La austeridad según el Senado: para todos, menos para los cuates Por [ eduardo aredondo ]Mientras millones de mexicanos hacen malabares para sobrevivir con un salario mínimo, en el Senado de la República la llamada “austeridad republicana” se interpreta de una manera muy peculiar: no como recorte de privilegios, sino como redistribución interna de los beneficios… siempre entre amigos, familiares y leales del partido.
El caso más reciente y sonado es el de Lorenzo Manuel Loera de la Rosa, hermano del senador morenista por Chihuahua, Juan Carlos Loera de la Rosa. Lorenzo no es legislador, no fue electo por nadie, y hasta donde se sabe, no tiene una trayectoria reconocida en materia parlamentaria o administrativa. Aun así, cobra 37 mil 500 pesos al mes como “asesor en servicios administrativos”. Un cargo tan vago que lo mismo puede significar todo… que nada.
Pero aquí el punto no es solo el sueldo —que tampoco es menor para el promedio nacional—, sino el mensaje que se envía: que el Senado, en plena narrativa de austeridad, sigue operando como si fuera una agencia de colocaciones para los cercanos al poder. Y eso, seamos honestos, no es exclusivo de Morena. Es una vieja práctica que ha sobrevivido a gobiernos, colores y discursos.
La diferencia es que esta vez el discurso ha sido central. Morena ha hecho de la austeridad un estandarte. Nos han repetido hasta el cansancio que los lujos del pasado quedaron atrás, que ahora el pueblo es primero, que no hay cabida para el nepotismo, el influyentismo ni la corrupción de siempre. Pero los hechos —una vez más— contradicen las palabras.
¿Quién vigila a los asesores del Senado? ¿Cuántos tienen relación directa con legisladores? ¿Qué hacen, qué producen, cómo se mide su desempeño? No lo sabemos. Y mientras no haya transparencia total sobre estos nombramientos, seguiremos con la sospecha (justificada) de que muchos están ahí por apellido, no por mérito.
El caso Loera de la Rosa no indigna por ser excepcional, sino por ser tan común que ya ni sorprende. Pero debería. Porque cada vez que se normaliza el abuso de poder para beneficiar a los propios, se debilita un poco más la confianza en las instituciones.
Y lo más irónico: todo esto sucede mientras millones de mexicanos sobreviven, literalmente, con menos de lo que Lorenzo cobra en una semana.
Entonces sí, hay austeridad… pero solo para el pueblo. En las alturas del poder, el dinero público sigue fluyendo. Solo cambió de manos.







