Por Eduardo Arredondo
El Centro de Chihuahua apenas comenzaba a moverse cuando tres hombres entraron a una joyería.
No iban a comprar.
En cuestión de segundos, el empleado estaba sometido, amarrado de pies y manos y encerrado en un cuarto.
Después vino el silencio.
Los hombres comenzaron a tomar las piezas.
Joyas del establecimiento. Artículos de clientes. Pertenencias del propio empleado.
El valor estimado: 4 millones 325 mil pesos.
Y entonces ocurrió algo extraño.
Los tres salieron.
A pie.
Sin una persecución. Sin disparos. Sin una fuga espectacular.
Simplemente caminaron y desaparecieron entre las calles del Centro.
UNA ESCENA SIN RESPUESTAS
Cuando el empleado pudo pedir ayuda, los responsables ya estaban lejos.
Las cámaras comenzaron a ser revisadas.
Un rostro.
Una ruta.
Un vehículo.
Cualquier detalle podía convertirse en la primera pista.
Las autoridades también investigan la posible participación de una cuarta persona, quien habría ayudado en la huida.
Hasta ahora, sin embargo, no se ha establecido públicamente quiénes son los responsables.
Un vehículo relacionado con el caso ya fue asegurado, pero todavía quedan demasiadas preguntas.
¿Conocían el negocio?
¿Sabían cuándo entrar?
¿Alguien les proporcionó información desde dentro?
¿Fue un golpe planeado durante días?
¿O todo ocurrió de manera improvisada?
EL ROMPECABEZAS
En el Centro, la actividad continuó como si nada.
Pero dentro de la joyería quedó una escena que ahora forma parte de una investigación: vitrinas revisadas, mercancía desaparecida y un empleado que vivió el momento más difícil de aquella mañana.
Los investigadores tienen imágenes y algunos indicios.
Lo que todavía no tienen es la respuesta principal.
¿Quiénes fueron?
Por ahora, nadie lo sabe.
Más de cuatro millones de pesos desaparecieron en cuestión de minutos.
Los responsables se fueron caminando.
Y dejaron detrás una historia llena de preguntas.







