recordando su partida, su teatro sigue latiendo en la escena mexicana
de su fallecimiento, el dramaturgo chihuahuense Víctor Hugo Rascón Banda (1948–2008) permanece vigente en la memoria del teatro mexicano. Su obra, reconocida por su profundidad social y su sensibilidad artística, continúa presentándose y discutiéndose en escenarios y foros a lo largo del país.
Rascón Banda dejó una producción vasta, entre la que destaca Voces en el umbral, pieza con la que obtuvo menciones honoríficas en los Premios Sogem (1978) y Tirso de Molina (1979). La obra —incluida en el libro Mujeres desde el umbral, publicado por Libros de Godot— retrata la vida en un pueblo fantasma de Chihuahua a través de dos mujeres, una indígena y otra mestiza, quienes transitan del tiempo a la leyenda en un escenario que lo mismo evoca una cama que un barco, un tren o un socavón minero. Su puesta en escena es un ejercicio de imaginación y simbolismo donde el drama cotidiano adquiere resonancia poética.
En el otro extremo de su espectro creativo se encuentra El deseo, obra escrita en 2005 y llevada a escena por Max Ferrá, con las actuaciones de Ofelia Medina y Víctor Carpinteiro. En ella, Rascón Banda narra la historia de un joven migrante y una mujer estadounidense mayor que él. La relación, marcada por la pasión y el desamor, revela con crudeza las tensiones del amor y las contradicciones humanas.
Ambas obras, entre otras, se han representado en las Jornadas Rascón Bandianas, un homenaje anual que se celebra tanto en Chihuahua como en la Ciudad de México, y que se ha mantenido activo con actividades presenciales y virtuales.
Su incursión en el teatro de denuncia se concretó en obras como La fiera del Ajusco, Cautivas, El criminal de Tacuba y Manos arriba, reunidas en el volumen Teatro del delito, publicado por Editores Mexicanos Unidos en 1985. Particularmente La fiera del Ajusco —que narra el infanticidio cometido por una mujer joven— desató controversia al coincidir con un caso judicial abierto. Su estreno, bajo la dirección de Marta Luna en el Teatro Santa Catarina, provocó reacciones sociales y legales, al igual que las películas Elvira Luz Cruz y Los motivos de Luz, que abordaban el mismo tema mientras aún no se dictaba sentencia.
Rascón Banda no solo denunció injusticias desde la escena, sino que también provocó reflexión. Sus obras han sido espejo crítico de la realidad nacional, y con ello, han cumplido uno de los grandes propósitos del teatro: transformar conciencias.
A través de su legado, Rascón Banda sigue hablando de nosotros, de lo que somos, de lo que callamos y de lo que aún está por cambiar.







