EDUARDO ARREDONDO La pelea por la caja del Senado
La llegada de Ignacio Mier a la coordinación de Morena en el Senado no abrió una nueva etapa política. Abrió una disputa por el control del dinero. Todo lo demás es escenografía.
El respaldo público solicitado para Adán Augusto López fue apenas el gesto ceremonial. Detrás, Mier empezó a mover las piezas que realmente importan: la Oficialía Mayor y la administración de los recursos. Ahí donde se decide quién tiene poder real y quién solo presume cercanía.
Durante meses, el manejo presupuestal del Senado quedó concentrado en un círculo reducido y operado, en los hechos, por la senadora Andrea Chávez. No como figura decorativa, sino como canal directo del excoordinador para autorizar, comunicar y ejecutar decisiones financieras. La política se convirtió en administración. Y la administración, en control.
Ese esquema agotó a más de uno dentro de Morena. No solo por el fondo, sino por la forma. El dinero se manejaba desde la coordinación y se bajaba sin discusión, sin explicación y sin margen. La inconformidad creció, pero se mantuvo en silencio. En el Senado, quien controla la caja, controla la disciplina.
Mier no llegó para custodiar ese modelo. Llegó para desmontarlo. Por eso se anticipan revisiones a comisiones estratégicas, a la Oficialía Mayor y a toda la estructura administrativa que operó bajo la lógica del tabasqueño. No es ajuste menor: es un golpe al corazón del poder interno.
La consigna es clara: no abrir guerra frontal con el grupo de Adán Augusto —donde se mueven Andrea Chávez, Óscar Cantón, Carlos Lomelí y Cuauhtémoc Ochoa—, pero sí dejar en claro que ya no mandan. Que el tiempo de la obediencia automática se terminó.
Para Mier, el margen es mínimo. O se convierte en el verdadero operador del oficialismo en el Senado o queda reducido a coordinador de trámite. En ese escenario, cada crisis interna sería la excusa perfecta para que el pasado vuelva a sentarse sobre la caja.
Porque en política, cuando no controlas el dinero, no controlas nada.







