RFI
Aunque solo el tiempo dirá si sus reformas más audaces perdurarán, Francisco será recordado como un papa reformador que aceleró procesos de cambio dentro de la Iglesia. Francisco será recordado también como un papa muy popular, tal vez más por fuera de la Iglesia, entre los no cristianos. Con información de Éric Senanque, corresponsal de RFI en el Vaticano.
Desde el primer año de su pontificado, el obispo de Roma creó un “consejo de cardenales” provenientes de los cinco continentes, encargado de ayudarle en la redacción de la nueva Constitución Apostólica, el “reglamento interno” de la Curia. Esta fue publicada en 2022 y reforzó el vínculo entre el Vaticano y las iglesias locales.
Uno de los grandes proyectos de reforma lanzados por el papa argentino fue el sínodo, asamblea de obispos y expertos de todo el mundo, una estructura creada en 1965 por Pablo VI en el espíritu del Concilio Vaticano II.
En varias ocasiones, Francisco convocó en Roma estas grandes asambleas encargadas de abordar temas sobre los cuales la Iglesia tiene algo que decir: evangelización, lugar de los laicos y de las mujeres en la institución. Para el papa, se trataba de insuflar una nueva cultura en la Iglesia, más en sintonía con las expectativas de los fieles y en la que cada Iglesia local tuviera voz. Asambleas que dejaron un sabor a inconcluso en ciertos temas como el del lugar de las mujeres, ya que Francisco cerró la puerta al diaconado femenino.
En 2019, tras el sínodo amazónico, se aprobó permitir que laicos casados se ordenaran en esa región. Francisco postergó la decisión, generando frustración en los sectores progresistas.







