Marius Borg llora ante el Juez en su última declaración: “Ya no soy Marius. Soy un monstruo”
Ha terminado la primera fase del juicio del siglo, en la que se han presentado todas las pruebas del caso, cuya sentencia probablemente no se conocerá hasta mayo. Marius Borg, que se ha declarado culpable de 24 de los 38 cargos que le imputan, subió al estrado para testificar por última vez en una declaración que convirtió en un auténtico lamento. “La presión mediática a la que he sido sometido me ha borrado como persona. Ya no soy Marius. Soy un monstruo”, ha dicho ante el Juez entre lágrimas, según recoge el medio VG.
Marius Borg, además de estar acusado de delito muy graves, entre ellos, cuatro violaciones, es hijo de la futura reina consorte de Noruega lo que ha dado al juicio una extraordinaria dimensión mediática en cuyas consecuencias ha decidido centrarse para concluir sus intervenciones en el tribunal: “Soy objeto del odio de toda Noruega”. El hermano de la princesa Ingrid se encuentra en prisión preventiva y el Juez acaba de denegar su libertad antes de que se dicte sentencia al determinar que existe “un alto riesgo de reincidencia”.
“He perdido el 98 por ciento de mi red social, y los pocos que me quedan no se atreven a salir a comer a un restaurante conmigo, ni quieren que los vean conmigo. Me siento solo”, ha lamentado Marius con la voz temblorosa en los últimos compases de este juicio que comenzó el pasado 3 de febrero y que ya es uno de los más largos que se han vivido en las 250 salas del Tribunal del Distrito de Oslo.
El hijo de Mette-Marit de Noruega, que el primer día del juicio ya advirtió que estaba medicado, volvió a apelar a su salud mental en esta declaración final. Asegura estar obsesionado con todo lo que se publica de él y no reconecerse en la imagen pública que arroja: “Ya nada de lo que tengo es privado. Toda mi vida es de dominio público. Mensajes de texto con mi familia, conversaciones con mi familia, cosas que suceden…”, ha protestado. También se ha quejado de que la policía le ha excluído de todas sus redes sociales al confiscarle el teléfono móvil: “Especialmente Instagram, donde he tenido mi red de contactos en el extranjero, que definitivamente necesité durante este período… Poder estar con amigos que no… Que no se ven afectados por la carga mediática demencial que hay aquí en Noruega”.







