Llegaron en burro los jinetes del Apocalipsis: la ciencia en Chihuahua, en ruinas Eduardo Arredondo Ya te la sabes 3er parte de “cria cuervos. Francisco J. Turati Muñoz”
El Sistema Estatal de Investigadores se desmorona entre desorganización, favoritismo y negligencia institucional
Calló la URSS con la Perestroika, se desplomó el Muro de Berlín como un castillo de arena, ardieron las Torres Gemelas ante el estupor global… y ahora, con menos estruendo pero igual vergüenza, contemplamos al Sistema Estatal de Investigadores del estado de Chihuahua caer. No con dignidad, sino arrastrado como un muñeco roto al que ni los perros callejeros voltean a ver.
El pasado 8 de agosto, en el salón 25 de Marzo del Palacio de Gobierno, lo que debía ser una ceremonia académica se convirtió en un sainete vergonzoso. La entrega de reconocimientos a investigadores estatales se realizó con la informalidad de una posada improvisada: sin registro, sin organización, sin respeto. Científicos y académicos —sí, los que cargan con el peso de la ciencia en la región— de pie bajo el sol, sin sillas, esperando como si fueran aspirantes a un empleo precario.
La ceremonia comenzó tarde, mal dirigida, con la improvisación como estrella invitada y el desdén como maestro de ceremonias.
El reparto de placas parecía una piñata en mal estado. Mejor las hubieran lanzado al aire para que cada quien recogiera la suya: al menos habría habido más orden. Los primeros en ser reconocidos, por supuesto, fueron los amigos del señor Turati. Porque, en este banquete de egos, lo que menos importó fueron los méritos científicos.
Errores que parecen agravios
Pero el agravio mayor no fue la forma, sino el fondo: clasificaciones erradas, investigadores colocados en áreas que jamás han estudiado, publicaciones desaparecidas como garabatos en servilletas de bar, años de experiencia ignorados como si nunca hubieran existido. Un acto tan burdo que ya se siente personal, dirigido contra quienes han sostenido el quehacer científico en Chihuahua durante décadas.
“Desde enero no me resuelven la gestión de una publicación en el programa Publich”, se quejó uno de los afectados, recordando también la edición ausente de RAKé, el fantasma editorial que este año no conoció imprenta. El Instituto, antes prolífico, hoy se asemeja a Comala: un pueblo vacío donde solo se escuchan murmullos de pasillo y promesas muertas.
¿Quién conduce este naufragio?
¿Qué futuro puede tener un Sistema Estatal de Investigación dirigido por un maestro en derecho que presume de saber ciencia? Ninguno alentador. Los indicadores lo confirman: desarrollo, innovación, investigación… todo en ceros. Pura hojarasca en los informes oficiales.
Lo que fue un semillero de estudiantes, empresarios e investigadores se ha reducido a una sala de juntas en penumbras, donde unos cuantos titiriteros juegan a decidir el destino de la ciencia con la misma seriedad con la que un niño acomoda soldados de plástico.
El director de la SIDE y la gobernadora tendrán que decidir si se mantienen ciegos, sordos y mudos, o si están dispuestos a devolver la vida a este cadáver político-científico. Porque hoy, lo único que florece en el instituto es la ignorancia disfrazada de poder, la codicia con corbata y un hedor a negligencia que ni los caballos del Apocalipsis se atreverían a montar.







