Maru, la FGR y el mensaje político
Por Eduardo Arredondo
La escena no fue casual. Tampoco improvisada. La llegada de agentes de la Fiscalía General de la República al Palacio de Gobierno de Chihuahua para entregar personalmente un citatorio a la gobernadora Maru Campos Galván tuvo el sello de los momentos cuidadosamente calculados desde el poder.
El mensaje era evidente: exhibir, presionar y colocar a la mandataria estatal en el centro de un expediente políticamente explosivo; el caso del narcolaboratorio y la presunta presencia de agentes estadounidenses operando en territorio chihuahuense.
Maru Campos decidió convertir el momento en una narrativa de resistencia política. Recibió el documento frente a cámaras, habló de institucionalidad, de persecución y de un supuesto doble rasero del gobierno federal. No tardó en aparecer el argumento que hoy domina el discurso opositor: el uso de las instituciones de justicia con fines políticos.
Y es que la comparación con Rubén Rocha Moya no fue accidental. Desde Chihuahua intentan instalar la percepción de que Morena protege a sus aliados mientras endurece el trato contra gobiernos de oposición.
Sin embargo, detrás del discurso hay preguntas delicadas que siguen sin respuesta. ¿Qué tanto sabía el gobierno estatal sobre las operaciones relacionadas con el narcolaboratorio? ¿Existió coordinación con autoridades estadounidenses? ¿Hubo omisiones o simplemente se trata de una ofensiva política de la Federación?
La reacción del equipo jurídico de Palacio también deja ver que el conflicto apenas comienza. El argumento del fuero constitucional ya fue colocado sobre la mesa y anticipa una batalla legal y mediática que podría escalar rápidamente.
Pero más allá del debate jurídico, el episodio revela algo más profundo: la creciente tensión entre los gobiernos estatales y el poder federal en tiempos donde la seguridad, el narcotráfico y la relación con Estados Unidos se han convertido en territorios altamente sensibles.
La presidenta Claudia Sheinbaum hereda una relación ríspida con varios mandatarios opositores, y Chihuahua parece perfilarse como uno de los principales frentes políticos del norte del país.
Maru Campos apostó por victimizarse políticamente y enviar un mensaje de firmeza: “Aquí estoy dando la cara”, dijo frente a los agentes federales.
La pregunta es si esa narrativa alcanzará para contener el desgaste que inevitablemente provoca aparecer vinculada —aunque sea indirectamente— a una investigación federal de alto impacto.
Porque en política, muchas veces el citatorio importa menos que la fotografía.







