El saqueo de los dólares del petróleo venezolano
La Casa Blanca como administrador único.
Por: Raúl Sabido.
La realidad incuestionable:
La historia reciente del petróleo venezolano tiene un capítulo que merece ser contado sin eufemismos: los dólares que genera la venta del crudo no llegan a Venezuela, ni son administrados por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Son manejados directamente desde la Casa Blanca, bajo la decisión personal de Donald Trump.
El primer depósito, de 500 millones de dólares, fue transferido a bancos en Qatar. No se trata de un acuerdo transparente ni de un mecanismo institucional: es una incautación de la riqueza petrolera de Venezuela. El país extrae el crudo con su infraestructura, asume los costos de producción y mantenimiento, pero no recibe ni un solo dólar por ello, en perjuicio, una vez más, del pueblo venezolano tal y como lo hizo el mismo Trump con el oro venezolano depositado en el Banco de Inglaterra , se los incautó, como también incauto a CITGO la distribuidora, en Estados Unidos, de PDVSA, la petrolera venezolana.
Washington promete que “en algún futuro” esos fondos podrían liberarse, como un gesto de buena fe. Pero esa promesa se parece demasiado al viejo cartel de las tiendas de barrio: “Hoy no se fía, mañana sí” . Una ficción que nunca se cumple.
Lo que ocurre es un saqueo brutal:
Venezuela produce, pero otro decide y cobra. Los recursos se convierten en un botín retenido, administrado unilateralmente por Trump, quien los usa como herramienta política y como símbolo de poder sobre un país que queda reducido a espectador de su propia riqueza por tercera vez por el mismo saqueador.
La narrativa oficial intenta presentar este esquema como un “respaldo” o una “reserva” para un “futuro mejor”. Pero la realidad es que, mientras tanto, Venezuela no recibe beneficios, no puede importar medicinas ni alimentos con esos dólares, y su pueblo sigue pagando el costo de un petróleo que se extrae para enriquecer a otros.
La riqueza venezolana hacia Qatar:
El proceso del saqueo petrolero a Venezuela culmina con los depósitos en bancos qataríes y, que no es espontáneo ni transparente, es una cadena cuidadosamente diseñada para despojar a Venezuela de su renta petrolera y colocarla bajo el control directo de la Casa Blanca sin supervisión de nadie y mucho menos control.
Ruta del dinero hacia Qatar:
• La producción en Venezuela donde PDVSA extrae el crudo con su infraestructura nacional, asumiendo costos de operación, mantenimiento y salarios, el petróleo se carga en buques petroleros controlados por Estados Unidos rumbo al mercado internacional.
• Bajo la venta internacional condicionada el petróleo venezolano se comercializa en mercados externos, pero bajo licencias y permisos otorgados por Washington, directamente de la Casa Blanca.
• Los pagos son en dólares y los compradores los transfieren, pero esos ingresos no se dirigen a Caracas, ni al Departamento del Tesoro, van directamente a bancos de Qatar.
• Interviene la Casa Blanca y ejerce la Intercepción política reteniendo los fondos, EVITANDO que pasen por el Departamento del Tesoro o bancos estadounidenses, para esquivar litigios y embargos (la excusa) pero, la realidad es evitar la supervisión.
• El envío es a Qatar donde los recursos se canalizan hacia bancos qataríes, considerados “jurisdicción neutral” frente a demandas judiciales. Los bancos qataríes han sido criticados por su laxitud en materia de lavado de dinero, lo que explica por qué han sido considerados como atractivos para depósitos sensibles o fondos que buscan escapar de litigios y supervisión estricta de leyes antilavado de dinero.
El control directo de toda la operación de saqueo es de la Casa Blanca quien ordena personalmente el destino de esos depósitos. El primero, de 500 millones de dólares, se realizó bajo su instrucción.
Venezuela no tiene acceso a los fondos:
Washington promete que los fondos podrían liberarse “de buena fe” en el futuro, pero esa promesa funciona como un crédito eterno que nunca se materializa.
El primer depósito, de 500 millones de dólares, se realizó bajo su instrucción, consolidando la narrativa de que no es un proceso institucional, sino un acto de poder político.
La opacidad de los recursos en manos de Trump:
El recurso venezolano depositado en Qatar es un capital completamente fuera de cualquier control, supervisión o contabilidad institucional. No responde al escrutinio del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, y mucho menos a la vigilancia de alguna autoridad internacional que garantice transparencia en su manejo. Son fondos discrecionales, administrados directamente desde la Casa Blanca por Donald Trump, que se acumulan en silencio y cuyo verdadero monto nadie conocerá a medida que continúen creciendo.
Lo que representa para el mundo:
Esto representa el saqueo más grande y descarado cometido contra una nación soberana: un despojo que no enriquecerá a su pueblo, sino a un individuo que decide en solitario sobre esa riqueza soberana. Nadie le pedirá cuentas, porque nadie conocerá jamás la magnitud real de los montos ni el destino final de ese dinero. Es la riqueza de Venezuela convertida en botín personal, administrada en la sombra y fuera de todo control, el petróleo venezolano le está saliendo gratis a Trump.
Y, hasta hoy los medios internacionales no han mostrado el más mínimo interés por conocer a fondo el destino real de esta riqueza.
El insaciable Trump:
El mundo se inclina sumiso ante los designios del nuevo rey, convirtiéndose en vasallos que pronto lamentarán haber entregado sus soberanías. El Rey ha dado el primer paso para someterlos con la firma del llamado “plan de acción sobre minerales críticos” , un pacto que no es otra cosa que la cesión de los recursos estratégicos más valiosos de cada nación.
Lo que se presenta como cooperación es, en realidad, una rendición: los países entregan sus minerales esenciales y con ellos su independencia. Trump no se conforma con el petróleo; va por todas las riquezas que sostienen el futuro de las naciones. Y lo hace con la voracidad de quien no conoce límites, acumulando poder y botín mientras los pueblos quedan reducidos a espectadores de su propio despojo.
El mensaje del presidente ruso, Vladimir Putin, va lleno de realidades y verdades con una descripción muy clara de lo que les espera a los vasallos que se sometan y entreguen sus soberanías y sus riquezas.
Putin describió a Trump con toda claridad y exactitud, algo nunca visto en el presidente ruso.







