Ana Merodio
Dicen que los grandes descubrimientos de la historia nacen de la curiosidad y la casualidad: la supuesta manzana de Isaac Newton, Cristóbal Colón tropezando con América cuando buscaba otra ruta o Alexander Fleming encontrando la penicilina casi por accidente. Pero pocos tienen un protagonista tan inesperado como un perro.
Un paseo cualquiera que cambió la historia
El 12 de septiembre de 1940, en una Francia marcada por la Segunda Guerra Mundial, un joven llamado Marcel Ravidat paseaba por el campo con su perro Robot cuando el animal empezó a escarbar en un agujero bajo un árbol caído. Aquella pequeña abertura no era lo que parecía.
Días después, y con la mosca detrás de la oreja debido a que el hueco que abrió su perro era más grande de lo esperado, Marcel, regresó con tres amigos. Ensancharon la entrada y se deslizaron unos 30 metros bajo tierra con una lámpara improvisada. Lo que encontraron cambió la historia.
Ante ellos aparecieron paredes cubiertas de pinturas de animales, caballos, toros, ciervos, que llevaban más de 17.000 años ocultas.
Habían descubiertola cueva de Lascau
Un museo bajo tierra que nadie esperaba
Lo que encontraron no era una simple cueva con telarañas y murciélagos. Era un auténtico santuario prehistórico, comparable a Altamira, pero mucho más extenso y con un mayor número de figuras
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Más de 600 figuras pintadas
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Cerca de 2.000 imágenes y grabados
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Galerías de hasta 235 metros
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Animales de gran tamaño, algunos de más de dos metros
Los artistas utilizaron pigmentos naturales como ocre, carbón o manganeso y trabajaban en completa oscuridad, iluminándose con lámparas de grasa animal.
Incluso construían andamios para pintar en los techos.
El misterio que aún desconcierta a los expertos
Entre todas las escenas hay una que sigue generando debate: la llamada “Escena del Pozo”. Un hombre frente a un bisonte herido en una composición tan extraña que durante años incluso se evitó reproducir completa. ¿Es un ritual? ¿Un mito? ¿Una escena real?
Nadie lo sabe.
Y quizá ese sea el mayor valor de Lascaux: seguimos sin entender del todo qué querían contar quienes la pintaron
Morir de éxito: la cueva no pudo soportar la fama
Durante 17.000 años, Lascaux permaneció intacta. Pero no pudo sobrevivir a los humanos.
Tras abrir al público en 1948, llegó a recibir hasta 1.800 visitantes al día. Cada persona introducía dióxido de carbono, calor y humedad en un entorno que llevaba milenios en equilibrio.
En pocos años aparecieron algas y hongos que empezaron a dañar las pinturas.
En 1963, el gobierno francés tomó una decisión radical: cerrar la cueva al público para siempre. pero el cierre no resolvió del todo el problema.
Años después, la cueva sufrió nuevas amenazas, como la aparición de hongos que obligaron a aplicar tratamientos químicos e incluso se empezó a monitorizar el ecosistema.
No puedes ver la original, pero sí una réplica
Ante la imposibilidad de abrir la cueva, Francia optó por una solución innovadora: crear réplicas casi exactas.
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Lascaux II (1983)
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Lascaux III, exposición itinerante
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Lascaux IV (2016), una reproducción completa con tecnología avanzada
Hoy, miles de visitantes recorren estas versiones mientras la original permanece cerrada y protegida.







