Chihuahua en campañas

Elecciones, electores y elegidos, la construcción de las campañas políticas

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El Balcón por Don Mirone: – Elecciones, electores y elegidos, la construcción de las campañas políticas
– Con los mejores jugadores para ganar el partido
– A través del pantano, llega el PRI
– Hay equipo, dicen los marucampistas
– Partidos chicos, dineros grandes
– Loera, candidato y dirigente
– A la pesca de electores en fuga
– Decir lo que el votante quiere escuchar
– La lucha por el centro político
– Morena, PAN y PRI en el centro del ring
– El Titanic chocó con un iceberg

Morena puso en juego su aparato y Loera de la Rosa, el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia en Chihuahua –que también integran el PT y Panal–, pudo elegir la artillería y se armó hasta los dientes con un equipo numeroso de especialistas en distintos temas, un verdadero “dream team”. Llama la atención que muchos de los integrantes del equipo de campaña que apoya a Loera no son soldados militantes de Morena, sino fervientes seguidores de la 4T y el proyecto presidencial. O sea que son lopezobradoristas, no morenistas.

Reluce don Víctor Orozco, un hombre de gran peso en las causas de la izquierda, símbolo y maestro de generaciones, historiador y doctor en ciencia política, quien será el responsable del plan de gobierno de Juan Carlos Loera. Es miembro de la Academia Mexicana de la Historia, maestro emérito de la UACJ y gurú cuya opinión en la lucha política y social siempre es escuchada y respetada.

Las mujeres están muy presentes en la planilla de Loera y aparece en la estratégica coordinación general de campaña la maestra Norma Deirdré Bazán Mayagoitia, que fue administradora de la aduana en Juárez y cuenta con una larga trayectoria en el servicio público y en el ámbito académico. También están a bordo Brighite Granados de la Rosa, como coordinadora territorial; Elena Rojo, en la coordinación de mujeres; Zyania Sandoval, como coordinadora de propaganda; Elena Michel, en la coordinación de comunicación social estatal, y Karla Espinoza, como coordinadora de giras y eventos.

Un empresario trabajador y disciplinado que aspiró a la gubernatura estatal figura en el equipo de Loera. Es Rafael Espino de la Peña, amigo de López Obrador y actual consejero independiente de Petróleos Mexicanos. Él será el coordinador y enlace con el sector empresarial, una responsabilidad estratégica en la campaña y en un eventual Gobierno del Estado.

Pedro Torres Estrada es el vocero de la campaña de la coalición, responsable de la atención a los medios de comunicación. Jaime Tavárez trabajará en la coordinación de finanzas, una de las menores preocupaciones del candidato del partido oficial. Hay recursos, hay amigos y hay padrinazgo de AMLO.

Otros personajes que integran el equipo son el diputado local Benjamín Carrera, frustrado candidato a la alcaldía, pero que estará a cargo de la coordinación de la campaña en Ciudad Juárez, mientras que Hugo González será el coordinador de campaña en la ciudad de Chihuahua.

Omar Helem estará en promoción del voto; Miguel Ángel Colunga, actual diputado local de Morena, se encargará de la coordinación con el sector agrícola; José Luis Rascón estará como coordinador de jóvenes; Víctor Hugo López, en la vinculación de la campaña con el Comité Ejecutivo Nacional; Raúl Iñárritu como coordinador jurídico y Diego Villanueva será el representante de la coalición ante el IEE.

Todos saben que el trabajo del Partido Revolucionario Institucional y de su candidata Graciela Ortiz nació cuesta arriba en una campaña que marcha con mucho sigilo y cautela, tal como lo amerita la contienda política desde la perspectiva del tricolor. Al revés de lo que acontecía en los no tan lejanos tiempos del “imbatible”, cualquier paso debe ser calculado, sin tiempo para cometer errores.

La estructura de campaña tiene un cierto carácter líquido, sin nombramientos formales y sin que salga a la luz una fórmula política consensuada que pueda resucitar al PRI. Todo parece listo para cualquier repentino cambio de timón o para transcurrir la campaña decantando suavemente hacia donde dicten las circunstancias.

Un personaje priista que fue muy cercano a Reyes Baeza lleva adelante las tareas de coordinador general de campaña, Guillermo Márquez Lizalde. Aunque el pasado lo condena, tiene la virtud de haber cruzado el pantano sin salpicarse. Si logra transmitir esa capacidad a la campaña del tricolor, puede haber sorpresas por este lado.

Arturo García Portillo fue secretario nacional de elecciones en el PAN y diputado federal del 2009 al 2012, un estratega experimentado de colmillo retorcido que tiene cargada en los hombros la coordinación general de la campaña electoral marucampista.

En el búnker panista nació la estrategia de dividir la coordinación de campaña en dos equipos, uno operando desde Chihuahua y otro posicionado con ojo de águila en Juárez. Ya que en esta frontera anida el 40 por ciento de los electores del estado, hay que cuidar atentamente los huevos frente al hambre devoradora de los adversarios políticos.

El equipo de estrategas de Maru sumó otros personajes para enfrentar el desafío electoral: allí está el diputado local Jorge Soto como responsable de la detección del voto y la coordinadora estatal de prensa Adriana Ruiz.

En la vital Ciudad Juárez, donde la candidata y el panismo están lejos del primer lugar en las preferencias, el comité de campaña responsable de la estrategia para catapultar a Maru está a cargo de Ramón Iglesias. Necesitan una remontada de 90 grados y saben que la elección de Campos se gana en la frontera, lejos del impacto electoral que pueda tener la candidata en la capital. El exigente trabajo de Iglesias necesita resultados y para ello lo apoyan Rogelio Muñoz como encargado de agenda y Rogelio Loya con su trabajo de vinculación con los distintos sectores sociales. Desde Colima llega Marco Polo Rodríguez como responsable de la coordinación de la estructura en Juárez y Rosario Coutiño en la atención a medios de información.

Solo Morena, PAN y PRI tienen una estructura adecuada para atender a los medios de comunicación y así ya predicen su incierto futuro en esta campaña poblada de chiquipartidos que no dan para más. Sin embargo, a la hora de los recursos, dinero y financiamiento el tema se pone interesante. Mirone les cuenta de qué se trata.

El consejo general del Instituto Estatal Electoral se puso generoso al aprobar en octubre de 2020 una cuchara gigante de 716 millones de pesos, un 40 por ciento más que las elecciones donde ganó Corral. Ni la pandemia ni la austeridad funcionaron para achicar los gastos.

El PAN y Morena se llevan más de la mitad del financiamiento del IEE para los partidos. Morena se queda con 65.7 millones, el PAN con 67.9 millones de pesos y el PRI con 44.8 millones.

Para los partidos “chicos” también hay una rebanada de pastel nada despreciable. El Partido Verde 19 millones, Nueva Alianza 18.8 millones, Partido del Trabajo 17.7 millones y Movimiento Ciudadano 16.9 millones. Los más chicos de los chicos se comen lo que queda del pastel: Encuentro Solidario, Redes Sociales Progresistas y Fuerza Por México rondan los 5 millones.

Morena tiene una estrategia para posicionar sus votos en el centro político y postula figuras y personajes con quienes espera cumplir el objetivo. Se destacan Marco Quezada, Cruz Pérez Cuéllar y Guadalupe Pérez, los candidatos de las tres bolsas electorales del estado que nunca han tenido sangre roja en su linaje ideológico. Ser de izquierda es muy interesante, pero en las democracias modernas la revolución y los votos no se llevan bien.

En Chihuahua, donde la mala gestión del PAN y Corral le facilitan las cosas, la candidatura de Loera es oposición en todo el estado. Aquí y en todo el país la clase política sigue manchada de negro y su transparencia y honorabilidad son una demanda pendiente que marcará la campaña local y pondrá balas en el arsenal nacional con un cartel estigmatizante sobre el gran responsable: Prian, el más exitoso y brillante trabajo de comunicación política de López Obrador.

Juan Carlos Loera de la Rosa es morenista de origen y se autodefine como un candidato de izquierda que apuesta a liderar un proyecto de futuro, que necesita crear una percepción en la gente y debe alejarse de los decadentes perfiles actuales de campaña. La estructura morenista es muy pobre en el estado y él se convirtió en el dirigente estatal partidario de facto y su coordinación de campaña funciona como si fuera Morena.

Al buscar votos en el centro político, la estrategia morenista se encuentra con el votante moderado que asistió al declive del PRI y puede quedar seducido por el atractivo perfil de Marco Adán Quezada, una jugada que se arriesga a desmovilizar y hasta perder al electorado más ubicado a la izquierda. El electorado de Chihuahua capital mira más a la derecha que sus pares del resto del estado, tal como lo confirman los datos postelectorales de los comicios de 2016 y 2018.

Morena ha entendido que este tipo de elector huye de la izquierda radical y en esa pesca a la salida del PRI se ha basado el PAN de la capital y de los principales centros urbanos, exceptuando Juárez, para obtener su éxito político electoral. Por ello los candidatos de Morena no son orgánicos, porque con ellos busca a estos electores en fuga del PRI. Es una operación estratégica que los liderazgos morenistas originarios rechazan y explica la polvareda interior de Morena en las principales plazas de la entidad.

En 2018, el votante chihuahuita dejó al PRI y se movió hacia el PAN, no hacia la izquierda de Morena. Poniendo a Marco como candidato, Morena quiere lograr que ese goteo que sufre el tricolor deje de irse al PAN y que tampoco se corra a la nueva opción de MC.

Morena ejerce el derecho de darle una mordida a los votantes priistas y competirle la masticada al blanquiazul, ya que todos están en esta misma cacería de políticos tricolores. Así se explica el fichaje de priistas como Fermín Ordoñez en las campañas aliadas de Nueva Alianza, candidato a diputado local capitalino en un distrito caracterizado por el voto duro priista.

La gente de Morena y el propio Juan Carlos saben que después de dos años en campaña, la etapa formal de 60 días es muy poco tiempo para que las cosas puedan ser radicalmente modificadas. Su partido tiene una intención de voto superior a los 40 puntos y, más allá de su candidatura a gobernador, el valor de esta elección radica en las diputaciones federales, porque lo primero es la sobrevivencia del proyecto de la Cuarta Transformación y la mayoría en San Lázaro.

Al haberse convertido Loera en partido y candidato al mismo tiempo, está obligado a entregar resultados positivos en esta batalla madre, lo cual consiste concretamente en ganar como mínimo 5 de los 9 distritos electorales federales, como en 2018. De no ser así, sentirá que la misma mano que le palmea la espalda, lo empuja al despeñadero.

Así encuentra sentido el discurso inicial de Juan Carlos Loera el domingo 4 de abril, porque fue una propuesta incluyente y nada radical, muy a disgusto para la base de izquierda, pero eficaz para subir en la elección. Siguió al pie de la letra el catecismo de las mañaneras, anunciando lo de siempre, que lo que viene será mejor, la esperanza en un plan de gobierno mágico y una propuesta amigable en línea con la cuarta transformación. Solo dice lo que el votante quiere escuchar, es sencillo.

El resultado humillante del PRI y el PAN en 2016 y 2018, más la desaparición de la alternativa independiente, le dieron alas a Morena en medio de un tablero político que revienta el escenario estatal. El PAN tiene ahora dos competidores a su derecha, el PRI y MC, con sus candidatos relevantes, los empresarios Adriana Fuentes y Rodolfo Martínez. Los incentivos para radicalizar su discurso son reales, siempre tras la captura de los electores conservadores que se han identificado tradicionalmente con el panismo.

Los estrategas panistas buscan anular a Morena, pero arrastran el problema de que la capacidad competitiva del PAN, PRI y MC se anula mutuamente al enfocarse en los mismos electores, la lucha por el centro político. Ese intento parece imposible en el caso de Cruz Pérez Cuellar, quien nunca se ha identificado con la izquierda radical y tampoco lo hará en esta elección, salvo que se quiera suicidar.

Probablemente haya un traspaso de electores conservadores entre el PRI y el PAN, con un Morena fronterizo llenando la bolsa de votos duros y plantado en el centro, en un contexto de campaña muy corta, sin tiempo para desplazarlo de ese lugar privilegiado.

Solo el tiempo dirá si el doble proceso de campaña y juicio resultó a favor o en contra de Maru Campos. Por ahora es seguro que su inicio ha estado cargado de titubeos ante el deslinde de Corral, el cuestionamiento al proyecto de su principal contrincante y el lanzamiento de una propuesta convincente, tres tareas que no ha llevado adelante en forma contundente. Sigue siendo la favorita porque le puede ganar a Morena, aunque posteriormente resultara culpable de corrupción.

Su campaña inició algo desconcentrada y sin resultados satisfactorios de primera instancia. El escenario desairado de La Boquilla, donde convocaron a los electores de esa región agrícola, mostró que están enojados con Morena, pero también con el PAN y su Gobierno, sin que Maru se despegara con un claro discurso de distanciamiento. El PAN y el PRI ya estudiaron bien el tema del agua y seguirán sacándole jugo al asunto más importante de una región que alberga 6 municipios electorales importantes con dos distritos locales y uno federal.

Los panistas dan por seguro este territorio y confían en arrasar con Morena. Sin embargo, la frialdad con que fue recibido su evento de inicio de campaña da nuevas lecturas de lo que piensan los electores de Chihuahua. Acá se trata de un cambio en el mapa mental electoral, un escenario que supera los alcances de una elección concreta y de estos partidos y candidatos. Después de haber transitado muchas elecciones y conocido varios Gobiernos, Mirone aconseja leer con atención los cambios de época y sus consecuencias.

Corral le tiró un torpedo a su propia línea de flotación del Titanic de campaña, cuando declaró en diferentes entrevistas, a medios nacionales y locales, que varios actores políticos y empresariales le sugirieron no iniciar procedimientos contra Maru Campos, porque ella era la única esperanza para derrotar a Morena e impedir el alineamiento chihuahuense a la lógica política del Palacio Nacional.

La idea era perdonar lo que sea en aras de frenar la victoria de Morena, un supuesto pedido de huachicoleros del estado que desconocen la democracia y buscan impunidad perpetua. Dijo que los defensores de Maru, que llevan más de tres años representándola, argumentaron de igual manera. Se trata de uno de los despachos jurídicos más caros del país, que demanda recursos amplios de las arcas marucampistas y se mete en la política local dando consejos al gober.

El PAN y Morena se juegan su futuro inmediato en las plazas de Juárez y Chihuahua. Maru Campos busca masticar lo que queda del PRI y ocupar ese espacio a la vez que patea a MC a ser un mero actor testimonial dentro del rincón derecho de la elección. Si el panismo llegara al Gobierno con ambas pretensiones satisfechas, podría ser hegemónico en su espacio y aspirar al reto presidencial de 2024, con Maru como el referente obligado de un panismo con liderazgos regionales y nacionales disminuidos y cuestionados.

A Maru Campos le están haciendo gratis la campaña electoral con la vinculación a un juicio, una cortina de humo negro difícil de explicar a los electores, porque dentro de un proceso electoral competitivo y virulento suena complicado decirle a los votantes que la están investigando por corrupta, pero es honesta.

Javier Corral seguirá insistiendo en la ruta obsesiva de crucificar con juicios a Maru Campos, una tarea que este próximo 16 de abril tendrá una nueva parada con los jueces. Sin duda tendrá otras estancias con los tribunales electorales en otras fechas, un ritmo agotador para ella y para los electores. Cuando Chihuahua reclama un gigante, salieron muchos enanos a apropiarse del escenario.

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