Cuatro muertos en un día y el país que se acostumbra
Por Eduardo Arredondo
Cuatro personas asesinadas en un solo día en Chihuahua no son, tristemente, una anomalía. Son parte de la estadística cotidiana que el país consume cada mañana en informes de seguridad, gráficas y promedios nacionales que terminan por diluir la gravedad de los hechos. El reporte del 22 de enero, presentado por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, vuelve a exhibir esa normalización: 46 homicidios en el país, cuatro de ellos en territorio chihuahuense.
El informe federal señala que la cifra nacional estuvo por debajo del promedio mensual. Como si esa comparación ofreciera algún consuelo. Como si cuatro asesinatos en un día pudieran relativizarse porque el número no fue mayor. Baja California, Jalisco y Morelos encabezaron la lista; Chihuahua apareció enseguida, empatado con otras entidades. Un lugar más en el ranking de la violencia.
Detrás del número frío están los hechos concretos. En Ciudad Juárez, un hombre de 76 años fue hallado degollado en la colonia Ampliación Fronteriza. En la capital del estado, tres escenas distintas: una ejecución directa en Granjas Cerro Grande, un cuerpo calcinado abandonado en un camino de terracería en Sierra Azul y otro homicidio más en la colonia Villa. Cuatro muertes, cuatro historias truncadas, un mismo patrón de impunidad.
A esa cuenta se suma, aunque sin confirmación oficial, el hallazgo sin vida de Francisco Díaz Herrera, un joven de 18 años desaparecido en Coyame del Sotol desde el 6 de enero. Su caso no apareció en el informe diario, pero sí en las redes sociales, donde la tragedia suele conocerse antes que en los comunicados oficiales. El mensaje del padre, renunciando a la venganza y dejando todo “en manos de Dios”, es quizá uno de los retratos más crudos de la resignación social.
Mientras tanto, la violencia no se limita a los homicidios. En la carretera Vía Corta Parral–Chihuahua, un conductor fue despojado de su camioneta por sujetos armados. Otro hecho más que confirma que transitar por algunas rutas del estado se ha convertido en un acto de riesgo calculado, especialmente para quienes se detienen unos minutos a descansar o revisar el vehículo.
Los informes de seguridad cumplen su función administrativa: contar muertos, fijar cortes horarios, comparar promedios. Pero fuera de esas tablas, la realidad es más incómoda. Chihuahua sigue sumando víctimas, los caminos siguen siendo inseguros y los homicidios continúan ocurriendo sin que la sociedad vea un quiebre real en la tendencia.
Cuatro muertos en un día no deberían ser un dato más. El verdadero problema es que, en este país, ya lo son.







