Muere Chuck Mangione, lo recuerden por la emotiva melodía, “Los Hijos de Sánchez”
Eduardo Arredondo Delgado
El célebre fliscornista y trompetista estadounidense, Chuck Mangione falleció, el pasado 22 de julio, mientras dormía. Dejan un legado más que impresionante, produciendo más de treinta álbumes en más de cincuenta años de trayectoria. Tenía 84 años.
Mangione hizo historia musicalizando “Los Hijos de Sánchez” -basada en el polémico libro de Oscar Lewis- bajo la dirección de Hall Bartlett, un cineasta nacido en Kansas City y graduado en Yale.
Los Hijos de Sánchez, una historia real de pobreza, ubicada en algún rincón del México desigual. Aborda las relaciones de poder de un padre mujeriego y de una hija rebelde que solo puede desobedecer, casándose. La película de 1978 reunió a un gran elenco destacado, encabezado por el camaleónico, Anthony Quinn, Lupita Ferrer, Dolores del Río, Katy Jurado y una jovencísima, Lucía Méndez quien apenas rompía el huevo del espectáculo en su natal Guanajuato y paulatinamente se convertiría en una de las figuras emblemáticas en las telenovelas mexicanas del emporio, Televisa, cuyo mandamás, Emilio Azcárraga era en propias sus palabras “un soldado del Pri”, cuando el Partido Revolucionario Institucional eral algo cercano a un reino de ensueño y poder.
Mangione y su sonrisa sencilla obtuvo un premio Grammy por haber musicalizado la película, cuya cinta rompió esquemas. En su momento al estreno asistió el presidente de Estados Unidos y su esposa, Jimmy y Rosalyn Carter. Fue un gran evento y la cinta hábilmente abordó las nuevas y viejas relaciones enfermizas de la familia, que influían al fin de los setenta.
Mangione nació el 29 de noviembre de 1940, creció en Rochester, Nueva York y desde la década de los años sesenta produjo grandes piezas instrumentales.
Siendo un adolescente, John Birks “Dizzy” Gillespie, le regaló una trompeta de las modelos “upswept”. El astro había quedado impactado por el talento de Mangione, quien nunca dejó de brillar y si de influir en muchas generaciones
En 1980 la publicación Current Biography nombró a Feels So Good como la melodía más reconocida desde Michelle de The Beatles.
Por algunos años estuvo trabajando de forma discreta y aceptó los nuevos géneros que llegaban desplazando a la música del jazz que tantas ilusiones trajo.
Se le recuerda por tocar con su sombrero de fieltro marrón, cuyo acompañante más adelante sería donado a una institución.
La fama que la paladeó y respiró por muchos años ya era para otros, los que creen que el dinero y el poder son para siempre. Por lo mismo ya hacía tiempo que estaba retirado.
Sus notas nostálgicas siempre propusieron lugares, gente cercana en donde se podía construir un paraíso o algo próximo. Su música instrumental, fue un canto a la belleza, a la generosidad de estar vivo y contribuir con los milagros de la existencia, que a menudo pasan inadvertidos.







