Toros

La teoría social del toreo

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“… El mundo, siempre apasionante, del toro pero desde una…”
Lázaro Echegaray escribió el libro “Sociotauromaquia. Teoría social del toreo”, una obra de 166 páginas, donde  nos ofrece un minucioso análisis para adentrarnos en el mundo, siempre apasionante del toro pero desde una perspectiva sociológica.  Este aspecto común de lo taurino y la sociología, la teoría social del toreo,  quizá no ha sido muy desarrollado por la crítica, aunque existen diversos precedentes.
Como si de una corrida se tratara, la obra está estructurada en seis capítulos de gran densidad (a modo de seis toros con los que el autor se encierra en solitario), de unas veinte páginas cada uno, y que son vehículo a través de los cuales Echegaray  va desgranando, en dosis adecuadas, sus saberes taurinos. Todo ello precedido de una introducción, a la que denomina “Justificación de la obra”, en la que, tomando altura, ofrece una breve, pero detallada, explicación de lo que es el estudio de la sociología que le sirve para explicar por qué era necesario escribir este libro.
Ya en el capítulo primero se remonta hasta el antecesor del toro, el uro, centrándose en torno al debate acerca de su origen en el Bos Primigenium, antecesor del toro actual. Época, la del uro, en las que las sociedades, o comunidades, estaban envueltas en todo por lo religioso, también el toro como realidad cratofánica (a la vez sagrada y que ataca). A medida que evoluciona en el desarrollo de la obra se va aproximando, desde la mitología, a Andalucía. Se pregunta si fue realidad o es puro mito lo acaecido en la Bética en relación a Hércules, Gerión, Zeus, etc.
Desde este recorrido histórico-mitológico para señalar el origen del trato del hombre con el toro, pasa a continuación a bosquejar la historia, la evolución y la profesionalización del toreo y explica, desde una perspectiva taurina, como ha devenido el trabajo entendido como una actividad social.
En un capítulo segundo, que titula “El origen social de la fiesta taurina”, entra ya en materia social relacionada con el toro. Comienza con un epígrafe que denomina “Hacia una estrategia de trabajo” en la que pretende explicar, y lo consigue, el significado amplio del concepto de fiesta aplicado a la tauromaquia. Más adelante enlaza con la dimensión religioso-sacrificial o mágica del toreo, para a continuación mantener que el espectáculo y la fiesta descienden del rito.
En el capítulo tercero aborda la cuestión, más específica, de las funciones sociales de la tauromaquia. Desde esta óptica, la funcionalista, enumera una serie de funciones sociales del toreo y las presente en su defensa de cara a sus detractores, especialmente europeos. Continúa con el procedimiento del recorrido histórico, en este caso de lo que han sido las funciones sociales del toreo. Menciona, para ello, en primer lugar, una primera función de intentar, por parte de la nobleza, recuperar el prestigio perdido, recurriendo para su argumento a la erudita autoridad de Pedro Romero de Solís.
Un capítulo cuarto lo denomina la plaza “Ombligus mundi”, que es en sí un pequeño tratado sobre las plazas de toros. Aquí explica lo que se supone que es una plaza, en términos generales: un lugar de comunicación. Propone interesantes modelos explicativos, basados en los conceptos de regiones anteriores y regiones posteriores de Goffman.
En una epígrafe denominado “la talanquera como frontera: el espacio sagrado y el espacio común”, nos marca a ésta, es decir, el cercado de madera de la plaza de toros que separa la arena del callejón, como la frontera entre la arena, lugar sagrado donde se verifica el sacrificio de la víctima, en este caso el toro; y el público, asistente al acto.
El capítulo quinto, titulado “El medio es el mensaje”, como su nombre apunta, lo dedica al estudio de los medios de comunicación de masas, principalmente la televisión, y su relación con las corridas de toros. Una vez establecido que la misión primordial de los medios es la de educar a la opinión pública, entra en la distinción de diversos tipos de públicos: educados, ocasionales, aficionados, hace una clasificación de los mismos. Explica como funciona el sistema de medición de audiencias televisivas y la importancia de que éstas sean elevadas para que cualquier cosa tenga el honor de ocupar un lugar en el medio televisivo.
Por último, un capítulo sexto lo dedica al estudio del toreo en las sociedades complejas. Comienza el capítulo hablando de la obra del crítico taurino Guillermo Sureda, “Tauromagia”, en la que se menciona la necesidad de un estudio desde un punto de vista sociológico de la profesión de torero y del que él solo va a hacer un pequeño escorzo del mismo.
Se pregunta acerca del porque hay gente que se mete a toreo y apunta razones de tipo social y de tipo psicológico. En suma una interesante relación de lo mucho que pueden y tienen en común la tauromaquia y la sociología como dos prácticas culturales que, en está ocasión van de la mano.
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