Por [ eduardo arredondo ]
El nombre de Adán Augusto López Hernández, exgobernador de Tabasco y hoy senador morenista, vuelve a sonar en un expediente que huele a gasolina… pero de la robada. Según revelaciones publicadas por el diario Reforma, su nombre aparece mencionado dentro de una investigación federal sobre una red de huachicol fiscal, donde confluyen militares, funcionarios, empresarios, narcotraficantes y, por supuesto, políticos.
El caso se centra en el recinto fiscal 289 de Tampico, Tamaulipas, mejor conocido como “Terminal 11”, un enclave estratégico donde, según testigos protegidos, se descargaban buques con combustible de contrabando para evadir impuestos. La FGR ya judicializó el caso, y en la carpeta aparece la declaración de un testigo colaborador clave, identificado como “Santo”, quien asegura haber sido advertido por un almirante de la Marina: no tocar al cesionario de ese recinto, porque tenía “muy buena amistad” con Adán Augusto.
La advertencia no era casual. El dueño del recinto, cuya identidad aún no se ha revelado públicamente, tendría residencia en Tabasco, donde gobernó López Hernández, y habría montado una operación con ayuda de un personaje apodado “Capiterucho” para permitir el atraque de buques como el OWL4, cargados con mezcla de hidrocarburos sin declarar.
Lo grave no es solo la operación, sino el silencio institucional que la protegía, según lo dicho por el testigo: “No podía hablar por tratarse de las relaciones y personas que eran”. Traducción: poder político blindando el crimen fiscal.
El caso no se queda en los muelles de Tampico. Las conexiones llegan al corazón de la 4T. El periodista Manuel López San Martín reveló que el gobierno de Estados Unidos ya investiga a tres figuras morenistas: Adán Augusto López, Andrés Manuel López Beltrán (hijo del expresidente AMLO y actual secretario de Organización de Morena) y José Ramón Gómez Leal, senador por Tamaulipas. Todos ellos están presuntamente relacionados con Sergio Carmona, el tristemente célebre “Rey del Huachicol”, asesinado en 2021 y pieza central de esta red transnacional de contrabando de combustible.
En este contexto, las preguntas se multiplican. ¿Qué sabía Adán Augusto? ¿Qué tan profunda es su relación con el cesionario del recinto 289? ¿Por qué la Marina advertía que no se metieran con él? ¿Y qué consecuencias reales habrá para los involucrados?
La impunidad no debería tener fuero, ni uniforme, ni filiación partidista. Pero mientras los nombres se apilan y las investigaciones se dilatan, el combustible de la corrupción sigue fluyendo sin freno, alimentando una red que, al parecer, no tiene fondo… pero sí amigos poderosos.







