Elena Villegas
Que lean lo que sea, pero que lean. Esta es una premisa muy común que, unida a la recomendación de que sean los niños los que elijan los libros que van a leer, puede ocasionar más daño que beneficio. No, no todos los libros son adecuados para los niños o los adolescentes y, por mucho que sí que se les deba incentivar a que sean ellos quienes elijan sus lecturas, los padres (o los profesores) deberían hacer una selección previa. ¿Por qué?
¿Qué puede implicar que nuestros hijos lean libros que no están pensados para su franja de edad o que no tienen la calidad suficiente? Se lo hemos preguntado a Izarbe Lafuerza, experta en neuroeducación, quien deja claro todas las premisas a tener en cuenta.
No todos los tipos de lectura tienen los mismos beneficios.
Las familias suelen estar volcadas en fomentar la lectura en sus hijos y se quedan tranquilas si los ven leyendo, pero ¿vale todo? ¿Qué problemas ves en las lecturas a lasque acceden muchos niños y adolescentes?
No todos los tipos de lectura tienen los mismos beneficios, ni tienen el mismo impacto. Hay que tener en cuenta cuatro aspectos: el tipo de contenido, el género, la longitud y nivel de calidad y complejidad (textos breves vs. textos más elaborados), la frecuencia con la que se lee y el formato (digital vs. analógico).
En cuanto al contenido, hay que descartar los textos que incluyen ideas o hábitos nocivos para ellos y terceros como son: violencia, el consumo de sustancias tóxicas, estereotipos o ideas fijas que limitan su pensamiento crítico, aquellos que muestran relaciones que no son saludables, los que tienen un contenido ofensivo que puede dañar su autoestima y salud mental o los contenidos falsos (las famosas “fake news”), que no son convenientes porque los niños y adolescentes lo normalizan y replican.
Sobre la longitud y nivel de calidad y complejidad, hemos de pensar que, así como no se ejercitan los mismos músculos al nadar que al hacer pesas, sucede lo mismo al leer: no se ejercitan las mismas áreas cerebrales al leer un texto breve y pobre que una novela.
La calidad del contenido marca la diferencia. La calidad viene marcada por el tipo de vocabulario (que sea rico, variado y novedoso: que aporte conceptos nuevos al lector) o la complejidad de la lectura, entre otros. Un libro breve y que no profundiza, no tiene el mismo impacto que uno más elaborado. A mayor complejidad, mayor esfuerzo intelectual estará haciendo el menor y más se estimulará su mente.
Y es que, solo cuando el texto supone un cierto reto cognitivo, ya que introduce nuevo vocabulario para el lector o le invita a la reflexión, las redes neuronales que estimulan la memoria, el lenguaje o la atención, se activan solo de forma limitada (Stanislas Dehaene, 2014).
Además, un texto complejo o largo le permite practicar su capacidad de hacer foco, algo básico en un mundo lleno de distracciones como el actual. Algo indispensable también para ser feliz, pues una mente divagante es una mente infeliz. Según estudios de la Universidad de Harvard, cuando la mente se desvía del presente, tiende a centrarse en pensamientos negativos, reduciendo la sensación de bienestar y paz.
Por otro lado, la frecuencia es determinante. La lectura debe de ser un hábito cuanto más frecuente, mejor. En cuanto al formato, digital o analógico, es preferible el segundo.
La edad recomendada es una referencia que debe tenerse en cuenta. En ocasiones, los padres ofrecen una lectura de un nivel superior, ya que tienen hermanos mayores y dicen que están “curados de espanto”, pero no debemos tener prisa. Debemos asegurarnos de que el nivel la lectura propuesta debe estar acorde al nivel de madurez cognitiva o emocional del lector (que cambia según el menor independientemente de la edad). Es importante porque, si el nivel es bajo para su nivel de madurez -cognitivo y emocional-, el menor puede aburrirse y puede asociar la lectura a una actividad aburrida.
Si el nivel es elevado, puede frustrarse, dar por imposible la lectura y, además de dejarla, sentirse mal por no entender la lectura o no seguir el ritmo. Esto tiene dosconsecuencias: mermamos su autoestima y el acto de leer le puede generar miedo a sentirse de nuevo incapaz, insuficiente, incompente o menos hábil que sus compañeros. Debe ser un nivel en el que la lectura le rete y permita reflexionar y aprender conceptos nuevos, pero donde se sienta cómodo.
Si se ha aficionado a leer un tipo de libros que no le conviene, ¿qué hacer para cambiaresa costumbre?, ¿para que lea libros que sí son adecuados para él o para ella?
Es importante que el colegio y las familias se alíen y trabajen este cambio juntos. Las lecturas colaborativas en clase son de gran ayuda para que disfruten de las nuevas lecturas con sus compañeros. Al ser algo que no hacían con las otras lecturas, puede ser un punto diferencial. Se trata de algo que viví cuando di clases en dos colegios de Helsinki, en Finlandia (Ressu Comprehensive y Saunalahti): cuando debían trabajar sobre un texto, se les ofrecían varias libros y debían escoger uno. Los alumnos que habían escogido el mismo libro, reflexionaban y conversaban sobre él a partir de unas preguntas guiadas. Esto permite que la lectura sea una herramienta más para socializar y que no se asocie a una actividad solitaria que a veces tiene connotaciones negativas.
Cuando a un niño o a un adolescente no le gusta demasiado leer, lo que la mayoría deprofesores recomienda es que se le ofrezcan libros que vayan en la línea de susintereses. ¿Qué otros aspectos hay que valorar para fomentar en ellos la lectura?
Además de los intereses del menor, es fundamental tener en cuenta el nivel de la lectura propuesta, como comentábamos antes. También hay que tener en cuenta que debe ser el menor quien escoja el libro que va a leer. Tanto en el colegio como en la escuela, podemos recomendarle o proponerle opciones, pero el lector debe ser el que tenga la última palabra. Al no ser una lectura impuesta, no se siente obligado, y eso refuerza su compromiso por la lectura escogida. Además, con ese ejercicio estimulamos su capacidad de elección, su autoestima y, en el caso de que no escoja una lectura que le guste, su capacidad para tolerar errores.
Como decíamos, la lectura colaborativa es de gran ayuda y también lo son las bibliotecas. Te cuento algo que viví cuando di clases en Helsinki: en todas las clases, independientemente de la edad de los alumnos, había una biblioteca. Facilitar el acceso a los libros es fundamental. Además, debemos asegurarnos que incluye una gran variedad de opciones de textos (de diferentes géneros, formatos, idiomas, etc.). Estos debería ser replicable en casa.
En el hogar, es importante dar ejemplo. Hay que tener un libro siempre a mano para ser leído: cerca del sofá, en mesilla de noche, en el coche, llevar uno en el bolso… Aunque no lo leas, esto ayuda a que normalicen que leer es una actividad habitual y el tener los libros cerca.
A mayor complejidad de texto, mayor esfuerzo intelectual estará haciendo el menor y más se estimulará su mente.
También es habitual que, en esos casos en los que les gusta menos leer o les cuesta más que al resto, se les recomiende leer cómics. Independientemente de la temática de los cómics, ¿es esto una alternativa adecuada a libros de narrativa o de poesía? ¿O se trata de una buena puerta de entrada a estos otros tipos de lectura?
Sin duda que es una buena alternativa. Primero el uno y luego el dos. Como antes de lanzarse al mar, uno nada en la piscina, uno puede empezar por leer algo más ligero o ameno. Sobre todo, si le cuesta concentrarse para leer, lo ideal es leer algo más breve y con más imágenes e ir subiendo de manera progresiva tanto el tiempo de lectura como el nivel de la misma.
¿Cuáles son los beneficios de la lectura en el desarrollo del pensamiento crítico y de la creatividad de niños y adolescentes?
Los libros son puentes que nos llevan a otras personas, realidades y posibilidades y estimulan:
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El pensamiento crítico y la formación de opiniones propias: al descubrir nuevos puntos de vista, los menores pueden cuestionarse su opinión, cambiándola, ampliándola o reforzándola al agregar nuevos argumentos que confirman sus ideas.
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La creatividad: al mostrar otras culturas, realidades y posibilidades. Lo que no existía, de repente, se vuelve una opción.
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Resolución de problemas: también muestra soluciones a conflictos diferentes a los que podemos pensar.
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Empatía: conocer nuevas realidades, las emociones de otras personas, le permite entenderse mejor a uno mismo y a los demás. Esto permite aceptar a los demás en lugar de juzgarles, lo que les acerca a ellos y hace más tolerantes.
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Atención, mantener el foco: leer textos largos, elaborados o de una complejidad superior a su nivel actual, le permite practicar su capacidad de hacer foco.
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Paciencia: en un mundo donde la gratificación es instantánea, tener que esperar a terminar un libro para descubrirlo todo, entrena la paciencia.
Y hay otros beneficios, pues tan importante es leer como todo lo que rodea la lectura:
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Escoger el libro estimula la capacidad de decidir y, por ende, la autonomía
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Ordenarlo, cuidarlo, no pintarlo, ni destrozarlo, pasar paginas con cuidado: fomenta su sentido de la responsabilidad y del cuidado
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Generosidad y capacidad de compartir: dejárselo a otros sin miedo
¿La lectura impacta también en su salud mental?
La regulación emocional es la antesala de la salud mental y, un primer paso de esa regulación, es identificar, etiquetar y expresar lo que uno siente. Los libros ricos en vocabulario emocional contribuyen a la expresión emocional, y, por ende, a la salud mental.
Leer permite sentirse comprendido: cuando un personaje vive alguna experiencia similar a la tuya, uno siente que no es el único, siente alivio y comprensión, algo clave para el bienestar. Si algún menor está pasando por un mal momento, ofrecerle lecturas que traten de ese tema, puede ser de gran utilidad.
Saber estar solo también es un protector de la salud mental. Un menor debe aprender a estar solo para no caer en hábitos o relaciones tóxicas. En este contexto, la lectura se convierte en una herramienta perfecta para estar sin compañía y sin sentirse solo.
Otro elemento esencial, para una buena salud mental, es contar con una red de apoyo sólida y un buen vínculo entre padres e hijos y entre amigos. Los padres y adultos de referentes (familiares, docentes, etc.), podemos crear ese vínculo a través de la lectura: leyendo con ellos y utilizando la lectura como excusa para tener conversaciones profundas y no superficiales. Para ello, se deben hacer preguntas específicas y no generales, que permitan ahondar en sus intereses, en cómo se han sentido durante la lectura, en si se han sentido identificados con algún personaje, qué han aprendido, si ha cambiado alguna opinión que tenía sobre algo, etc. Preguntas que crean una conexión real y un vínculo profundo.
Leer permite entrar en un estado de flujo u óptimo, como lo denominó el psicólogo M.Csikszentmihalyi. Un estado en el que uno se olvida de todo, se inmersa en una actividad y disfruta de ella. Un estado en el que el cuerpo libera los cinco químicos que promueven el bienestar a niveles muy elevados: dopamina, endorfinas, serotonina, norepinefrina y anandamida. Todo ello, reduce el cortisol, la hormona del estrés, llevando al menor a la calma (por eso es tan recomendable leer antes de acostarse). Todo esto, fortalece su bienestar y su salud mental.
¿Es adecuado que los padres prohíban a sus hijos leer un libro o un tipo de libros? ¿Cuál es la forma adecuada para conseguir que no los lean sin llegar a prohibir?
Una de las funciones de los padres es proteger a sus hijos. Uno no debe caer en la sobreprotección, pero sí que debe proteger. Así que sí, sin caer en la sobreprotección, es necesario identificar y prohibir cualquier conducta susceptible de ser perjudicial para un menor, en este caso, leer algún tipo de contenido no recomendable (por ser un contenido ofensivo que puede dañar su autoestima y salud mental), que incluye violencia, que es falso (fake news), etc.







