Gallos de pelea y democracia a manotazos
Por: [ eduardo arredondo ]
En la arena política mexicana, el Congreso se ha convertido en un ring. La reciente sesión de la Comisión Permanente no terminó en un acuerdo ni en un debate constructivo, sino en un espectáculo lamentable digno de un palenque: empujones, gritos, manotazos y un camarógrafo en el suelo. Lo que debía ser un acto institucional terminó pareciendo una función sabatina en cualquier barrio bravo.
El protagonista del escándalo fue Alejandro “Alito” Moreno, senador del PRI y líder nacional del partido, quien subió a la tribuna con la furia contenida de quien siente que el micrófono le fue negado injustamente. Lo recibió Gerardo Fernández Noroña, presidente de la Mesa Directiva, con la misma dosis de testosterona parlamentaria. Resultado: un choque de egos, una gresca, y la democracia hecha pedazos en plena sesión.
El pleito, captado en video desde varios ángulos y viralizado en redes sociales, dejó algo más que empujones: dejó una imagen descompuesta de dos partidos que se autoproclaman pilares de la representación popular. El PRI, por un lado, tratando de capitalizar la confrontación como una muestra de “valentía” frente a lo que llaman autoritarismo morenista. Y Morena, por el otro, tratando de asumir el papel de víctima frente a una oposición “violenta y provocadora”.
Ambos discursos son igual de huecos.
En lugar de ideas, lanzan acusaciones. En lugar de propuestas, empujones. En lugar de liderar con civilidad, actúan como gallos de pelea sacando a relucir sus frustraciones. El que golpea, el que grita, el que cae al suelo y el que graba para volverse viral: todos contribuyen al circo. La política se reduce al espectáculo, y la ciudadanía a un público cada vez más hastiado.
La imagen democrática no solo se resquebraja; se arrastra por el suelo cada vez que nuestros legisladores confunden el Congreso con un ring. Y mientras los partidos se lamen las heridas o inflan el pecho por “haber defendido su posición”, el país sigue esperando debates de altura, acuerdos que funcionen y políticos que sepan usar la palabra antes que el puño.
Lo ocurrido en la casona de Xicoténcatl no es anecdótico. Es sintomático. Si nuestros representantes son incapaces de dialogar sin recurrir al manotazo, ¿qué podemos esperar del futuro inmediato de nuestra política?
El incidente entre “Alito” y Noroña no solo afecta al PRI y a Morena. Afecta a México. Porque cuando la política se reduce a gritos y empujones, los únicos que pierden somos nosotros.







