Historia de
La resistencia y unión marcaron la jornada de lucha y protesta encabezada por mujeres hartas de gobiernos que están más concentrados en ser el mejor anfitrión de la Copa Mundial de Futbol 2026, que en dejar de ser un país feminicida, con miles de desapariciones de niñas y millones de víctimas de violencia física, sicológica y sexual.
Con determinación, este 8 de marzo la Marea Violeta, conformada por 120 mil mujeres, tomó las calles para gritar que México no necesita grandes espectáculos ni torneos deportivos que desplazan a la clase trabajadora, multiplican la gentrificación y la trata de mujeres, sino seguridad, mejores condiciones laborales y justicia.
Mientras asesinan a madres buscadoras, violan a niñas y encarcelan a defensoras de la tierra, advirtieron que el Estado busca proyectar una buena imagen para recibir a turistas internacionales: “No al Mundial del despojo. La Copa Mundial es un negocio que expulsa comunidades, encarece la vivienda y militariza territorios”, acusaron.
Desde las 09:00 horas, manifestantes se concentraron en la Glorieta de las Mujeres que Luchan, el Monumento a la Revolución y el Ángel de la Independencia para dejar en claro a todas las víctimas de violencia de género que no están solas, exigir un alto al maquillaje de cifras y reclamar reparación del daño integral.
Entre pañuelos morados, pancartas y consignas feministas, contingentes de familiares de víctimas de feminicidio y desaparición forzada, niñas, mujeres con discapacidad y estudiantes avanzaron por Paseo de la Reforma para recordar que “no llegaron todas”, pues muchas fueron asesinadas y sus agresores viven en total impunidad.
“Sólo una de cada 10 muertes violentas de mujeres es investigada. Más de 90% de las violaciones y agresiones sexuales quedan sin castigo. Denunciamos la impunidad frente a los feminicidios y transfeminicidios, crímenes que continúan ocurriendo mientras las autoridades fallan en prevenir, investigar y sancionar”, gritaron.
Por más de ocho horas, mujeres indígenas, sobrevivientes de intentos de feminicidios y familias buscadoras visibilizaron omisiones de las autoridades que revictimizan, juzgan sin perspectiva de género y minimizan su dolor.
La exigencia por el aborto legal, gratuito y seguro se hizo presente en la marcha, pues los abortos clandestinos y violencia obstétrica continúan en todo el país.
“No aceptamos seguir sosteniendo en soledad el trabajo de cuidados que mantiene a millones de familias y a nuestras comunidades”, expresaron.
Estudiantes protestaron con frases de la lucha feminista, como: “Ni la dignidad ni la libertad son negociables”, “Nuestro grito viene de un corazón cansado de vivir con miedo” y “Que la vergüenza cambie de mando”.
Y organizaciones entonaron: “¡Alerta, alerta, alerta que camina… la lucha feminista por América Latina!”, “¡Somos malas y podemos ser peores!” y “¡Hay que abortar, hay que abortar, hay que abortar este sistema patriarcal!”.
Al llegar al Zócalo capitalino, se encontraron con las vallas metálicas de siempre, esas que les impiden acercarse a Palacio Nacional. Ahí, aseguraron que la presidenta Claudia Sheinbaum no las representa, no es aliada y nunca entenderá el dolor de una madre que pierde a una hija a manos de la violencia en México.
Este año, la movilización por el Día Internacional de la Mujer también se centró en la protección de niñas, niños y adolescentes, quienes son víctimas de abuso y explotación sexual infantil. Sobrevivientes tomaron el micrófono para dar sus testimonios, exponer a sus agresores y liberarse de “secretos familiares” que dañaron su niñez.
“Las niñas no se tocan, no se violan, no se matan”, “Las niñas, marchando, también están luchando”, “Escucha, idiota, las niñas no se tocan”, fueron algunas de las consignas que lanzaron ante las cifras de violencia hacia las infancias.
Adolescentes denunciaron casos de abuso y corrupción en sus escuelas; niñas nombraron la violencia familiar que viven todos los días; madres gritaron contra la violencia vicaria; jóvenes pidieron un alto a la violencia estética… Todas tenían una historia que contar, todas pudieron expresarse y dejar atrás el silencio: “Nadie nos calla”.
La protesta se vivió fuerte, triste y con esperanza: esperanza de que todo cambie, de que gobiernos imperialistas pongan un fin a la guerra en Medio Oriente, de que la ultraderecha deje de avanzar en Latinoamérica, que mujeres migrantes puedan vivir sin miedo, que las periodistas dejen de ser perseguidas y que las niñas sean felices.
En tanto, la jefa de Gobierno, Clara Brugada reportó saldo blanco en la marcha, pero informó que al final un grupo mayoritariamente de hombres vandalizó uno de los edificios del Gobierno de la Ciudad de México, quienes fueron retirados por las mismas manifestantes.







