La historia no perdona a los que no entienden su tiempo
Por: Raúl Sabido
Mientras la Cuarta Transformación se consolida como un nuevo régimen político con aspiraciones de largo aliento, los partidos de oposición en México se debaten entre la irrelevancia, la simulación y una agonía política que ellos mismos han provocado. Lo que intenta descarrilar la oposición —y los medios que la sostienen— no es solo un gobierno, sino una nueva configuración del poder. Y lo hacen tarde, mal y sin proyecto.
La ruina opositora:
Partidos sin alma ni dirección
PRI, PAN y Movimiento Ciudadano, en distintas escalas, padecen el mismo mal: la desconexión total con la ciudadanía. Han dejado de representar algo más allá de sus propias cúpulas, convertidas en élites encerradas, más interesadas en sobrevivir que en transformar. Su crisis no es coyuntural. Es estructural, terminal y —lo más grave— autoinfligida.
El PRI, alguna vez máquina electoral hegemónica, hoy es un zombi político. Sin narrativa, sin cuadros nuevos, sin legitimidad. Su alianza con el PAN fue el último clavo en su ataúd ideológico. Se volvió un partido sin alma, sin proyecto, sin militancia viva. Vive de recuerdos y de prerrogativas.
El PAN, atrapado en su moralina conservadora, ha perdido todo pulso social. Su discurso anticorrupción carece de autoridad moral, erosionado por su propio historial de escándalos. Aislado por su elitismo, cegado por su clasismo, sin líderes ni ideas, hoy es un partido que no dialoga, solo impone.
Movimiento Ciudadano desperdició su mejor momento. Pudo ser alternativa, pero prefirió el oportunismo. Hoy juega a ser oposición sin comprometerse con nada. Sin su fundador a la cabeza, se volvió un barco a la deriva.
La realidad es simple: estos partidos no han construido una alternativa real a la 4T. Peor aún, han contribuido a su fortalecimiento, al ofrecer una oposición torpe, reactiva y sin visión. La política del rechazo, del insulto y de la venganza no es estrategia. Es desesperación.
La 4T: de movimiento a régimen
Lo que comenzó como un proyecto de gobierno, hoy es claramente un régimen político en gestación. Con Claudia Sheinbaum al frente, la 4T ha logrado continuidad, institucionalización y —sobre todo— arraigo popular. Algo que ningún otro movimiento había conseguido desde el PRI posrevolucionario.
Morena ha absorbido al PT, al PVEM y a una larga fila de militantes desertores de otros partidos. No por magia, ni por compra de conciencias, sino por ofrecer lo que los otros no: espacio político, narrativa de transformación y una maquinaria que funciona.
Sumar no es debilidad, como quiere hacerlo ver la oposición. Es hegemonía.
Reforma político-electoral: un parteaguas
La reforma electoral planteada por Sheinbaum apunta a debilitar los excesos del viejo régimen: reduce el financiamiento a partidos, reestructura el INE, y busca erradicar el sistema de plurinominales manipuladas. La intención es clara: devolver al pueblo el poder de decidir, y quitar a las cúpulas partidistas su monopolio del Congreso.
Por eso la oposición tiembla. Porque sabe que sin clientelas, sin privilegios, sin estructuras infladas y sin pluris asignadas a modo, desaparecen del mapa.
Medios: verdugos y víctimas
Los medios tradicionales han sido cómplices de esta decadencia. No solo por falta de rigor, sino porque siguen aferrados a una lógica de negocios: vivir de la publicidad oficial y de los partidos que hoy se derrumban. Han perdido credibilidad, al igual que sus patrocinadores.
Mientras la 4T crece desde lo popular, los medios y la oposición se retroalimentan desde lo superficial. La narrativa victimista ya no resuena, porque el electorado mayoritario ha dejado de escucharlos. No entienden que el terreno ha cambiado.
No entienden su tiempo
La oposición mexicana está frente a su última oportunidad: reinventarse o desaparecer.
Mientras siguen gritando “traición” cada vez que alguien se va a Morena, no se detienen a preguntar por qué se van. Y esa es la pregunta clave.
No se van por ambición. Se van porque no hay proyecto donde estaban. Porque sus partidos se cerraron, dejaron de escuchar, de incluir, de transformar. Morena, con todos sus defectos, sigue siendo movimiento. El resto, apenas una suma de nostalgias.
Cuando un panista cruza de acera, no se convierte en socialista. Solo busca seguir haciendo política. Cuando un priista migra, no lo hace por oportunismo. Lo hace porque el PRI ya no representa nada.
La política es dinámica. La 4T lo entendió. La oposición no.
¿Por qué intentan reventar a López Beltrán?
La figura de Andrés Manuel López Beltrán ha sido clave en esta estrategia de expansión: sumar liderazgos, abrir espacios, operar territorialmente. Lo mismo Adán Augusto López Hernández, arquitecto de mayorías legislativas. Por eso los ataques: porque representan continuidad, fuerza y organización dentro del proyecto de la 4T.
No son ataques aislados. Son parte de una campaña sistemática para erosionar la estructura del movimiento.
Pero, como suele suceder, el golpe no ha debilitado, sino fortalecido.







