Lo que faltaba
Ahora resulta que transitar por la carretera de Aldama a Ojinaga ya no solo implica manejar con precaución, sino esquivar poncha-llantas y rezar para no quedar en medio de un enfrentamiento armado… o bajo el alcance de un dron con explosivos.
De manera extraoficial, esta vía volvió a convertirse en escenario de violencia entre grupos criminales antagónicos, que no solo se enfrentaron a balazos, sino que presuntamente utilizaron tecnología aérea para lanzar explosivos, una práctica que hasta hace poco parecía lejana, pero que hoy ya forma parte de la realidad en esta región.
Como si no fuera suficiente, los delincuentes habrían esparcido poncha-llantas para inmovilizar vehículos y retrasar la llegada de las autoridades, afectando directamente a ciudadanos que nada tienen que ver con estos conflictos y que terminaron varados, con daños en sus neumáticos y expuestos al peligro.
Lo más alarmante no es solo el enfrentamiento en sí, sino la normalización de estos hechos. Esta carretera lleva tiempo siendo territorio de disputa y, tan solo en el último mes, ya se han localizado seis cuerpos sin vida en distintos tramos. La violencia dejó de ser un hecho aislado y pasó a formar parte del paisaje cotidiano.
Mientras tanto, la información oficial sigue sin llegar y la incertidumbre permanece. La pregunta es inevitable: ¿cuántos episodios más tendrán que ocurrir para que se recupere la seguridad en una ruta que debería ser de tránsito y desarrollo, no de guerra?
Porque sí, en esta historia, lamentablemente, esto era lo que faltaba.







