Algo está cambiando en la política estadounidense, y no solo en los márgenes. Lo que parecía un apoyo inquebrantable entre los votantes más ricos del país hacia el presidente Donald Trump está comenzando a resquebrajarse. Y ese temblor, aunque pueda parecer sutil, podría anunciar un terremoto electoral.
Durante años, Trump ha disfrutado del respaldo de los estadounidenses con mayores ingresos, atraídos por sus promesas de rebajas fiscales, desregulación y mano dura contra China. Pero, según una reciente encuesta de The Economist y YouGov, ese respaldo se está evaporando. En mayo de 2025, su aprobación entre quienes ganan más de 100.000 dólares al año ya estaba por debajo del 50%. Y a mediados de julio, el desplome fue evidente: solo el 44% lo aprueba, mientras que un 54% lo desaprueba.
¿La razón? La economía, estúpido. O más bien, la manera en que Trump está jugando con ella. Su guerra arancelaria global, que ha generado tensiones con socios comerciales clave, está creando incertidumbre en los mercados. Y eso, para quienes viven de inversiones, bonos y balances, no es una buena noticia. Según Newsweek, estos votantes ricos —tradicionalmente republicanos— están cada vez más incómodos con el estilo populista y confrontativo del presidente.
Es irónico. Trump prometió “hacer América grande otra vez” y proteger los intereses de su base. Pero ahora, ni siquiera su base dorada parece convencida de que este sea el camino. Thomas Gift, académico del University College de Londres, lo resume bien: “Muchos votantes ricos están preocupados por el potencial impacto del estilo de mercado más populista y conflictivo de Trump”.
Y no es solo una anécdota sociológica. Esto tiene consecuencias políticas muy concretas. En 2026 se celebran elecciones intermedias, y el Partido Republicano podría pagar el precio de un líder que empieza a agotar incluso a quienes más se beneficiaron —al menos al principio— de su presidencia. Aunque Trump no podrá postularse en 2028, podría dejar tras de sí un Congreso debilitado y un partido profundamente dividido.
A nivel general, la tendencia también es clara: su aprobación nacional ha caído al 41%, con una desaprobación del 55%. No estamos ante un simple bache. Estamos ante una señal de desgaste político real.
Trump siempre ha sabido cómo polarizar, cómo generar titulares, cómo movilizar. Pero lo que quizás no esperaba era perder el favor de los mismos que ayudaron a financiar, sostener y legitimar su ascenso. Cuando los ricos se cabrean, la historia cambia.
La pregunta ahora es: ¿será esta la grieta que termine por hundir su legado político?







