eduardo arredondo
El 16 de septiembre, Día de la Independencia, una fecha que debería estar marcada por el orgullo y la unidad nacional, se transformó, una vez más, en un día de luto en Chihuahua. La jornada se registró con tres ejecuciones en el estado, un saldo que, lamentablemente, se está convirtiendo en una constante. La violencia, que parece no tener un fin, mostró su rostro más crudo en esta fecha histórica, empañando las celebraciones y reflejando la fragilidad de la paz en muchos de nuestros municipios.
Tres vidas arrebatadas en un día de fiesta
En un informe de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), se reveló que el estado de Chihuahua, junto con Baja California y Oaxaca, registró tres víctimas de homicidio en ese día tan significativo para México. Si bien la cifra puede parecer pequeña frente a otras entidades, como el Estado de México o Guanajuato, donde los homicidios ascendieron a ocho y cinco, respectivamente, no deja de ser alarmante para una población ya golpeada por la inseguridad.
Lo peor de todo no es solo el número de víctimas, sino la sensación de que la violencia en Chihuahua se ha vuelto tan frecuente que cualquier día puede convertirse en un día más de tragedia. La pregunta que ronda es si realmente estamos viendo un retroceso en el control de la seguridad o si es una crisis que sigue expandiéndose, sin que ninguna estrategia logre contenerla.
La historia de un levantón que terminó en persecución
Mientras las familias celebraban el grito de independencia, un levantón —un secuestro a plena luz del día— se desató en el sur de la ciudad de Chihuahua. Fue un Volkswagen Passat, captado por las cámaras de seguridad, el que condujo a la policía hacia una persecución que cruzó varias colonias, como la Zootecnia y las Granja Universitarias.
La captura de dos presuntos responsables fue un pequeño alivio en medio de una trama que se sigue repitiendo: la impunidad, la violencia, la incertidumbre de si el capturado es realmente el que cometió el delito o si en algún momento de la madrugada alguien más tomará su lugar. Aunque los detenidos no fueron encontrados con armas, la sensación de inseguridad creció aún más en la zona. Los ciudadanos, quienes hoy viven más alertas que nunca, miran al futuro con desconfianza, sabiendo que la paz en sus calles podría ser solo una ilusión.
Balaceras y hogares en ruinas
Y mientras la ciudad trataba de seguir con su día, el fraccionamiento Provincia Cantabria se sumaba a la lista de zonas con una violencia inexplicable. Cuatro viviendas dañadas por disparos, casquillos de 9 milímetros regados por las calles y, nuevamente, la sensación de que el vecindario nunca volverá a ser el mismo. No hubo víctimas, pero los habitantes de la colonia ya no sienten que tienen el control de lo que pasa en sus calles. Un disparo puede caer en cualquier momento, sin previo aviso.
La violencia, parece, ha dejado de ser noticia para convertirse en una rutina, en un tema que se discute entre vecinos y que se lamenta entre familiares. Las familias de Chihuahua ya no celebran con la misma alegría que hace algunos años; su vida cotidiana está marcada por el miedo y la preocupación constante.
Un feminicidio que sacude a Gran Morelos
Si bien el Día de la Independencia no fue el único día marcado por la violencia, otro suceso oscuro ocurrió en Gran Morelos, un pequeño municipio en el sur del estado. Ricardo D. R., exdirector de la policía local, fue detenido por el feminicidio de su esposa, una tragedia que se cobró la vida de una joven madre en manos de quien supuestamente debería haber sido su protector. La historia detrás de este crimen refleja una vez más lo que muchos callan: la violencia de género, la falta de justicia, la descomposición de las instituciones.
El hecho de que un servidor público esté involucrado en un crimen tan atroz solo aumenta la sensación de desconfianza hacia las autoridades y hace evidente la necesidad urgente de cambiar las estructuras que permiten que este tipo de violencia siga ocurriendo.
Reflexión final: La violencia como compañero cotidiano
El 16 de septiembre, un día que debiera unir a los mexicanos en un solo grito de independencia, se transformó en un recordatorio de la lucha que muchos enfrentan a diario contra un enemigo invisible y destructivo: la violencia. En Chihuahua, este enemigo parece haber ganado terreno, sin que la sociedad logre encontrar respuestas efectivas. Las calles, los hogares y las comunidades parecen estar a merced de un ciclo interminable de dolor, inseguridad y miedo.
La independencia de México se celebra con honor, pero la verdadera liberación que necesita Chihuahua es de su propia violencia. Es hora de que el estado, las autoridades y la sociedad se unan para transformar esta realidad, y no dejar que los gritos de ese 16 de septiembre sigan ahogándose en la impotencia.







