Por [eduardo arredondo]
Este 4 de octubre amanecimos con una nueva realidad para quienes usamos el transporte público en Chihuahua: el pasaje del Bowí subió de 10 a 12 pesos. Puede parecer poco —solo dos pesos—, pero en una ciudad donde muchas familias viven al día, cada peso cuenta. Más aún cuando el aumento no viene acompañado de un cambio que realmente se sienta en la calidad del servicio.
Sí, llegaron 40 camiones nuevos, y con eso el Gobierno del Estado consideró que ya se cumplía el requisito para aplicar el aumento aprobado desde abril de 2023. Pero, ¿realmente es suficiente? ¿Estamos recibiendo un servicio de 12 pesos?
Las nuevas unidades prometen mucho: GPS, cámaras, accesibilidad y mayor capacidad. Pero en la práctica, muchos usuarios señalan que los camiones son más pequeños e incómodos, especialmente para quienes viajan con niños o cargando cosas. Además, hay otras unidades que siguen circulando pese a estar en mal estado, con toldos rotos o visiblemente desgastados. Se supone que por ley deberían ser reemplazadas después de 20 años de uso. ¿Por qué siguen en circulación?
El argumento de las autoridades es que el aumento es parte de un plan integral de modernización del transporte. En papel suena bien: rutas más frecuentes, seguridad, dignidad para el usuario. Pero la realidad en las calles es otra: rutas incompletas, largas esperas, cancelación de vueltas, y en muchos casos, la necesidad de gastar doble en taxis o caminar kilómetros para llegar a casa.
El problema no es solo el aumento. El problema es que la experiencia del usuario sigue siendo la misma, o incluso peor. El usuario sigue siendo el último en la lista de prioridades, aunque en el discurso oficial se diga lo contrario.
¿Y quién vigila que se cumpla lo prometido? El Gobierno dice que supervisará y sancionará. Pero ya lo hemos escuchado antes. Lo que necesitamos es que el transporte público sea eficiente, puntual, seguro y accesible, no solo una fachada para justificar un aumento.
Ojalá que el famoso “modelo integral de movilidad” no se quede en el papel. Porque mientras tanto, en la vida diaria, el Bowí sube… pero el servicio sigue sin despegar.







