus investigaciones eran la última palabra. Con estos antecedentes, Di Peso comenzó con su labor de demolición de los hallazgos de Julsrud.
Al inspeccionar las figurillas de Julsrud, Di Peso escribió en sus notas que la cerámica de Julsrud no tenía ningún parecido con la cerámica Chupícuaro de la región, ni en coloración ni en el aspecto morfológico, además de que fueron encontradas en pequeños grupos a un par de metros bajo tierra, por lo que no tenían aspecto de haber pasado miles de años enterradas; Julsrud le dijo que todo eso también el lo tenía anotado en sus investigaciones, pues sabía que todo lo que anotaba Di Peso era publicado en Estados Unidos por la National Geographic.
Luego Di Peso conoce a Odilón Tinajero, ayudante de Julsrud y se entera de que su patrón le paga un peso por cada figurilla desenterrada en buen estado y con eso fue más que suficiente, Di Peso armó el escenario de que Odilón Tinajero y su familia elaboraban las figurillas, luego las enterraban y Odilón las “descubría”, así se aseguraban de cobrarle a Julsrud; cuando Di Peso publica esto en National Geographic exponiendo a Julsrud como un verdadero charlatán y mentiroso, entonces le reclama a Di Peso por difamar su honorabilidad, también le dice algo que Di Peso no sabía, “soy arqueólogo, como tú, sé de lo que estoy hablando, sé lo que estoy encontrando y en base a lo que estoy investigando, elaboro teorías que si bien no son verdad absoluta, tampoco son mentiras”.
Waldemar Julsrud recurre a las autoridades del INAH buscando su respaldo, sin embargo, ahora su actitud era otra, se habían puesto del lado de Di Peso y no le quedó la menor duda, algo o alguien había alineado al INAH con Di Peso.
Hagan una datación, puedo estar equivocado, pero no miento
En 1955, el historiador estadounidense Charles Hapgood y el abogado Stanley Gardner se solidarizaron con Waldemar Julsrud y junto con el historiador mexicano Daniel Garza Usabiaga se reunieron con Julsrud en Acámbaro, en donde firmaron un documento defendiendo la autenticidad de la colección, consiguiendo el permiso de Julsrud para llevar su colección al Museo de la Universidad de Pennsylvania en la ciudad de Filadelfia para su
exhibición; esto fue aprovechado por la misma universidad que, a petición del propio Julsrud, realizó exámenes de datación por termoluminiscencia de las piezas de la colección, arrojando una antigüedad de 6500 años, es decir, 4500 años A, de C.; esto acalló muchas voces que ponían a Waldemar Julsrud como un charlatán que había presentado un engaño colosal, pero tampoco hubo nadie que prosiguiera con una seria investigación.
El trío Hopgood – Gardner – Garza, publican una serie de manifiestos avalando la honestidad de Waldemar Julsrud, ampliamente apreciado y conocido en la región, de quien nadie creía que se hubiera prestado a montar un engaño de esa magnitud; en tales manifiestos cuestionan los dichos de Di Peso, quien argumentaba que Odilón Tinajero y su familia fabricaban las estatuillas, aprovechando que Julsrud le pagaba un peso por figurilla encontrada; el argumento de estos historiadores fue de que por un lado es imposible elaborar 37 mil figurillas en tres años, por una familia de cuatro personas que lo único que sabían hacer eran las labores del campo, no tenían el más mínimo conocimiento de alfarería.
Para elaborar tal cantidad de alfarería se requería no de un taller, sino de una enorme fábrica que ni siquiera alcanzaría a cubrir esa cuota. En cuanto a la aseveración de Di Peso de que Odilón enterraba las piezas para después fingir su descubrimiento, mintió por completo, pues acompañó a Odilón y a Julsrud en algunas excavaciones y nunca comentó haber visto la tierra removida previamente.
El Museo Julsrud
En 1964 fallece Waldemar Julsrud a la edad de 90 años y a principios de 1998, el Museo de la Universidad de Pennsylvania regresa la Colección Julsrud a Acámbaro, Guanajuato, en donde un grupo de vecinos, autoridades y la familia de Julsrud acordaron establecer el “Museo Waldemar Julsrud”, justo en la casa en donde inicialmente vivió Julsrud al llegar a Acámbaro. Ahí se exhiben las piezas más representativas de la colección, quedando el resto debidamente clasificadas, etiquetadas y embaladas enbodega.
Este museo no cuenta ni con el reconocimiento ni con la certificación oficial del INAH, sin embargo si cuenta con el reconocimiento y apoyo del Gobierno del Estado de Guanajuato, del Gobierno Municipal de cámbaro, Guanajuato y del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; de las 37 mil piezas que conformaban la colección, el Museo Julsrud cuenta con 21,400 piezas, el resto, 15,600 piezas fueron incautadas por el INAH y nunca jamás fueron devueltas, según dice el director del museo, Fernando Barraza Julsrud, bisnieto de Waldemar.
Por su parte, la directora del Patronato Julsrud, Juana Ruiz Ramírez sostiene que “El Museo Waldemar Julsrud es un espacio que pretende fomentar el espíritu crítico e investigador del visitante; nuestro fin no es ni investigar ni sustentar teorías, es un museo que invita a los visitantes a buscar un origen de la humanidad, distinto al establecido oficialmente”.
¿Quién controla y maneja la historia?
Todos hemos escuchado la frase que dice que “La historia la escriben los ganadores” y no solo la escriben, sino que también la ocultan, la cambian, la modifican, la dosifican y en ocasiones hasta la inventan, no es ninguna casualidad que de todas eras y períodos de la historia, así como de las culturas y civilizaciones de la humanidad, en cada una de ellas los principales investigadores y expertos de esas culturas, si no son estadounidenses, son británicos o alemanes o franceses y la principal bibliografía existente es escrita por esos mismos investigadores.
Desde luego que la historia y la narrativa global son controladas por quienes ostentan el poder político, económico y mediático; pero, ¿cómo ejercen este control?, hay varios actores, factores y mecanismos clave: a)- El control de la educación y propaganda: A través de instituciones educativas de gran renombre que controlan, regulan y
manipulan los planes de estudio globales; b)- El poder económico y financiero: Por medio de las grandes corporaciones financieras y de inversión, magnates que desde las más altas esferas del poder económico, moldean no solo la historia, sino la distribución de recursos a nivel mundial.; c)- Organismos multilaterales: Estos juegan un papel determinante, a través de organismos como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y sus organismos afines, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), ellos dictan as reglas del orden internacional y establecen la narrativa oficial. ; d)- Medios de comunicación y plataformas tecnológicas: Son los cuentacuentos del mundo actual, ellos son los que difunden la narrativa que emana desde las más altas esferas y censuran lo que no cuadra de acuerdo a los intereses globales.
Aunque el control es férreo y lineal, sí es posible reescribir ciertos aspectos de la historia como ocurrió hace algunos años en Chile, cuando un grupo colegiado de prestigiosos científicos y en base a minuciosas investigaciones, documentaron y demostraron que los polinesios habían sido los primeros pobladores de las costas chilenas y de ahí se habían disgregado hacia Perú, Argentina y Bolivia; de inmediato, los Presidentes de Chile, Patricio Aylwin, de Bolivia, Gonzalo Sánches de Lozada, de Perú, Alberto Fujimori y de Argentina, Carlos Saúl Menem alzaron la voz y dijeron que la historia de sus países ya estaba dictada y no aceptaron tales investigaciones. Hoy, años después la historia se reescribió parcialmente en esa región del mundo.
“Quien controla el presente, controla el pasado, y quien controla el pasado, controlará el futuro”
George Orwell
Referencias Bibliográficas:
+ youtube.com
+ elpais.com
+ mexicodesconocido.com.mx
+ travesiasdigital.com
+ mxc.com.mx
+ pinupmagazine.org
+ cultura.gob.mx
´es.wikipedia.org







