Los jubilados también merecen vivir bien
Por: [EDUARDO ARREDONDO ]
Cada año se repite la misma historia: quienes ya dieron su vida al servicio público regresan a pedir lo que por derecho les corresponde. Y no lo hacen con exigencias altisonantes, lo hacen con dignidad, con papeles en mano, con esperanza. Este 2024–2025 no fue la excepción.
La Asociación de Jubilados y Pensionados del Gobierno del Estado de Chihuahua acaba de presentar su informe anual, y detrás de sus números hay una verdad que todos deberíamos escuchar: los jubilados no solo quieren vivir, quieren vivir bien. Quieren salud, respeto, atención oportuna y un trato humano.
Más de 2,200 socios en todo el estado, y 78 de ellos fallecieron en este periodo. ¿Sabías que todavía hay seguros de vida sin pagar por “falta de documentos”? Esos trámites que desesperan, que frenan lo inevitable, que deberían resolverse con sentido común y sensibilidad.
Por otro lado, hay que reconocer lo positivo: se pagaron millones en apoyos funerarios, se entregaron más de mil becas a hijos y nietos, y hubo préstamos personales para quienes necesitaban un respiro económico. La asociación se mueve, trabaja, gestiona. Pero lo hace a veces a contracorriente.
Lo que preocupa, y mucho, es la situación de Pensiones Civiles del Estado. Una institución creada para cuidar a quienes cuidaron de nosotros, que hoy batalla con rezagos, deudas y falta de medicamentos. ¿Cómo es posible que a estas alturas haya adultos mayores esperando semanas para una cita, o meses por un medicamento que no puede faltarles ni un solo día?
Los jubilados no están cruzados de brazos. Están proponiendo, incluso dispuestos a pagar más de su bolsa por medicinas que deberían tener garantizadas. Y no se quejan por deporte. Lo hacen porque saben que con salud, la vejez es más amable.
También celebran la vida: organizaron su tradicional marcha por Benito Juárez, posadas, entregas de despensas, celebraciones del Día de la Madre y del Padre. La comunidad está viva. El ánimo, también. Solo falta que las instituciones estén a la altura.
Desde aquí, un aplauso a todos ellos. Porque envejecer con dignidad no es un lujo, es un derecho. Y como sociedad, nos toca recordarlo una y otra vez. Porque si hoy ignoramos a nuestros jubilados, mañana seremos nosotros los ignorados.







