A ti ciudadano.
Eva Perón: El símbolo.
Cuando Eva Perón murió el 26 de julio de 1952, Argentina no solo perdió a una figura política. También comenzó una de las historias más extrañas y perturbadoras de la memoria latinoamericana.
Juan Domingo Perón encargó al anatomista español Pedro Ara la conservación de su cuerpo. Ara realizó un trabajo minucioso durante meses: reemplazó fluidos, aplicó sustancias preservantes y buscó mantener en el rostro de Eva una apariencia serena, casi intacta.
El resultado impresionó a quienes lo vieron.
Durante un tiempo, el cuerpo permaneció en la sede de la CGT, mientras se proyectaba un gran monumento donde sería exhibido de forma permanente. Pero en 1955, tras el golpe militar que derrocó a Perón, el cuerpo de Eva se convirtió en un problema político.
Para sus seguidores era una presencia sagrada.
Para sus enemigos, un símbolo demasiado poderoso.
Entonces desapareció.
Durante años fue movido, ocultado y protegido bajo secreto militar. En 1957 fue sacado de Argentina y enterrado en el cementerio mayor de Milán bajo una identidad falsa: María Maggi de Magistris.
Eva Perón, una de las mujeres más reconocidas de América Latina, pasó catorce años sepultada con otro nombre en Italia.
En 1971, el cuerpo fue exhumado y devuelto a Juan Domingo Perón, que vivía exiliado en Madrid. Habían pasado casi dieciséis años desde su desaparición. A pesar de los traslados y del ocultamiento, la conservación realizada por Ara seguía siendo notable, aunque el cuerpo presentaba daños.
Finalmente, en 1974, sus restos regresaron a Argentina. En 1976 fueron sepultados en la bóveda de la familia Duarte, en el cementerio de la Recoleta, donde permanecen hasta hoy bajo fuertes medidas de seguridad.
Y así fue como la historia del
cuerpo de Eva Perón parece una novela, pero pertenece a la realidad política de un país dividido.
Incluso después de morir, Eva siguió provocando miedo, devoción, disputa y silencio.
Su cuerpo fue escondido porque había quienes entendían algo muy bien: a veces un símbolo puede ser más peligroso que una persona viva.







