Revive Men at Work con “Sabor Latino”
Eduardo Arredondo Delgado
El Paso, Texas. – El escocés/australiano, Colin Hay (lleva en sus espaldas una historia similar a la de Bon Scott de Ac/Dc) superó amargas vicisitudes que lo marcaron de por vida. Incluyendo sortear los cambios de ánimo de un traficante de estupefacientes quien era su vecino cuando Hay era inquilino de uno de los departamentos ubicados en St. Kilda, Victoria. De ahí casualmente surgió, el popular tema, Who can it be now?, porque consumidores/adictos, buenos para nada posibles compradores de la mercancía prohibida tocaban constantemente la puerta equivocada y Colin desesperado por la situación ya no sabía que hacer, por eso en la pieza, ya harto de abrir una y otra vez y dar explicaciones, se preguntaba ya en una posición de molestia y desasosiego: ¿Y quién puede ser ahora?
Y aunque es el único miembro original de Men at Work, originarios del país quemado por el sol, decidió por cuenta propia revivir las glorias del grupo, continuar con su nombre y legado (para poder vivir). Aunque no fuera lo más correcto del mundo. Finalmente fue el responsable de lo más importante que hizo Men at Work en su fugaz carrera, sin demeritar el trabajo del desaparecido multiinstrumentista, Greg Ham.
Fundada a fines de los setenta, – si hoy se le puede nombrar así-, Men at Work tocó todo su arsenal, un amplio repertorio conocido y sin telonero; para esta fecha, concretamente se desprendieron brevemente de la gira que comparten y realizan con Toto y Christopher Cross (por la Unión Americana).
Ya con poco más de setenta años, el cantante y compositor, Colin Hay, cuya vida agitada por poco lo acaba la bebida, apareció enfundado en un traje blanco con guitarra en mano, puntualmente a las 19:30 horas en el Plaza Theatre con un considerable lleno (solo la parte superior quedó abandonada).
Sin preámbulo alguno Men at Work o Colin Hay y su banda abrió con “Touching the Untouchables” de su primer trabajo (Business As Usual,1981) provocando inmediatamente la ovación, que no ocurría en la región
probablemente desde el 23 de septiembre de 1983 cuando actuaron en Las Cruces, Nuevo Mexico (Cargo tour) y eran una de las sensaciones del momento, cuando paralelamente el canal de videos, Mtv y Martha Quinn (una de las presentadoras) hacían de las suyas, envolviendo a una generación de soñadores, siendo en esos años un referente obligado de las masas que contaban con un sistema de cable o antena parabólica y vitral de la adolescencia, por no decir una iglesia parlante, tótem de culto las 24 horas.
Como ha ocurrido en otros conciertos, donde la inevitable nostalgia se usa mal ávidamente para vender ilusiones y fantasmas de tiempos mejores. Cuya esencia se compone del recuerdo encapsulado como elemento indisoluble. Necesaria estrategia del promotor y alimento del vulgo, que no puede entender o siquiera pensar que el pasado se quedó atrapado en el pulmón, porque es el órgano asociado a la pena, tristeza, melancolía, según la medicina tradicional china y en estos casos es revivir el pasado, aunque por breves momentos y luego descender en caída libre a la realidad.
De frente al escenario, Colin Hay interpretó prácticamente lo mejor del resto del catálogo de Men at Work, que lo llevaron a vivir un esplendor muy efímero, contradictorio y triste, como bufones de Dios, parafraseando al escritor, Morris West. Ahora, acompañado con una versátil banda de músicos jóvenes de origen latino, principalmente cubanos, cuyos artistas curiosamente tocaban anteriormente con la banda de su esposa, la peruana, Cecilia Noël (casado con ella desde el 2002) sonaron muy bien y superaron expectativas. No eran los miembros originales, pero bien ejecutadas las piezas.
Sin utilizar efectos decorativos o dádivas de la tecnología (pantallas o pirotecnia) como apoyo, Colin Hay y su agrupación se dedicaron a tocar, recordando aquellos días que colocaron a Men at Work en los primeros puestos de las principales listas de popularidad del mundo (Down Under llegó al #1 en Billboard por cuatro semanas). Ya el aislamiento había terminado, habían catapultado a la tierra de Oceanía, Australia. Era otro destino, más allá de la visita de los excéntricos turistas, ya no solo era el hábitat de animales ponzoñosos, salvajes y de tribus desconocidas, del misterioso tiempo de los sueños, cuyos grupos humanos, tal vez cazadores- recolectores llegaron quizá en la última glaciación (por el bajo nivel de mar), conquistando, adaptándose al amplio territorio desértico y selvático, bajo condiciones indómitas. O por el canguro, símbolo nacional y los trasnochados exploradores de aventura, sin
olvidar al actor, Paul Hogan, célebre por encarnar al carismático, “Cocodrilo Dundee”, o incluso al popular conservacionista de Animal Planet y Discovery Channel, Steve Irwin, el llamado “Cazador de Cocodrilos” (muerto por una raya que le clavó su aguijón en el corazón mientras filmaban un documental). Era el quinteto de Men at Work, los hacedores de sueños de vegemite (pasta color marrón, extracto de levadura de cerveza, utilizada para untarse como acompañamiento culinario para lonches o sándwiches muy al estilo de una mermelada).
Sin problema, Colin Hay, quien reside desde años en Los Ángeles, California dejó hacer y ser. A través de los dispositivos móviles la audiencia cálida y respetuosa pudo filmar cómodamente fragmentos del concierto (pero no fue concierto de móviles) y hasta Colin bromeó por el hecho, sin perder el hilo conductor de la noche. Se le veía contento, sin aquellos ojos desorbitados (estilo Anthony Perkins en Psicosis) en sus videos locuaces, sin recursos técnicos ni producción, típicos de la época de los perdidos años ochenta y su oloroso plástico.
Extrañamente-porque han pasado muchos años-Colin Hay no ha perdido la voz y sus dotes técnicos de músico connotado (con el uso de la guitarra y el ukelele) permanecen casi intactos sin dar pena o vergüenza alguna, como ya ocurre con tantas bandas o solistas por su edad avanzada o por la vida desordenada que llevaron de jóvenes, otros más muertos, Ozzy Osbourne un ejemplo que ya respiraba aire y talento ajeno. Bien por Colin, porque el negocio de la música siempre necesita de profesionalismo, educación y sacrificio.
Otro de los temas, que levantaron a la asistencia fue el clásico, “Everything I Need” del álbum, Two Hearts, cuando ya en esa tercera producción, abruptamente todo lo obtenido se desplomaba y las peleas, roces internos se materializaron, se volvió un campo minado (¡sálvese quien pueda!), cuyo caos fracturó a la banda provocando una inminente disolución, tan común y frecuente en la música y más cuando hay dinero y fama de por medio. Ahí es cuando la visión de un manager de colmillo largo debe salir al quite o mediar siquiera para amainar las aguas internas.
En años posteriores, el guitarrista, Ron Strykert (ya fuera de la banda) amenazó a Colin y hasta fue arrestado en el 2009. Ron Strykert, también fue conocido por ser el autor de la cubierta del álbum “Cargo” (1983) vendió algunas
canciones que compuso y luego se arrepintió, no sin antes recibir dinero a cambio. Quería seguir recibiendo regalías.
Entonces lo mejor, estaba por venir, ahí Colin Hay hizo una pequeña pausa para tomar un sorbo de agua y dar las gracias por la velada.
Ya encarrerados por invocar épocas gloriosas interpretaron la infaltable “Overkill” cuya pieza fue ovacionada de pie sin que el público intentara siquiera sentarse dando rienda suelta a emociones encontradas.
El momento cumbre ya era efervescente y de pronto, Colin se detuvo, se acercó al micrófono y con el acento australiano inconfundible, recordó: “Eran tiempos importantes para nuestras vidas y ganamos el Grammy en 1983, hace ya más de cuarenta años y todo eso” … Tras acomodarse en sus puestos se escucharon los primeros acordes del saxofón y la banda interpretó, el clásico, Who can it be now? El Plaza Theatre, retumbó, casi se cae, sin perder la acústica del histórico inmueble localizado en la calle 135 de la W. Mills en pleno centro histórico. Hubo quienes, dentro del público, entre las primeras filas se aproximaron al cantante buscando tocarlo y el recinto temblaba rítmicamente.
Sudando más no agotado, Colin Hay presentó a su banda de ruta: Jimmy Branly (batería), Yosmel Montejo (bajo), and San Miguel, (guitarra), Scheila Gonzalez (saxofón, flauta y teclados) y Cecilia Noël, vocales y percusionista.
El recital ya en ebullición dio para más. Llegó el momento más esperado de la noche con el tema cuasi patrimonio de los australianos, “Down Under” (Tierra del Sur como se le conoció a Australia), su himno, una crítica al saqueo de la riqueza de las tierras australianas, cuyo hit provocaría que los integrantes de Men at work fuesen llevados a la corte australiana para ser acusados de plagio. En el 2010, el riguroso fallo, dictaminó que la parte de la flauta transversal que tocaba Ham, era un plagio a la canción infantil de 1934, Kookaburra Sits in the Old Gum Tree. La autoridad obligó a la banda a reparar los daños y pagar el 5% de las regalías a su autora, la poeta y maestra de música, Marion Sinclair (fallecida en 1988 quien a su vez había cedido derechos a Larrikin Music). Todavía vivo, Greg Ham (saxofón, tecladista, flauta transversal) quedó devastado por la sentencia del tribunal. Algún día, según dicen, Ham comentó, sería recordada como un plagio, refiriéndose a la pieza, Down Under, y su controvertido final.
Después, en el 2012, el músico, ya alejado de Men at Work, fue encontrado sin vida en un suburbio de Melbourne, por unos amigos que extrañados de su ausencia lo buscaron de día y de noche. Aparentemente el deceso fue provocado por un infarto fulminante.
Luego, con el paso del tiempo, Colin Hay, siguió defendiendo la postura de Ham asegurando que “había similitudes en dos compases”. Otras voces autorizadas de la industria musical criticaron la investigación exhaustiva; dieron entrever, con algunos elementos probatorios, que se trataba de una coincidencia, pero insuficiente en términos probatorios para cambiar el fallo. Entonces los comentarios, algunos interesantes por su profundidad en su razonamiento artístico, por cierto, no trascendieron ni influyeron en el veredicto y los severos jueces se mantuvieron firmes. Sin contaminarse por los efectos externos, la corte resistió los nubarrones mediáticos y consideró plagiadores a los australianos. Y nada más.
El grupo se ocultó detrás del escenario y luego tras una ola de aplausos y gritos regresó Colin y compañía para finalizar el recital con, “Be Good Johnny”.
*Eduardo Arredondo Delgado es arqueólogo y crítico profesional de rock
Es autor del libro “La Máquina de los Impostores”.







