Justicia que tarda… pero no olvida
Por eduardo arredondo
Han pasado más de 16 años desde aquella mañana del 5 de junio de 2009 en que México despertó con una noticia que heló la sangre: una guardería subrogada por el IMSS en Hermosillo, Sonora, ardía en llamas. El saldo fue devastador: 49 niñas y niños perdieron la vida y más de 70 resultaron heridos, muchos con secuelas de por vida. La tragedia de la Guardería ABC no solo fue un accidente: fue una cadena de omisiones, negligencias y complicidades que puso en evidencia lo más frágil del Estado mexicano.
Hoy, más de tres lustros después, una de las socias propietarias de la estancia, Sandra “T”, ha sido finalmente detenida y trasladada a México tras permanecer prófuga en Estados Unidos. Su captura no es solo el cumplimiento de un mandato judicial: es un símbolo de que la justicia, aunque ciega y a veces desesperantemente lenta, sigue su curso.
La noticia la dio a conocer la Fiscalía General de la República, que confirmó su deportación controlada y su posterior traslado a un penal en Hermosillo. Está acusada —y condenada— por homicidio y lesiones culposas. Delitos graves que han marcado la vida de decenas de familias y que representan una herida abierta en la memoria colectiva del país.
La detención de Sandra “T” no revierte el dolor, ni devuelve la vida a los 49 niños. Pero reaviva una esperanza que por años parecía desvanecida: la de que algún día, los responsables —todos— enfrenten las consecuencias de sus actos u omisiones.
Porque más allá de nombres y apellidos, este caso nos sigue recordando que los errores estructurales, la corrupción y la falta de supervisión no son daños colaterales: matan. Y que las guarderías, hospitales y escuelas no pueden operar como negocios sin rostro, sino como espacios donde el Estado tiene la obligación de garantizar seguridad, vida y dignidad.
La justicia puede tardar, y en México muchas veces lo hace. Pero la memoria —esa sí— no olvida.







