Bonilla y la prensa: del debate a la confrontación
En política, la forma es fondo. Y cuando el discurso se endurece, el mensaje también cambia. Lo que hemos visto en días recientes con el alcalde de Chihuahua, Marco Bonilla, no es un hecho aislado, sino una señal clara de cómo se está reconfigurando la relación entre el poder y los medios de comunicación.
Bonilla ha decidido responder de frente. Sin matices. Sin rodeos. “Tengo pantalones para defenderme”, dijo en Ciudad Juárez, dejando claro que no piensa ceder ante cuestionamientos que, desde su óptica, buscan intimidarlo o provocarlo. El mensaje conecta con un estilo político cada vez más común: confrontar, resistir y mostrarse firme ante la crítica.
Pero el problema no es defenderse. El problema es cómo.
Días antes, en la propia capital, el tono subió de nivel. El alcalde no solo encaró a reporteros, también los descalificó, llegando a llamar “chairos” a algunos comunicadores. Ahí la línea se volvió delgada. Porque una cosa es cuestionar al periodista y otra es etiquetarlo. Y cuando eso ocurre desde el poder, el efecto no es menor.
Particularmente delicado es el frente con los medios de radio. En Chihuahua, la radio no es un actor secundario: es voz cotidiana, es cercanía, es agenda pública. La tensión con conductores y reporteros de este sector no solo es mediática, es social. Son espacios donde la ciudadanía se informa, opina y construye criterio.
Por eso preocupa que el lenguaje se polarice. Que el micrófono pase de ser puente a trinchera.
Bonilla insiste en que respeta a “los verdaderos medios”. Pero esa frase, repetida en distintos momentos, abre otra interrogante: ¿quién define qué medio es verdadero y cuál no? En ese terreno, el riesgo es evidente. Clasificar a la prensa desde el poder puede derivar en deslegitimar la crítica incómoda.
Y sin crítica incómoda, la democracia se debilita.
El alcalde tiene razón en algo: hay provocación, hay agendas, hay intereses. El periodismo no es puro ni neutral. Pero tampoco lo es el poder. Por eso la relación entre ambos debe sostenerse en equilibrio, no en confrontación permanente.
Hoy, lo que está en juego no es solo la imagen de un gobierno municipal. Es el tono del debate público en Chihuahua. Es la manera en que se responde a la crítica. Es el mensaje que se envía a otros actores políticos.
Porque cuando la política se engancha, la discusión se empobrece.
Y cuando el poder sube el volumen, alguien más deja de ser escuchado.







