Chihuahua exige justicia y soberanía
Por [EDUARDO ARREDONDO DELGADO] Movilización pacífica acusa a la gobernadora María Eugenia Campos de traición a la patria
Chihuahua despertó este sábado con el rugido de miles de ciudadanos que marcharon, pacíficamente, desde la Glorieta de Pancho Villa hasta el Palacio de Gobierno. No fue una movilización cualquiera: fue la Marcha por la Seguridad, la Paz y la Defensa de la Soberanía, un llamado claro al respeto de la ley y al deber de proteger a quienes habitamos esta tierra.
Pese a los bloqueos que intentó imponer el gobierno de María Eugenia Campos y Acción Nacional, el pueblo se hizo sentir. Fueron 20 mil voces, algunas impedidas de llegar desde Delicias por los retenes estatales, pero que marcharon en sus municipios, unidas en un mismo reclamo: la seguridad de Chihuahua está en riesgo y los responsables deben rendir cuentas.
Frente al Palacio de Gobierno, Ariadna Montiel, presidenta nacional de Morena, no midió palabras. Señaló a Campos Galván por violar la soberanía y el pacto federal, por permitir la entrada de agentes extranjeros y por el uso indebido de la Fiscalía estatal para eliminar pruebas de un operativo que costó la vida a cuatro policías. La acusación fue contundente: “Será juzgado quien tenga que ser juzgado, y eso incluye a la gobernadora de Chihuahua”.
Pero la indignación no es solo política: Patricia Castillo, de la comunidad rarámuri, denunció la devastación del bosque sagrado y el abandono de los defensores de la tierra. Mientras tanto, Raúl Fajardo, exdirector del Instituto del Deporte en Ciudad Juárez, recordó que los chihuahuenses “no somos un pueblo agachado” y que la soberanía nacional no se negocia ni se bloquea.
En Morena, la marcha es también una demostración de unidad. Luisa Rey y Brighite Granados enfatizaron que el movimiento está listo para los retos del 2027, firme en sus principios: del lado correcto de la historia, al margen de la ley nada, y por encima de la ley nadie.
Chihuahua hoy mostró que la fuerza no está solo en las armas ni en los poderes fácticos, sino en la organización del pueblo. Que quede claro: la soberanía no se vende, y la justicia no se negocia.







