eduardo arredondo La elección judicial, que debía ser un ejercicio histórico de participación democrática directa, terminó convertida en un expediente vergonzoso de manipulación masiva. Cinco consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE) —Claudia Zavala, Arturo Castillo, Martín Faz, Jaime Rivera y Dania Ravel— han encendido la alarma: lo que ocurrió no puede llamarse elección libre.
Los datos presentados por los consejeros no solo son preocupantes. Son devastadores.
Relleno de urnas, votos fantasmas y caligrafía clonada
En miles de casillas aparecieron boletas sin doblar (planchadas), es decir, que nunca pasaron por una urna. Otras más tenían folios consecutivos llenados con la misma letra, participación imposible de alcanzar en los tiempos que duró la jornada, y en múltiples puntos, los votos superaban el número de votantes registrados.
“Los acordeones afectaron el voto libre y secreto”, afirmó Martín Faz, quien presentó el análisis más completo.
La dictadura del acordeón
Según el informe, en el 51% de las casillas (43,231 en total), las cinco candidaturas que aparecían en el famoso “acordeón” resultaron ganadoras absolutas. Esas boletas impresas y repartidas masivamente indicaban, con nombres subrayados, por quién votar.
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En 2 de cada 10 casillas, se votó por cuatro de los nombres del acordeón.
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En 1 de cada 10, por tres.
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Lo que significa que en 9 de cada 10 casillas, el voto fue dirigido, inducido, copiado.
“Estamos hablando de 7 mil 468 millones de combinaciones posibles… Es más fácil sacarse el Melate”, ironizó el consejero Arturo Castillo.
¿Democracia o montaje electoral?
Incluso en la elección de ministros para la Corte, en 60 de cada 100 casillas se votó por al menos seis de los nueve candidatos del mismo acordeón. ¿Casualidad? ¿Milagro democrático? Para los consejeros que se opusieron a validar esta elección, no hay duda: fue una operación política disfrazada de elección ciudadana.
“La condición de libertad de votar fue suplantada por un dictado de poderes hasta ahora desconocidos”, denunció Jaime Rivera.
¿Quién repartió los acordeones? Nadie sabe
Lo que está claro es que miles de personas los distribuyeron antes y durante la jornada electoral. Los documentos estaban en todos lados, menos en los listados oficiales. No eran propaganda, eran instrucciones. Nadie ha aclarado quién los imprimió, quién los pagó, quién los coordinó.
¿Y la respuesta oficial? Culpar a la oposición
En lugar de asumir la gravedad del asunto, la presidenta del INE defendió la elección judicial señalando al PAN y al PRI, por “negarse a participar”. Según ella, al no presentar candidatos ni fomentar el voto, los partidos opositores cedieron el campo de batalla.
Pero eso no explica la operación acordeón, ni limpia el resultado.
La pregunta es simple:
¿Puede considerarse válida una elección donde millones de personas votaron exactamente igual, guiadas por papeles entregados en la sombra, en una práctica que los propios consejeros califican de “antidemocrática”?
Si esto es democracia, ¿qué no lo es?







