ALDAMA: A SANDRA GALINDO SE LE HUNDE EL BARCO… Y TODAVÍA QUIERE OTRO PERIODO
La alcaldesa enfrenta cuestionamientos en Cabildo, observaciones sobre el gasto público y un desgaste político que comienza a preocupar al panismo estatal.
En Aldama, las cosas parecen complicarse cada vez más para la alcaldesa Sandra Galindo. Lo que debería ser una administración municipal concentrada en resolver los problemas de los ciudadanos se ha convertido en un gobierno obligado a dar explicaciones prácticamente en cada sesión de Cabildo.
Y es que, cuando no son los regidores quienes cuestionan las decisiones de la presidenta municipal, es el síndico Pablo Sosa quien pone sobre la mesa las dudas relacionadas con el manejo de los recursos públicos, la transparencia del gasto y el desempeño de algunos funcionarios municipales.
El problema ya no parece ser solamente de operación administrativa. Lo que comienza a dibujarse es un problema de gobernabilidad.
Los cuestionamientos sobre la actuación de los funcionarios municipales se acumulan y la alcaldesa tiene cada vez más dificultades para sostener una administración cohesionada. Porque gobernar no consiste únicamente en aparecer en los eventos públicos, inaugurar obras o pronunciar discursos; también significa tener un equipo que responda, que dé resultados y, sobre todo, que sepa administrar correctamente el dinero de los ciudadanos.
Uno de los episodios que encendió las alertas fue el relacionado con Iván de la Serda y la contratación de un grupo norteño para las fiestas de Independencia. De acuerdo con señalamientos difundidos públicamente, se habrían integrado cotizaciones de supuestos grupos musicales para aparentar competencia entre proveedores, algunas de las cuales no pudieron ser localizadas cuando se intentó verificar su existencia.
Un asunto que merece una explicación puntual, documentos sobre la contratación y, en su caso, las investigaciones correspondientes. El dinero público no puede manejarse con simulaciones ni con procedimientos que dejen dudas.
Pero hay otro ingrediente que vuelve todavía más delicada la situación: las observaciones del síndico Pablo Sosa.
Cuando quien tiene la responsabilidad institucional de vigilar el ejercicio de los recursos municipales solicita explicaciones sobre programas, gastos y resultados financieros, la administración está obligada a responder con documentos, no con discursos. Y cuando esas diferencias llegan públicamente al Cabildo, el problema deja de ser un simple desacuerdo político.
Lo verdaderamente preocupante es que Sandra Galindo parece estar perdiendo el control de su propio equipo. En los corrillos políticos de Aldama se comenta que algunos funcionarios ya comienzan a mirar hacia otros proyectos, calculando sus propios tiempos políticos ante el desgaste de la administración.
Y mientras su equipo se dispersa, la alcaldesa mantiene la mirada puesta en una posible reelección.
Aquí aparece una contradicción difícil de ignorar: ¿cómo construir un proyecto para gobernar otros tres años cuando todavía existen tantas preguntas sobre el desempeño del gobierno actual?
La política tiene sus tiempos, pero también tiene memoria. Los ciudadanos observan, comparan y, tarde o temprano, cobran las facturas de una administración.
Y el PAN debería estar tomando nota.
Aldama no es cualquier municipio. Su cercanía con Chihuahua capital, su actividad económica, su crecimiento y su importancia regional lo convierten en un punto estratégico para cualquier proyecto político estatal.
Por eso, en el contexto de la organización panista rumbo a 2027, el municipio merece especial atención. Marco Bonilla fue incorporado a la estructura de coordinación política estatal del PAN para encabezar los trabajos partidistas rumbo a la próxima elección. Su proyecto necesita presencia territorial, estructuras municipales y gobiernos que puedan presentar resultados.
Pero ¿qué puede aportar Aldama si su administración está ocupada en responder cuestionamientos internos?
El riesgo político no está solamente en los señalamientos contra una funcionaria o en los desencuentros entre regidores y alcaldesa. Está en que los problemas de un gobierno municipal terminen convirtiéndose en un problema para el partido que lo llevó al poder.
Sandra Galindo todavía tiene tiempo para aclarar las dudas, corregir deficiencias y demostrar que puede recuperar la confianza de su Cabildo y de los habitantes de Aldama. Pero eso requiere decisiones, transparencia y resultados.
Porque hay algo que no puede resolverse con fotografías, reuniones partidistas o aspiraciones de reelección: el descontento ciudadano.
Y mientras tanto, en Aldama parece que la alcaldesa vive entre varios escenarios: algunos días, trabajando de sol a sol; otros, enfrentando la posibilidad de tirar la toalla; y en otros momentos, pensando en buscar un segundo periodo.
Lo que no queda claro es cuál de esos proyectos tiene prioridad.
Por lo pronto, el barco político de Sandra Galindo navega en aguas turbulentas. Y si el PAN estatal pretende que Aldama sea parte de su fortaleza rumbo a 2027, tendrá que revisar con seriedad qué está ocurriendo en ese municipio.
Porque una cosa es querer reelegirse y otra muy distinta es conseguir que los ciudadanos quieran repetir la historia.
En política, los cargos se pueden buscar; la confianza, en cambio, se tiene que ganar.







