Juan Antonio Sandoval
Santander, (EFE).- El heroísmo de Damián Castaño, que compareció en la Plaza de Santander cuatro días después de la cornada en el gemelo derecho sufrida en Mont de Marsan, sacudió los cimientos de Cuatro Caminos en la cuarta de la Feria de Santiago. Una faena elegante de David Galván puso el contrapunto, en un encierro de Miura bien presentado. Manuel Escribano pechó con un lote muy opaco.
Sonó la hora de las emociones fuertes en el tercero. Granujito, largo como un tren de mercancías, de largo y elástico cuello y abierta cornamenta, cantó la gallina en un segundo puyazo del que salió despavorido.
Damián Castaño, con la herida fresca, se ancló en los medios, le dio veinte metros de distancia y se la puso ahí delante. Todas las ventajas para el toro, que se vino como un obús. A medida que se sucedían los derechazos, vibrantes, el viaje se acortaba, el círculo se cerraba y la embestida era más corta y recta.
Vista la maldad del de Miura, que ya se había orientado, se imponía un cambio de planteamiento. Pero Castaño siguió por el mismo palo. En el tercer muletazo de la serie siguiente se le vino mirando y vencido, y lo cogió con violencia.
Castaño volvió del trance visiblemente mermado. Sin la chaquetilla, y por el otro pitón también infernal, cada cite era una invitación a la cornada. Con la temeridad propia de los héroes siguió intentando llevarlo en redondo, a merced de las coladas y los arreones. Fue un milagro que no volviera a prenderlo.
Sin dominar, entero, no cuadraba para la muerte. Tras un pinchazo al encuentro, un grito atronador festejó la gran estocada, arriba, que tumbó al miureño. El palco presidencial concedió una oreja de ley.
El sexto le dejó el resquicio de su pitón derecho para estar a gusto, valga la expresión. Por ahí lo ligó, con la paliza a cuestas. El fallo a espadas se llevó la puerta grande.
Se devolvió el primero, inválido, y salió en su lugar el que iba a ser cuarto. Manuel Escribano clavó un par de banderillas al quiebro y al violín de riesgo máximo. El poder de Jarito era nulo. O la falta de raza, vaya usted a saber. El caso es que deslizaba suavón en la muleta mas no era capaz de perseguirla dos veces consecutivas.
El sobrero de El Pilar (4º) nunca quiso ir de verdad hasta el final. Escribano, que se fue a portagayola, escuchó una gran ovación del público en pie tras un par al quiebro que arrancó sentado en el estribo. Y un aviso antes de entrar a matar (metisaca y espadazo desprendido). Entre medias, el gran esfuerzo de echar para adelante una embestida remisa y la sensación de haberse impuesto totalmente desde los terrenos del toro.
David Galván dio trato exquisito a Alcusito, que se había colado con descaro en los capotes del peonaje. Dio la impresión de buscar la zona del ruedo menos removida y más compacta, el tercio del 6 y los medios. Allí lo engatusó siempre con mimo, desde su natural y majestuosa verticalidad. A media altura respondió el de Zahariche, repetidor y con cierta duración.
El buen trato dispensado por Galván pareció tapar los defectos del toro. Se sucedieron las series con las notas comunes del temple, la elegancia y la medida. En el momento justo se fue a por la espada, que enterró a medias. Demasiado leve se antojó la petición de oreja.
Al áspero quinto le faltó un segundo puyazo. Tragaba dos de aquella manera y al tercer muletazo, haciendo hilo, ya olía la presa. Al fin, y sin consecuencias, cazó a Galván. Que se eternizó buscando el natural imposible.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de Cuatro Caminos. Cuarto festejo de abono de la Feria de Santiago de Santander.
Seis toros de Miura y uno de El Pilar, cuarto, sin fondo. Los de Miura, bien presentados: el primero bis, vacío; repetidor con duración, a media altura, el segundo; manso con peligro descarado el tercero; sin entrega el cuarto; áspero y orientado el quinto; de pitón derecho aprovechable el sexto.
Manuel Escribano: Pinchazo, estocada arriba, saludos; aviso, metisaca, estocada desprendida, petición escasa, saludos.
David Galván: Media estocada desprendida, leve petición, saludos; sablazo que enhebró al toro, aviso, descabello, silencio.
Damián Castaño: Pinchazo al encuentro, estocada arriba, oreja; pinchazo, estocada desprendida, vuelta al ruedo.
Saludó Juan Carlos Rey tras un par de gran exposición al quinto.
Tres cuartos de entrada. EFE
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