“El Comandante H” y el silencio incómodo de Adán Augusto
Por [ EDUARDO AREDONDO ]
Mientras la diplomacia entre México y Estados Unidos camina sobre cristales rotos por las amenazas del expresidente Donald Trump de enviar tropas a la frontera para “erradicar” a los cárteles, en casa se desató un escándalo que no solo toca fibras sensibles del sistema de seguridad, sino que arrastra consigo a una de las figuras políticas más cercanas al lopezobradorismo: Adán Augusto López Hernández.
El caso de Hernán Bermúdez Requena, alias El Comandante H, exsecretario de Seguridad de Tabasco, hoy prófugo de la justicia y señalado por vínculos con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), sacude el discurso de transformación, honestidad y lucha contra la corrupción que Morena ha sostenido durante años. Pero lo más delicado es que no se trata de un funcionario cualquiera, sino de un hombre nombrado directamente por López Hernández cuando gobernaba Tabasco.
Adán Augusto intenta deslindarse. Afirma que nunca tuvo sospechas sobre Bermúdez Requena, que su nombramiento fue en un contexto de crisis y que no necesita fuero para enfrentar a la justicia. Pero la realidad es que los informes de inteligencia que lo alertaban datan de 2022, cuando él era secretario de Gobernación. ¿Nadie en Bucareli revisaba los reportes? ¿Nadie filtraba alertas rojas en el gabinete?
La presidenta Claudia Sheinbaum ha sido cauta. Dice que no se protegerá a nadie, pero también exige pruebas fehacientes antes de abrir una carpeta de investigación. La postura es jurídicamente correcta, pero políticamente insuficiente. Este caso exige claridad, no ambigüedad. Porque, de no atenderse con prontitud y contundencia, México corre el riesgo de revivir su propio “caso García Luna”.
La comparación no es gratuita. Como en el sexenio de Felipe Calderón, un alto funcionario de seguridad es acusado de colaborar con el narcotráfico, y el jefe político de ese funcionario asegura que nunca lo supo. La diferencia hoy es que el discurso de la Cuarta Transformación se construyó precisamente sobre la denuncia de esas mismas complicidades del pasado.
Y mientras esto ocurre, en Washington se frotan las manos. El New York Times no tardó en publicar el 1 de agosto que los vínculos del exfuncionario tabasqueño con el CJNG podrían tener impacto binacional. Trump —y no será el único— utilizará esta debilidad para argumentar su narrativa de que México no puede (o no quiere) controlar a los cárteles. La seguridad fronteriza se convierte, de nuevo, en herramienta electoral en EE.UU. y en dolor de cabeza para México.
El gobierno federal bloqueó cuentas, suspendió empresas, emitió fichas rojas. Pero falta la pieza clave: una explicación convincente del por qué Bermúdez Requena llegó tan alto en el gobierno estatal sin ser detectado. O peor: si fue detectado y se le dejó hacer.
La columna vertebral de este escándalo no es solo la relación entre dos hombres —uno político, otro criminal—, sino el sistema de lealtades, omisiones y silencios que permitió que ocurriera.
Hoy, el país necesita más que deslindes. Necesita respuestas. Y Adán Augusto, si de verdad no tiene nada que ocultar, debería empezar a darlas.







