Balas en el velorio: poder, impunidad y silencio oficial
Por [ eduardo arredondo ]
En Parral, el dolor por la pérdida de un ser querido se convirtió en una escena de terror. El funeral de Luis Carlos “Coco” Baca terminó empañado por la violencia cuando dos abogados fueron baleados a las puertas de la funeraria. Las detonaciones, en medio de coronas fúnebres y abrazos de duelo, no sólo dejaron heridos a dos profesionales del derecho: también pusieron en la mira a un apellido con peso político en Chihuahua.
Quien habría jalado el gatillo, según testigos y fuentes de la propia Fiscalía, es Fernando “El Chino” Ramírez, hermano menor del presidente del Congreso del Estado, el priista Memo Ramírez. Sí, el hermano de uno de los hombres con más poder político en el estado. Pero hasta ahora, silencio sepulcral desde la Fiscalía General.
Los heridos, Héctor Villasana y Enrique Muñoz, no son figuras menores. Se trata de abogados con experiencia en tribunales federales, especialistas en derecho penal y amparo, conocidos por defender causas complejas, incómodas, incluso de alto perfil político. Ambos han participado en los famosos “Expedientes X”, esos que incomodan a los poderosos.
El ataque, se dice, iba dirigido a Eloy Soto Payán, ganadero y exfuncionario durante la era Duarte. ¿Una vendetta? ¿Un ajuste de cuentas? ¿Un episodio de la narcopolítica? Las versiones se multiplican, pero lo único cierto hasta ahora es que dos civiles fueron baleados en público, uno de ellos mientras velaba a su padre. Y que el agresor fue señalado por nombre y apellido. Sin embargo, el poder lo protege. La justicia calla.
No hay comunicado oficial. No hay rueda de prensa. No hay detenidos confirmados. Solo trascendidos, filtraciones y un cerco de impunidad que huele a encubrimiento. Porque cuando el dedo señala al hermano del presidente del Congreso, el aparato se frena, los expedientes se dilatan y las cámaras se apagan.
Es difícil no ver en este episodio un reflejo del estado actual de la justicia en Chihuahua: selectiva, tímida ante el poder, eficaz solo cuando el acusado no tiene apellidos pesados. La violencia que se vive en el estado no es solo la del crimen organizado; es también la del abuso, el nepotismo y la impunidad institucionalizada.
Mientras tanto, Villasana y Muñoz se recuperan en un hospital. Estables, pero marcados por un ataque que podría haberles costado la vida. Afuera, el gremio jurídico está de luto y enojado. Porque si algo quedó claro ese día en Parral, es que nadie está a salvo, ni siquiera los que conocen la ley al dedillo.
Y que el poder, cuando se siente intocable, también dispara.







