*Controversial…*
*Un apagón anunciado*
La negligencia en la prevención de crisis energéticas.
Por: Raúl Sabido.
En Noviembre del 2021 los medios de comunicación y redes españoles se hacían esta pregunta: “El miedo a que un gran apagón eléctrico llegara a España”
¿Es una posibilidad real?” se preguntaban.
*Ahora en 2025 la realidad los alcanzó*
El apagón masivo que dejó sin electricidad a millones de personas en España, Portugal y partes de Francia el 28 de abril de 2025 no es solo un evento desafortunado; *es el resultado de años de negligencia en la planificación, inversión y supervisión de las infraestructuras eléctricas*. Este incidente, que paralizó ciudades enteras, interrumpió servicios esenciales y expuso la fragilidad de las redes eléctricas, es un recordatorio de las consecuencias de ignorar las señales de advertencia y de anteponer el lucro sobre la seguridad nacional.
*La fragilidad de las redes eléctricas*
La Península Ibérica, al igual que gran parte de Europa, depende de una red eléctrica interconectada que, aunque eficiente en teoría, es extremadamente vulnerable a fallos en puntos críticos en la realidad. En este caso, una fuerte oscilación en el flujo de potencia de la red eléctrica ibérica provocó la desconexión del sistema del resto de Europa. Este tipo de oscilaciones no son fenómenos nuevos; los expertos han advertido durante años sobre la necesidad de reforzar la estabilidad de las redes eléctricas frente a fluctuaciones de carga, fenómenos climáticos extremos y posibles ciberataques.
*Las inversiones en infraestructura eléctrica han sido insuficientes.*
En España, por ejemplo, los presupuestos destinados al mantenimiento y modernización de la red han disminuido en la última década, mientras que la demanda de electricidad ha seguido creciendo. La falta de redundancia en las líneas de alta tensión y la dependencia de sistemas obsoletos han dejado a la red vulnerable a interrupciones masivas.
*El impacto de la falta de planificación*
El apagón también puso de manifiesto la falta de planificación para emergencias. A pesar de que los operadores eléctricos activaron planes de reposición del suministro, la recuperación total podría tardar entre seis y diez horas y tal vez más. *Este tiempo es inaceptable* en un contexto donde hospitales, aeropuertos y sistemas de transporte público dependen de un suministro eléctrico constante. La ausencia de protocolos claros para mitigar el impacto inmediato del apagón, como la gestión del tráfico vehicular o la evacuación de trenes detenidos, agravó aún más la situación.
*Ciberseguridad, una amenaza ignorada*
Aunque las autoridades han descartado preliminarmente un ciberataque como causa del apagón, este incidente resalta la vulnerabilidad de las infraestructuras críticas frente a amenazas digitales. En un mundo cada vez más interconectado, *la seguridad cibernética de las redes eléctricas debería ser una prioridad absoluta*. Sin embargo, los esfuerzos en esta área han sido fragmentados y reactivos, dejando a los sistemas expuestos a posibles sabotajes.
*Lecciones no aprendidas*
Este no es el primer apagón de gran magnitud en Europa. Incidentes previos, como el apagón en Italia en 2003 o los cortes de energía en el Reino Unido en 2019, ya habían señalado la necesidad de reforzar las infraestructuras eléctricas y mejorar la coordinación entre países. Sin embargo, las lecciones de estos eventos no se han traducido en acciones concretas. La falta de inversión en tecnologías avanzadas, como sistemas de almacenamiento de energía y redes inteligentes, ha perpetuado un modelo energético que no está preparado para enfrentar los desafíos del siglo XXI.
*El costo de la inacción*
El apagón del 28 de abril no solo tuvo un costo económico significativo, con pérdidas millonarias en sectores como el transporte y el comercio, sino que también afectó la vida cotidiana de millones de personas. Desde pacientes en hospitales que dependían de generadores de emergencia hasta ciudadanos atrapados en trenes detenidos, *el impacto humano de esta crisis es incalculable*.
*Un llamado a acciones inmediatas*
Este evento debe ser un punto de inflexión. Los gobiernos de España, Portugal y Francia, junto con la Unión Europea, deben priorizar la modernización de las infraestructuras eléctricas, aumentar las inversiones en Ciberseguridad y desarrollar planes de contingencia más robustos. *La transición hacia fuentes de energía renovable, aunque esencial, debe ir acompañada de medidas para garantizar la estabilidad y resiliencia de las redes eléctricas*.
El apagón de 2025 no fue un accidente inevitable; fue el resultado de decisiones y omisiones que pueden y deben corregirse. La pregunta ahora es si los responsables tendrán la voluntad política y la visión necesaria para evitar que una crisis como esta vuelva a ocurrir.
*Pero Vayamos a quienes son los responsables*
Las redes eléctricas en España, Portugal y Francia son administradas por operadores nacionales que garantizan el suministro y la estabilidad del sistema eléctrico y son:
*En España*
El operador principal es Red Eléctrica de España (REE), que forma parte de Redeia Corporación, S.A. REE se encarga de gestionar el sistema eléctrico nacional y garantizar la continuidad del suministro. Opera el Centro de Control Eléctrico (Cecoel), que supervisa la producción y el consumo de energía en tiempo real.
*En Portugal*
En Portugal, el sistema eléctrico es gestionado por E-Redes, anteriormente conocida como Redes Energéticas Nacionais (REN). E-Redes supervisa la distribución y transmisión de electricidad en el país, asegurando la conexión con la red europea.
*En Francia*
El operador de la red eléctrica en Francia es RTE (Réseau de Transport d’Électricité). RTE administra la transmisión de electricidad en alta tensión y coordina el suministro eléctrico en todo el país. También juega un papel clave en la interconexión con otros países europeos.
Estos operadores trabajan en colaboración con la red interconectada europea, gestionada por ENTSO-E, para garantizar la estabilidad y el intercambio de energía entre países.
*Participación accionaria de las empresas*
La transmisión.
Las empresas que administran las redes eléctricas en España, Portugal y Francia tienen estructuras mixtas, con participación pública y privada:
*En España*
Red Eléctrica de España (REE) es una empresa de capital mixto. El 20% de sus acciones pertenece a la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), que es propiedad del Gobierno de España. *El resto, 80%, está en manos de capital privado*.
*En Portugal*
E-Redes, anteriormente conocida como EDP Distribución, es una subsidiaria de EDP (Energías de Portugal). Aunque EDP comenzó como una empresa estatal, *actualmente es una empresa de capital privado, con accionistas nacionales e internacionales*.
*En Francia*
RTE (Réseau de Transport d’Électricité) es una empresa de servicio público, pero su estructura accionarial es mixta. *La mayoría de sus acciones están en manos de EDF (Électricité de France), que es parcialmente propiedad del Estado francés (50.1%)*, mientras que el resto pertenece a entidades privadas como la Caisse des Dépôts et Consignations y CNP Assurances (49.9%).
Estas empresas operan bajo regulaciones gubernamentales estrictas (¿), dado que gestionan infraestructuras críticas para la seguridad energética (¿) y económica de sus respectivos países, *pero en esta ocasión les fallo y el apagón lo ha exhibido*.
*Una vez más los españoles sufren la voracidad de las empresas privadas que les suministran y distribuyen energía eléctrica*.
*Reflexiones para México*
El reciente apagón eléctrico que afectó a España, Portugal y Francia es una llamada de atención para aquellos que, dentro de la oposición, han impulsado la idea de entregar el control del suministro energético a empresas privadas, especialmente extranjeras. Este apagón expone las vulnerabilidades de los sistemas interconectados cuando no hay un control estratégico estatal que priorice la soberanía energética y el bienestar de la población *sobre los intereses comerciales y de lucro*.
En México, el debate sobre la privatización del sector energético no es nuevo. La experiencia internacional demuestra que, sin una regulación efectiva y sin la capacidad del Estado para garantizar la estabilidad y el suministro continuo de energía, el riesgo de crisis aumenta exponencialmente.
*La energía no es solo un bien de consumo; es un pilar de la seguridad nacional y un recurso estratégico que debe ser administrado con visión de largo plazo, algo que difícilmente puede garantizarse si su gestión depende exclusivamente de actores privados motivados por el lucro*.
Una vez más las realidades destruyen el discurso de los opositores en México.







