Controversial …
Un bloqueo contra el mundo
El capricho de un hombre disonante.
Por: Raúl Sabido
“Era imposible que la mesa de negociaciones impulsada por Pakistán llegara a buen puerto. No por falta de voluntad de sus liderazgos, que intentaron jugar el papel de mediadores, sino porque las partes involucradas nunca tuvieron la mínima confianza, ni la honorabilidad necesaria, para construir un acuerdo. Lo que se vivió fue más un diálogo entre sordos que un verdadero proceso de búsqueda de la paz”
> El fracaso, sin embargo, no sorprendió a nadie:
Estados Unidos, desde siempre, buscaba ese desenlace y que se observaba desde su pliego petitorio. La administración Trump lo dejó claro: “si no había acuerdo, poco importaba”, así lo manifestó el presidente de los Estados Unidos. La alternativa ya estaba sobre la mesa: incautar y vender el petróleo que saldría por el estrecho de Ormuz a quien haya cubierto las normas establecidas por los iranies, esta jugada se podría apetecer como “inteligente” pero que en realidad esconde un cálculo mercantil, gandalla, abusivo, unilateral y egoísta…. Tomar el petróleo que salga de Ormuz y apoderarse de él, como se apoderó del petróleo Venezolano, pero…… de lejitos de Irán. Tomar lo ajeno.
La advertencia lanzada por Trump es otra más en una larga lista, declaró: “que iba a bloquear todo tráfico que salga del estrecho de Ormuz, incautar los buques, que cumplieron las reglas iranies y, a quienes intenten esquivarse, serán hundidos”. Una medida que, paradójicamente, golpea directamente a sus propios aliados: los países del Golfo Pérsico y los europeos, que dependen de ese flujo energético. El riesgo es aún mucho mayor porque si Rusia, China y Corea del Norte deciden custodiar la salida del estrecho, sería lo que abriría la puerta a un enfrentamiento naval de proporciones globales.
Trump quiere golpear a Irán, aunque en el camino arrastre al 30% del mercado mundial de energéticos, esta furioso porque no logró sus cometidos, no intimidó, no asustó. Es un intento de hacer de lejos lo que no pudo lograr de cerca. Pero la consecuencia es clara: más que una solución al conflicto, lo que se dibuja es un panorama bélico global que, por supuesto, beneficia a sus amigos de la industria armamentista y petrolera estadounidense, ofertará el petróleo estadounidense (venezolano) a quienes no tendrán el petróleo del medio oriente a precios altísimos.
> La falta de estrategia inteligente es evidente:
No se tomó en cuenta cómo se podría abastecer al mercado asiático cuando la infraestructura petrolera estadounidense sigue concentrada en el Golfo de México. El resultado, en consecuencia, sería un incremento aún más fuerte en los precios de los energéticos. Estados Unidos ha golpeado la infraestructura petrolera de Irán, pero Irán sigue vendiendo petróleo y eso no le gusta a Trump. Pero los que realmente se ahorcan con esta decisión son los socios y aliados de Washington: Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Qatar, Irak, Kuwait… incluso Israel, su principal socio, y cómplice estratégico, quedaría sin suministro.
Al final, lo que se impone no es una política de Estado ni una visión de largo plazo, sino el capricho de un solo hombre disonante. Y ese capricho amenaza con arrastrar al mundo entero hacia una tormenta que nadie pidió, pero que todos tendrán que enfrentar y pagar, y mientras Trump y sus amigos se enriquecen, el resto del mundo entra en una espiral inflacionaria, de carencias, de desempleo y caminarán a la pobreza.
> El acto de piratería:
Interceptar buques en aguas internacionales, una vez que han cumplido con las reglas de tránsito del estrecho de Ormuz, constituye un acto de PIRATERIA de Estado . No es un bloqueo formal declarado en el marco de un conflicto armado, ni una acción amparada por resoluciones internacionales. Es la apropiación forzada de embarcaciones comerciales bajo la amenaza de incautación o hundimiento.
> Violación del derecho marítimo:
La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar establece que los buques tienen libertad de navegación en aguas internacionales. Interceptarlos sin mandato internacional es ilegal.
Interceptar barcos en aguas internacionales por Estados Unidos equivale a PIRATERIA de Estado . Las consecuencias son serias en los bolsillos de los consumidores de este planeta porque las aseguradoras elevarán primas, el transporte marítimo se encarecerá y el comercio energético global se volverá más incierto, subirán los precios, se disparará la inflación, las economías del mundo se paralizarán. Dejan a los buques sin opción alguna porque si pagan los Estados unidos los detienen y si evaden los hunden, si no pagan en Ormuz, los iranies los hunden.
> Piratería con bandera nacional:
La diferencia con las acciones iranies en Ormuz.
El acto de interceptar buques tras su salida de Ormuz no es una medida de presión legítima, sino un acto de piratería con bandera nacional. La marina estadounidense, al ejecutar esta orden, se colocaría en el terreno de la ilegalidad internacional, minando, aún más, la credibilidad de Washington y generando un precedente que amenaza la seguridad de todas las rutas marítimas del mundo.
Europa, ante esta amenaza, dijo que no acompañara a los Estados Unidos y, como resultado de las acciones de Trump, los Estados Unidos cada vez están más solos, poderoso sí, pero solo en el concierto de las naciones involucradas, por supuesto hay vasallos como Argentina y algunos otros en la America Latina.
> Golpe fortísimo a aliados:
Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Irak, Kuwait y Europa verán cortadas sus exportaciones y suministros. Incluso Israel quedaría expuesto. Los más afectados en el medio oriente son las Petro monarquías más ricas del mundo, pero poco le habrá importado a Trump.
> Amenazar la vida de los negociadores iranies:
Cuando se amenaza a negociadores con asesinato, no se trata de justicia ni de castigo, sino de un acto arbitrario que pretende borrar voces incómodas. Y aquí surge la pregunta inevitable: ¿quién otorga a un líder político el poder de decidir, desde su propia “moralidad”, quién merece vivir y quién debe ser eliminado?
El contraste entre ejecutar y asesinar se vuelve clave. La ejecución, por más cuestionada que pueda ser, se ampara en un marco institucional. El asesinato, en cambio, es la negación absoluta de la ley, un acto de fuerza disfrazado de moralidad personal. Cuando un gobernante se arroga ese derecho, lo que se pone en juego no es solo la vida de individuos, sino la legitimidad misma del orden político.
Así, la reflexión final podría señalar que ningún poder debería descansar en la voluntad de un solo hombre, y menos cuando es disonante, porque cuando la frontera entre justicia y asesinato se borra, lo que queda es la arbitrariedad de la fuerza. Y esa arbitrariedad, más que proteger, destruye la esencia de la diplomacia, del derecho y de la convivencia internacional.
> “Estamos a punto de entrar en una era marcada por la piratería de estado, con una ONU acobardada y sumisa, y un juez supremo omnipotente que, guiado únicamente por su propio albedrío, decide quién merece vivir y quién debe morir.”







