El asiento de inodoro nuevo
En mis paseos cotidianos encontré un asiento de inodoro nuevo.
Es raro se encuentre con algo útil en ese año de enojo.
Ah, sí, los pechos, los culos bonitos, pero los hay por todas partes,
Pero este trono, libre y limpio… ¡Y sin ni un solo loco!
Al menos, ustedes doy las gracias
Es una pena, querido pez, que tengas que morir para que yo pueda comer.
No es en absoluto mi deseo, aunque reconozco mi necesidad.
Y tú, la baya que hay que recoger, las uvas que pisamos,
Los tubérculos a quien apunta la azada… Al menos, ustedes doy las gracias.
La mosca
La mosca que flotaba en la taza del retrete
no tenía nada de que preocuparse.
Había vivido con miedo y huyendo,
pero ahora, antes de la descarga,
no pensaba ni en por qué,
las bailes y las peleas.
No pensaba en el ala
que vibraba de amor.






