Una breve reflexión sobre Dios y la última oleada de incendios
Mucho menos que los científicos, los eventos climáticos
extremos y devastadores se sorprende Dios.
Siempre han estado bajo Su mirada.
O, si lo prefieres, es Ella quien ha forjado nuestro orgullo,
que nos permite fantasear con controlar el destino,
que hacia su cálido ataúd conduce a nuestra especie.
Y ahora, llega el castigo demasiado tarde.
Una mayor humildad nos habría mejor venido.
Como Él y Ella ya sabían, al fin y al cabo.
¿Se diseñó el cielo para un número limitado?
¿Se diseñó el cielo para un número ilimitado de almas?
¿O deben algunos –o millones– en fila esperar
de que otras, demasiado mayores, sean expulsadas?
¿Y a las puertas de nuestro cielo hay payasos
para entretener a los bendecidos esperar mucho tiempo
de su leche y su miel, de sus sushis rollitos?
No basta con ser bueno, ¿hay que reserva hacer?
¿O hay que madrugar para asegurarse un sitio
a un lugar sobrevalorado desde hace mucho tiempo?
— Poem(s) and artwork by William Eaton.






