Controversial …
Reflexiones diarias.
LEALTADES DE NÓMINA
El precio de una palabra
“Hay convicciones que nacen de las ideas y lealtades y que tienen su origen en la conciencia; pero también existen las lealtades de nómina que son aquellas cuya fidelidad dura exactamente lo que tarda en llegar el siguiente sobre. ”
> LEALTAD
Pocas palabras han sido tan pronunciadas en política y tan poco respetadas. Ser leal no significa obedecer. Tampoco significa aplaudir, guardar silencio o defender a alguien porque conviene hacerlo. La lealtad verdadera tiene algo incómodo: la de sobrevivir cuando desaparece el beneficio.
Porque mientras existe el cargo, el contrato, la cercanía con el poder o cualquier otra forma de recompensa, resulta demasiado fácil confundir gratitud con lealtad, conveniencia con convicción y acompañamiento con fidelidad.
La prueba comienza precisamente cuando todo eso desaparece.
Y en Chihuahua se comienza una etapa electoral, y esto ofrece un escenario extraordinario para observarlo: las plumas y los monos obvios.
El reciente proceso interno de Morena puso frente a frente distintos proyectos y aspiraciones. En junio se registraron varios perfiles para buscar la coordinación estatal, entre ellos Andrea Chávez Treviño, Cruz Pérez Cuéllar, Martín Chaparro Payán y Luis Carlos Arrieta Lavenant; posteriormente, el 28 de septiembre, distintos medios reportaron la designación de Cruz Pérez Cuéllar como coordinador estatal porque “ganó” la encuesta conveniente.
Pero los procesos políticos no solamente exhiben la fuerza de quienes compiten, sino que también permiten mirar alrededor y es allí, donde aparecen las lealtades de nómina.
> LOS HOMBRES DE NEGRO
Durante años ha existido alrededor de la política mexicana una sospecha corrosiva que deteriora por igual a políticos y medios: la posibilidad de que ciertas opiniones públicas no nazcan exclusivamente de convicciones editoriales.
Entonces aparece aquella vieja caricatura que podríamos llamar, con inevitable ironía, “los hombres de negro”. No los de Hollywood porque estos serían personajes mucho más discretos.
Llegan sin extraterrestres, sin efectos especiales y, según las historias que suelen circular alrededor del poder, con algo bastante más terrenal: EL SOBRE.
> ESE SOBRESITO
Es ese pequeño rectángulo que, cuando existe, puede convertirse en un extraordinario suavizante editorial que cambia opiniones.
De pronto la crítica pierde filo. La columna y el mono descubren defectos antes invisibles. El cartón encuentra defectos donde ayer encontraba aciertos. Las redes sociales amanecen negativas y algunos micrófonos desarrollan una admirable capacidad para encontrar culpables y sentenciarlos cuando antes encontraban explicaciones y defensa.
Hasta que llega el problema inevitable: El sobre deja de llegar.
Y, es entonces cuando ocurre el milagro inverso. La crítica se intensifica: desacredita, ofende, humilla, se burla apareciendo la indignación.
El lápiz afilo repentinamente el filo, la columna descubre atrocidades que aparentemente habían permanecido ocultas y el micrófono recupera una valentía que, curiosamente, parecía encontrarse temporalmente extraviada.
Y aquí debemos detenernos.
Porque criticar al poder es indispensable. Investigar a un político es obligación periodística. Exigir cuentas es saludable. Y ningún gobernante puede pretender comprar inmunidad frente al escrutinio público, dice la decencia y algunos cuentos guajiros.
Pero existe una diferencia gigantesca entre golpear al poder porque merece ser cuestionado y golpearlo para recordarle que debe pagar, dice la indecencia.
> “PEGALES PARA QUE TE PAGEN”
Existe una frase brutal atribuida muchas veces al cinismo que rodea ciertas relaciones entre medios y política: “ Pégales para que paguen.”
Y como esa lógica existe, entonces ya no estamos hablando de periodismo crítico. Estamos hablando de otra cosa totalmente contraria, el mercantilismo de la información.
Porque cuando un medio cambia su severidad dependiendo de si existe o no beneficio económico deja de medir al político con la vara de los hechos para comenzar a medirlo con la profundidad de su bolsillo.
Y allí muere la credibilidad.
No porque un periodista deba ser agradecido con un político. Un periodista honesto no compromete gratitud editorial a ningún gobernante, lo inverso en el deshonesto cuando fluye al bolsillo.
Precisamente por eso tampoco debería deberle indulgencia.
* Ni antes.
* Ni durante.
* Ni después.
Si ayer alguien era extraordinario mientras existía una relación económica y hoy resulta despreciable exactamente después de terminar esa relación, la sociedad tiene derecho a hacerse una pregunta elemental:
¿Cambió el político, o cambió la nómina?
> EL SOBRE NO DEBE COMPRAR LELATADES
Y aquí está la contradicción más interesante:
• Quien paga esperando lealtad comete un error.
• Quien cobra prometiéndola comete otro todavía más miserable.
Porque lo comprado jamás será lealtad. Será alquiler.
La verdadera lealtad política puede equivocarse, disentir e incluso romper. Pero tiene raíces en principios, afectos, compromisos o convicciones. La lealtad comprada solamente tiene fecha de vencimiento.
• Dura mientras dura el beneficio.
• Después comienza la factura.
Por eso quizá el problema no sean solamente los sobres.
El verdadero problema aparece cuando alguien llega a creer que el sobre constituye un derecho adquirido.
Cuando aquella entrega periódica deja de percibirse como favor y comienza a sentirse convenientemente como salario y entonces su ausencia produce resentimiento.
Y el resentimiento puede disfrazarse fácilmente de independencia editorial.
Pero el centro de esta historia no está en demostrar cómo circuló cada sobre, sino en señalar la conducta que produce: la complacencia mientras llega el dinero y la hostilidad cuando deja de llegar.
No se trata aquí de abrir un expediente ni de reconstruir la ruta de cada billete. Se trata de nombrar una práctica: convertir la opinión en mercancía, la indulgencia en servicio y el ataque en instrumento de presión cuando el dinero deja de llegar.
La conducta se delata en su propia contradicción: ayer todo merecía comprensión; hoy todo merece condena. No porque hayan cambiado necesariamente los hechos, sino porque cambió la conveniencia.
> LEALTADES DE NÓMINA
Quizá los procesos electorales tengan una virtud que pocas veces apreciamos.
Cuando termina la competencia no solamente sabemos quién ganó y quién perdió. También descubrimos quién acompañaba por convicción, quién por interés y quién simplemente esperaba que llegara determinada fecha del mes.
Porque el dinero podrá:
• Comprar silencio.
• Podrá comprar indulgencia.
• Tal vez pueda comprar elogios, fotografías, publicaciones y repentinas oleadas de simpatía.
Lo único que jamás podrá comprar es lealtad, el político quizá se equivoca y el periodista y monero pudiera no practicarla jamás.
Porque cuando una lealtad necesita depósito, contrato o sobre para sobrevivir, tiene otro nombre: NOMINA, como la que alguna vez fue llamada “Nomina de Duarte” que logró cambiar a principios y lealtades.
Y cuando la nómina termina y comienza el golpeteo, quizá no estemos presenciando el nacimiento de una conciencia crítica.
Tal vez solamente estemos escuchando el ruido que hace un sobre cuando dejó de llegar.







