El regaño que exhibió más que un error de protocolo
Si usted no vive debajo de una piedra o en una cueva política seguramente ya vio el video que causó sensación esta semana en medios, redes y grupos de WhatsApp: la gobernadora María Eugenia Campos tuvo un visible sobresalto y regaño hacia su asistente principal, Anya Trevizo, durante un evento público.
La escena, aunque breve, dijo mucho.
La mandataria se encontraba hablando sobre Safran y confundió el dato al referirse a 13 plantas, cuando el anuncio correspondía a la apertura de la quinta planta en la ciudad de Chihuahua. Ante el error, su asistente intentó corregirla de manera discreta, sobria, casi imperceptible. Una seña mínima para evitar que la gobernadora siguiera por el camino equivocado.
Pero la corrección no cayó bien.
El gesto de molestia fue evidente. Y como suele pasar en política, el problema no fue solamente el error, sino la reacción. Porque un desliz en un dato lo puede tener cualquiera; lo que no cualquiera puede ocultar es el carácter cuando las cámaras están encendidas.
El video se volvió tema porque exhibió una dinámica que muchos en corto ya comentaban desde hace tiempo: los desplantes de la gobernadora hacia su equipo cercano. La diferencia es que ahora no quedó en el testimonio de pasillo, en la sobremesa empresarial o en la charla política. Ahora quedó grabado.
Y ahí es donde el asunto toma otra dimensión. El video se volvió tema porque exhibió una dinámica que muchos en corto ya comentaban desde hace tiempo: los desplantes de la gobernadora hacia su equipo cercano. La diferencia es que ahora no quedó en el testimonio de pasillo, en la sobremesa empresarial o en la charla política. Ahora quedó grabado.
Anya Trevizo no es una asistente cualquiera. Es una de las personas más cercanas a la gobernadora. Quienes conocen la dinámica interna aseguran que pasa prácticamente todo el día con ella, que la acompaña en eventos, traslados y actividades privadas; que le ayuda con la agenda, con detalles personales y hasta con temas cotidianos que van más allá de una simple función administrativa.
Además, hay otro dato que vuelve más interesante el episodio: Anya es esposa de Rafa Loera, secretario de Desarrollo Humano y Bien Común, quien desde hace tiempo aparece en la lista de los perfiles que han levantado la mano —o que al menos se dejan mencionar— rumbo a la presidencia municipal de Chihuahua.
Puede ser simplemente el desgaste natural de una relación laboral demasiado cercana. En política, las relaciones intensas se consumen rápido, sobre todo cuando alguien forma parte del círculo más íntimo del poder. La confianza, cuando se mezcla con jerarquía, suele terminar convertida en tensión.
Pero también puede haber un ingrediente político. Si Rafa Loera está en la caballada para la alcaldía capitalina, la posición de Anya cerca de la gobernadora deja de ser únicamente laboral. Se vuelve también un punto sensible en el tablero. En política, nadie está donde está por casualidad, y mucho menos quienes caminan a centímetros del poder.
Lo más llamativo es que este episodio ocurre justo cuando el gobierno estatal presume certificaciones y discursos de trato digno, humanismo laboral y buen ambiente institucional. Algo así como un Great Place to Work, pero con envoltura humanista.
El contraste no puede ser más incómodo.
Porque una cosa es colgar reconocimientos en la pared y otra muy distinta es que el estilo de mando coincida con el discurso. Se puede hablar de humanismo, respeto y buen trato en los comunicados oficiales, pero cuando una cámara capta un gesto de desprecio hacia alguien del equipo cercano, el mensaje público se desmorona.
La política también se mide en los pequeños gestos. En cómo se trata al subordinado, al colaborador, al asistente, al chofer, al guardia, al empleado que no tiene reflectores ni micrófono.
Al final, el enojo que se hizo viral no fue por una cifra mal dicha. Fue porque durante unos segundos se abrió una rendija y se alcanzó a ver lo que muchas veces ocurre detrás del telón.
La pregunta no es si la gobernadora se equivocó. Eso pasa.
La pregunta es por qué reaccionó así cuando alguien de su equipo intentó ayudarla a no equivocarse más
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