Controversial …
Dominical.
> Ernesto Ruffo Appel.
Un “marrano” muy trompudo.
Por: Raúl Sabido.
” El país sangra por dos heridas: el robo del crudo y el huachicol fiscal; juntos forman la maquinaria perfecta del saqueo impune.”
> “Hay que ser marranos, pero no trompudos”
El dicho suena rudo, pero encierra una advertencia política: hay corruptos que se ensucian, cruzan límites y se meten al fango para enriquecerse; pero cuando además son trompudos, cuando presumen, se exhiben y creen que nadie los alcanzará, terminan delatándose solos.
“Ser marrano es ensuciarse en el fango del poder; ser trompudo es exhibirlo con arrogancia, sentirse impune y despreciar a los demás”.
Aplicado a la corrupción, el dicho cobra un sentido brutal: los saqueadores del erario no caen únicamente por el delito, sino por la arrogancia de exhibirlo. Su boca grande, su engreimiento y su estupidez los delatan tanto como sus manos sucias.
> Ernesto Ruffo Appel: el trompudo visible.
Desde hace un año, las autoridades judiciales ya habían identificado presuntas responsabilidades de Ernesto Ruffo. Las imputaciones son tan graves que deberían leerse como parte del “modus operandi” de un sujeto que formaría parte de un entramado de saqueo al país por partida doble. Lo grave, sin embargo, no es solo el nombre de un personaje, sino la red económica, aduanal, judicial, política y binacional que este caso permite señalar.
La detención de Ernesto Ruffo Appel revela apenas la punta de un iceberg: el decomiso en Coahuila de 129 ferro tanques con más de 15 millones de litros de combustible presuntamente ilegal muestra que detrás del llamado huachicol fiscal no puede haber un solo hombre, sino toda una estructura empresarial, aduanal, financiera, judicial y política.
El “modus operandi” señalado por las autoridades es simple y escandaloso: declarar apenas una fracción de la carga real —por ejemplo, reportar 10,000 litros cuando se transportaban hasta 110,000— o introducir combustibles bajo fracciones arancelarias distintas para evadir impuestos. El golpe al erario, solo por lo incautado en Coahuila, se estima en más de 400 millones de pesos.
Ruffo habría utilizado las fronteras de Tamaulipas para el cruce del “huachicol fiscal”. Además, durante las investigaciones que llevaron a su detención, se le detectaron movimientos financieros por más de 1,400 millones de dólares.
Por eso la detención de Ruffo Appel es simbólica, pero insuficiente. Si la investigación se queda en la figura visible, el cuerpo entero del animal seguirá escondido en el fango: empresas fachada, socios legales, agentes aduanales, aduanas, transportistas, bancos, financieras y funcionarios que hicieron posible el saqueo.
Ruffo puede ser la trompa visible del marrano, pero el sistema es mucho más grande. Y mientras se castigue solo al personaje de portada, la red seguirá respirando por debajo de la tierra.
Lo más grave es que el huachicol fiscal puede ser solo una parte del saqueo. Si al contrabando de combustibles se suma la extracción ilegal de crudo, su salida fraudulenta hacia Estados Unidos, su refinación allá y su retorno irregular a México, entonces estamos ante un círculo perfecto de despojo: se roba el petróleo, se evade al fisco, se vulnera la soberanía energética y se le vende al país lo que ya era suyo. Estos ladrones serían responsables, en buena medida, de la delicada situación financiera de PEMEX. El daño al país es enorme.
> El saqueo a PEMEX y al país ha durado 36 años.
No hablamos de ladrones de poca monta, sino de corporaciones, operadores logísticos y estructuras con capacidad de importar, transportar, refinar, distribuir y lavar ganancias. Esa dimensión binacional obliga a preguntar si parte de esos recursos terminó financiando campañas, comprando silencios o garantizando impunidad en ambos lados de la frontera.
Las autoridades judiciales han determinado responsabilidades firmes y las imputaciones derivan de señalamientos investigados desde hace un año. Pero la pregunta política permanece: ¿quién permitió que una red así creciera durante 36 años?, ¿Quién la protegió?, ¿Quién miró hacia otro lado desde aduanas, empresas, bancos, PEMEX, las instancias judiciales o el gobierno federal?, ¿qué responsabilidad tienen directamente los miembros del Consejo de Administración de PEMEX, si por sus narices contables pasaba este saqueo?
Era fácil detectarlo desde PEMEX mediante compulsas, confrontaciones de compraventa y revisión del consumo en su red de distribución, pero nunca lo hicieron. Si a PEMEX le compraban 5 litros, pero los distribuidores vendían 10, ¿Quién les vendía los otros 5?
Cada barril robado y cada peso evadido son una escuela que no se construye, un hospital que no se equipa, una carretera que no se repara. No es solo corrupción: es crimen contra la nación. Es quitarle al pueblo lo que le pertenece para convertirlo en fortunas privadas, protección política y negocios transnacionales.
Esto no nació ayer. Viene de décadas de privatizaciones encubiertas, de negocios paralelos —como PEMEX Internacional—, de funcionarios convertidos en socios y de una cultura de saqueo que aprendió a disfrazarse de legalidad. Por eso el caso Ruffo Appel no debe verse como anécdota judicial, sino como síntoma de una enfermedad nacional. El marrano fue trompudo, sí; pero si de verdad se quiere justicia, hay que encontrar al animal completo, sacarlo del fango y exhibirlo ante el país.







